Pietro Maximoff 2.

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one shot.
Dedicado a Xblv-chan04

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«No soy tuya»

Aquella noche de invierno era fría, seca y salir a la calle era una misión suicida. Nerea buscaba por todo su apartamento los papeles tan importantes que le habían ordenado que no perdiera y, para variar, los había perdido.

"Tienen que estar por algún lado" repetía una y otra vez en su cabeza mientras lo desordenaba todo aún más, buscando en estanterías, removiendo cajones y hasta mirando debajo de la cama. Esos papeles eran los que podrían desenmascarar a HYDRA, quien estaba bajo SHIELD, en la sombra, controlando todo. La habían ascendido a un alto cargo que había estado buscando toda su vida, pero como siempre, la cagaba.

—¡Maldita sea! —gritó de desesperación, y justo en ese momento la ventana se abrió rápidamente dejando entrar el helador aliento de la noche. Nerea corrió a cerrarla.

—Parece que ha pasado un huracán por aquí —dijo alguien a sus espaldas, al escucharlo ella sacó rápidamente la pistola que escondía en su espalda, sujeta por el cinturón y apuntó a la persona.

—¿Pietro? ¿Estás loco? —ella bajó el arma al ver al peliblanco—. Podría haberte matado, idiota.

—Lo siento, pero no encontraba el momento para venir —habló él.

—No deberías estar aquí, lo sabes. Si alguien te descubre estamos perdidos —regañó Nerea volviendo a colocar la nueve milímetros en su espalda y retomando la tarea de búsqueda de aquellos papeles.

—HYDRA no va a ser descubierto, Strucker lo tiene todo bajo control —le quitó importancia Pietro, siguiendo a la chica por todo el departamento—. ¿Puedes parar un momento?

—No puedo, estoy buscando algo muy importante que debería no haber perdido —contestó ella frustrada.

Pietro asintió y, tras preguntar qué buscaba, ayudó a la sokoviana a buscar también. Tras media hora de búsqueda, encontraron los dichosos papeles en una de las tantas estanterías de la estancia.

—Gracias —sonrió ella vagamente al mayor de los Maximoff—, ¿vas a tardar mucho en irte?

—No pensaba irme —respondió él con el ceño fruncido—, ¿quieres que me vaya?

—Tengo una cosa pendiente para esta noche —contestó ella recogiendo su cabello en una coleta alta.

—Me gustas más con el cabello suelto.

Ella dirigió su mirada hacia el chico de cabellos blanquecinos y conectaron la mirada.

—No eres mi novio para opinar sobre qué te gusta más de mi —habló duramente Nerea, girando su cuerpo entero para quedar frente a él, pero con una separación de un par de metros.

—Lo sé —respondió Pietro dando una rápida mirada al suelo y volviendola a los ojos de la chica.

—Tengo una cita ahora —dijo Nerea—, tienes que irte.

Ella se acercó a la puerta para abrirla y que Pietro se fuera.

—No.

—¿Cómo que no? Pietro, por favor.

—No voy a dejarte con el idiota que sea, tú estas conmigo ahora mismo —expresó él furioso, moviéndose de su sitio.

—No somos nada, ni lo vamos a ser de nuevo —Nerea rodó los ojos con cansancio, pues no era la primera vez que tenían esta conversación.

—Nerea...

—Basta ya. No somos nada, ¿entiendes? Ni siquiera amigos, sólo compañeros de trabajo —pronunció aquellas palabras mientras se separaba de la puerta y se acercaba al mejorado.

—Pero yo te quiero.

—No lo haces. Sólo quieres que sea tuya, eres un posesivo que solamente busca tener a las personas para su propio beneficio. Y lo sabes —escupió Nerea con unas cuantas lágrimas en los ojos.

—Me da igual que no quieras darte cuenta, estás cegada. Trabajar de infiltrada en SHIELD no te hace bien —Pietro se acercó más a ella, acortando cada vez más la distancia.

—¿Lo ves? Siempre piensas que tú tienes la razón en todo. Puede que gracias a SHIELD me haya dado cuenta de que no significas nada para mí —aquellas palabras pronunciadas por la sokoviana hirieron a Pietro, él de verdad la quería pero jamás le habían enseñado a cómo querer a alguien.

Al escucharlo, el peliblanco acortó velozmente la distancia entre ambos, con la mano derecha agarró a Nerea de la cintura juntando sus cuerpos violentamente y con la izquierda tiró de su nuca hacia él para unir sus labios. El besó fue el más salvaje de la vida de ambos y, aunque Nerea sabía que estaba mal, no pudo resistirse a los labios de Pietro Maximoff.

—Eres mía, Nerea. Siempre vas a serlo. Y no me importa a quién tenga que dar una paliza para que se aleje de ti, ya he sufrido suficiente al verte salir con tantos hombres durante este tiempo. No voy a sentir más celos.

—No soy tuya —susurró ella en los labios de él, provocando un escalofrío en la espalda de Pietro.

—Quiero que lo seas. Cambiaré, haré que te enamores de mi de nuevo —volvieron a unirse en un beso con la esperanza de, por fin, tener un amor sin miedos, sin desconfianza y, lo más importante, sin celos.

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