______________________________________ «La primera y la última»
El ruído casi inaudible de los neumáticos rodando por el asfalto llenaba el interior del Chevrolet azul oscuro que se dirigía en dirección a las instalaciones de Los Vengadores a las afueras de Nueva York.
Natasha, quien se encontraba sentada en el asiento del copiloto, no paraba de girar la cabeza para observar a la rubia que conducía. Era la primera vez que estaba nerviosa y que se notaba, pues no dejaba de cambiar de posición.
—¿Cuando vas a dirigirme la palabra? —preguntó la pelirroja cortando el silencio.
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Ni un sonido salió de la garganta de la chica, quien sólo se concentraba en la carretera. Eso desesperaba a Natasha.
—Ali... —suplicó Nat incorporándose en el asiento sin apartar la mirada de Alana.
—No me llames así —las primeras palabras que salieron de la boca de Alana desde hacía un par de horas.
—Alana —rectificó Nat con un hilo de voz—, perdóname. Ya te he explicado lo que pasó, fue por una misión.
El silencio seguía presente en Alana, ni una simple sílaba.
—Por favor, te quiero.
La rubia dio un volantazo hacia la derecha para salirse de la calzada y parar de golpe en el arcén, al lado de los grandes árboles que se situaban a ambos lados de la carretera. Natasha se removió en el asiento para calmarse por el susto y ordenar un poco si cabello pelirrojo.
La ocupante del asiento del piloto agarraba con fuerza el volante, la cara roja de la rabia y los nudillos blancos.
—No me tomes por una estúpida, Natalia. Sé perfectamente que eso no entraba dentro de la misión —habló duramente Alana.
—Ya te he pedido perdón, Alana. ¿Qué más tengo que hacer para que me perdones?
—Habértelo pensado antes de acostarte con ese noruego —las palabras, las duras palabras que salían de la boca de la rubia dejaban un ambiente frío y tenso.
—Tuve que hacerlo.
—No te creo, Natalia.
El coche quedó en silencio, cada una intentando aclarar sus ideas. Alana luchaba por no soltar una mísera lágrima y Natasha intentaba buscar las palabras adecuadas para lograr que ella le perdonase.
—Ali, yo... Sé que hice mal y sé que no es fácil todo esto. Pero te quiero más que a nada y si me dejas...
—No quieto tus disculpas, Natasha. No me sirven —Ali soltó el volante por primera vez desde que se subieron al coche—. Te llevaré con los vengadores porque no quiero dejarte aquí tirada, pero cuando bajemos de este coche... Tú y yo no somos nada.
El silencio, esta vez muchísimo más duro y violento, se hizo presente de nuevo en el vehículo. Nat bajó la mirada para ocultar la lágrima rebelde que cayó de su ojo derecho esmeralda. Alana volvió a arrancar el coche y restableció el rumbo a las instalaciones de los vengadores.
Al llegar, ninguna quería bajarse den coche. Se quedaron allí sentadas, en silencio, esperando a que una de las dos saliera por la puerta y destrozara su corazón. Nat seguía con la cabeza gacha y Alana con las manos en el volante.
—No quiero perderte —confesó Romanoff, rompiendo aquella incómoda y dolorosa ausencia de sonido.
—Antes de ti yo jamás había estado con una mujer y... ¿Sabes qué? Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida —la pelirroja tomó aire para poder continuar—. Te he hecho daño y jamás voy a poder perdonarmelo pero no quiero que nadie más te haga daño. Quiero cuidarte, que me cuides, tener un hogar y no separarnos nunca.Te quiero, Alana, lo siento mucho. Fuiste la primera y quiero que seas la última.
Tras las palabras de la espía rusa, el coche volvió a sumirse en un silencio atroz.
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—Te perdono.
Al escucharlo, Natasha levantó la cabeza y dirigió su mirada a la rubia.
—Pero necesito tiempo para pensar.
—Todo el que necesites.
Ali se acercó a Nat y besó sus labios. Jamás había estado enamorada y aquella espía rusa de una personalidad fuerte y grandes ojos consiguió hacerlo. Por la otra parte, Natasha había descubierto el amor en una mujer y era la mejor decisión que tomó en su vida.
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