Después de un dia entero de chequeos y análisis al fin me puedo ir a mi casa, ya estaba harta del hospital y el olor a gente enferma.
—Bueno, después de todo creo que debería acompañarte a tu casa y cuidarte. Desde ahora seré tu guardaespaldas personal, así que siéntete afortunada gruñona —dijo Paul.
—¿Afortunada por qué? Yo ya tengo quien me cuide en mi casa, gracias.
—Claro, YO estoy para eso, no tienes que esforzarte tanto —recalcó Manuel.
—Pero yo se más de armas, defensa personal y la ley me ampara, no como otros —ambos se miran de forma desafiante.
—¡Ya basta! Ustedes dos parecen niños y es verdad, Paul sabe mas sobre esto que nosotros, pero no creo que realmente el me vaya a hacer nada asi que ya bájenle a su fiesta... Y tu Paul ¿desde cuándo tenemos tanta confianza que ya hasta a mi casa te auto invitas?
—Desde que te salvé la vida, sé agradecida al menos, gruñona.
—Te patearé las bolas si sigues con tu apodito.
—Está bien, pero no seas agresiva que te puedo meter a la carcel por agredir a un oficial.
—Eliza ¿De dónde conociste a este policía de cuarta? —me preguntó Manuel.
—Ayy el novio está celoso —se burló Paul.
—Primero, el no es mi novio y segundo, Paul cállate antes que tengan que meterme presa por homicidio. Manuel vámonos hablamos de camino.
—Esto se está poniendo bueno —dijo Meryl emocionada —Manuel... creo que ya tienes competencia.
—¿De qué diablos estas hablando?
—Bueno, como no son novios eso quiere decir que tengo esperanzas y no soy de los que se rinden fácil sabes.
—Dejen sus estupideces, quiero irme a mi casa ya, asi que Manuel ¡Vámonos ahora!
—Vamos, al fin y al cabo no aguanto estar en el mismo lugar que el imbécil este —replicó.
—Acuerdense pasar por la medicina que le recetaron a Eliza —nos recordó Meryl.
Después de pasar por la medicina me fuí en el coche de Manuel a nuestra casa, aunque después de tomar éstas me sentía un poco rara.
—Vamos, tranquila... ¿Qué es lo que te pasa? Tu no eres asi... —me dijo Manuel.
—Asi cómo Manuelito.
—Así... Podrías dejar de abrazarme... —dijo sonrojado.
—Es que estás muy guapo hoy, ¿Qué te has echo?
—Esa medicina como que te hizo daño. Vamos, mejor ve a tu habitación.
Cuando manuel leyó las inscripciones de la medicina, ésta decía lo siguiente:
Esta medicina tiene efectos sobre el cerebro o el sistema nervioso, favor tomarla con precaución. No tomas mas de 1 tableta y no quedarse solo en casa si se le toma, prohibida su venta al menos que sea a través de recetas al dia...
—Fabuloso, ahora esta drogada.
TING TING...(el timbre)
—Buenas... ohhh como estás oscar.
—Bien gracias, venia a preguntarte sobre Eliza, ¿Cómo ha seguido?
—Está bien gracias, acabo de regresar con ella. Estará feliz de que se haya preocupado, sabe que ella le tiene mucho cariño.
—¿Eso es verdad? Pues me alegro, yo también la quiero mucho, después de todo fue la única que se preocupó por un pobre infeliz como yo.
—No se preocupe, sabe bien lo buena de corazón que es Eliza aunque a veces no lo demuestre mucho, ella tiene un muy gran corazón.
—Si, eso lo sé.
—Antes de irse ¿quiere comer algo?
—Si por favor. Te estaría muy agradecido si pudieras darme algo de comer.
Manuel se dirigió a la cocina y sacó comida diversa y fruta del congelador.
—Aqui tiene oscar, sabe si quiere trabajar o algo puede avisarnos. Nosotros le ayudaremos en todo.
—¿De verdad me ayudarías? ¿A un vagabundo como yo? ¿por qué?
—Pues por que aún es joven. Estoy seguro que no tiene mas de 40 y ademas esta muy sano para ser un vagabundo. No sé las razones de porqué está como está ahora, pero lo que realmente importa es que desee cambiar y ser una persona mejor.
—Ya veo... Bueno, gracias por la comida nos vemos mañana como de costumbre.
—Hasta mañana Oscar, gracias por la visita.
***
Al rato manuel empieza a hacer una cena para Eliza, aunque no lo aparentara era un genio en la cocina, cocinaba excelente.
RING RING (el timbre)
—Seguro oscar tiene mas hambre... Pobre, quien sabe cuanto habrá sufrido y tan buena persona que es... —murmuraba para si mismo mientras abría la puerta.
—Hola —era Paul.
—Hola, que quieres.
—Ya te dije soy el oficial a cargo de cuidar a Eliza, y a eso vengo ¿Dónde está?
—Está acostada. Mira, vamos a poner las cosas en claro. No te quiero cerca de Eliza, tú no la ves con ojos de alguien quien necesita ayuda.
—Y tu no la ves con ojos de amigo y yo no te digo nada. Así que simplemente apartate, si ella no ha sentido nada por ti en todo el tiempo que llevas conociendola no es mi culpa. No te estoy quitando nada por que ella nunca fue tuya.
—A que mierda va eso... Sabes, alejate antes de que me den ganas de partirte la cara.
—Atrévete, cual seria tu excusa para decirle a Eliza que me golpeaste, ¿Le dirás que estas celoso de mi? le dirás tus sentimientos sabiendo que ella solo te rechazará. No seas ingenuo, hace mucho que ya perdiste el chance que tenias con ella.
—Qué pasa aqui —interrumpió de repente Eliza.
—¡¡Eliza!! —gritaron los dos al unísono.
—¿Por qué hacen fiesta y no me invitan? Que malos son...
—¿Qué te pasa? ¿estás bien? —preguntó Paul.
—¡Estoy mejor que nunca! Todo brilla de muchos colores.
—La medicina la drogó —respondió Manuel por ella.
—Se nota...
Eliza se abalanzó a los brazos de manuel y lo tomó desde el cuello.
—Que-que te pasa —le dijo estando más rojo que una manzana.
—Manuel... tengo una curiosidad... ¿Cómo se sentirá besar un hombre...? —Manuel se puso de un rojo que no tiene descripción.
—Si eso es lo que quieres saber pues yo te puedo enseñar a besar querida gruñona.
—Está bien, creo...
—Eliza qué haces, tu no eres asi —le dijo Manuel.
—Ah, no... Es cierto, tu eres quien mejor me conoce por eso te quiero mucho Manuel —cayó desmayada en el suelo.
—Cómo te atreves a intentar aprovecharte de una persona que no está actuando en sus 5 sentidos, y asi te haces llamar policia —le reprochó a Paul.
—Bueno, ella es la que quiere ser besada. Yo no tengo la culpa de que ella me guste tanto que hasta quebrantaría le ley por ello.
—No te le acerques jamás, entendiste.
—Eso está por verse, porque sabes que yo soy el asignado a estar con ella hasta que su acosador sea capturado. Asi que me aguantarás un laaaaargoooo tiempo manuelito.
—¿Entonces me declaras la guerra?
—No, cómo crees, no te la declaro te la afirmo.
—¡Esto es guerra! —dijeron al unísono.
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Acosada [Editando]
RandomEs mi primera historia sobre acoso donde, no solo se ve el punto de vista del personaje principal si no de quien los rodea especial mente el acosador, espero que lo disfruten.