Max y las Hermanas de Freya 1.

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En una de sus travesias por el desierto Max  Rockatansky  se vio atacado por un par de carroñeros.

Lo estaban alcanzando tenia que perderlos. Acelero y se adentro varios kilometros en las dunas.

Max no conocia esta parte del desierto.

Las arenas eran blancas y no marron o naranjas.

Y eso lo desconcerto, el oceano estaba muy lejos.

-Retrocede.- ordeno el copiloto al conductor del carroñero.- Estas tierras estan malditas para los hombres.-

-Ese infeliz ya esta muerto.- rio el piloto.

Max vio como los carroñeros retrocedian y regresaban al mar de arena.

-Algo esta mal.- penso.

Sus neumaticos empezaron a fallar.
Habian sido ponchados.

Dos granadas  rompieron su parabrisa y empezaron a llenar el interior del auto con un gas blanco que pronto dejo a Max inconsiente.

Dos figuras se acercaron y revisaron el auto.

-Llama a la hermana Gia- ordeno una mujer de rubios cabellos.

Su compañera corrio detras de las dunas.

-Hermana Gia. Lo encontramos.
Es como lo describiste hermana.
De gruesos labios y cobrizos cabellos.-

La hermana Gia era la mujer mayor de la aldea.

-Las runas nos lo diran- dijo arrojando las runas al suelo.

-Que dicen hermana Gia?-

-Oh si lo veo. Es él, traedlo ante mi para llevarlo a la aldea.-

La chica regreso pronto al auto.

-Es él, la hermana Gia lo quiere ver para llevarlo a la aldea.-

Las chicas lo arrastraron y llevaron frente a la anciana.

-Gracias Freya por este regalo.- dijo la anciana levantando los brazos al cielo.

Continuaron arrastrando a Max varios metros hasta llegar a una pequeña puerta esculpida en la pared de un cañon tan blanco como el marfil.

La cueva conectava el desierto con las tierras fertiles de las Hermanas de Freya.

Una aldea que habia encontrado un oasis amurallado por blancos acantilados.

- Es un hombre!!- gritaron las mujeres al ver a Max.

-No es solo un hombre hermanas. Es un regalo de Freya. Es él elegido- dijo la anciana.
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Max abrio los ojos y no podia creer lo que veia.

Estaba en uns habitacion tsllada en la piedra. Tenia un enorme tazon con fruta fresca y una jarra con agua tan cristalina que podia ver a travez de ella.

-Estoy muerto- penso Max.

-Ah ya despertaste- dijo una anciana.

Max intento tomar el cuchillo que siempre lleaba en su cinturon.

Pero cayo en cuenta que no tenia pantalones.
Una tela blanca lo cubria.

- No temas Guerrero de la carretera. Estas a salvo aqui.-

-Quien eres tú? Donde esta mi ropa?-

-Descansa hombre del desierto.-
La anciana se retiro cerrando la puerta de tras de ella.

Max corrio intento abrirla pero la puerta no cedio.

Observo que  la habitacion no tenia ventanas.

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