Ya Hail había aprendido a valerse bastante bien solo. Había comenzado el aprendizaje, pero guardaba tiempo para explorar. Ya había transcurrido un año desde el inicio de su exilio. El invierno, otra vez, ya estaba casi encima. El frío en las noches era gélido. Trataba de estar todas las noches en su cueva, pero a veces se había quedado fuera para ver las estrellas e intentar identificarlas. En esos momentos oía los árboles, los sentía. También sentía a los animales. Algunos le transmitían imágenes de personas cercanas al cráter. El también había visto llamas y luces a lo lejos, cuando escaló la cumbre mas alta de uno de los bordes. Los bordes poseían una intrincada red de cuevas que traspasaban las montañas. Por alguna razón apenas si necesitaba hacer mapas, parecía que algo lo guiaba a través de las cavernas y los pasadizos que lo hacía encontrar el camino de regreso. A veces en las entradas lo esperaba Chia. Era una ave cazadora a la que había curado. A veces se preguntaba si era de ella de donde venían las imágenes. El creía que si.
Las enseñanzas de los Jerarcas eran muy útiles, pero muy seguido no las entendía. Los ejercicios de levitación y de proyección mental resultaban mas fáciles. Había movido rocas, quebrado ramas e incluso había hecho levitar a Chia cuando la salvó. Mover los objetos era ya casi involuntario. Trataba de alcanzar algo y si era liviano venía a él. Se sentía extraño e intentaba entender correctamente las enseñanzas, muchas veces le hacían hincapié en que debía hacer tanto ejercicio físico como mental o su cerebro no resistiría la carga. Pero cada vez que ejercitaba le daba un hambre atroz, así que primero salía a cazar, con lo que practicaba las enseñanzas del Maestro Calem con los disfraces, Chia ayudaba, luego ejercitaba y comía como loco.
En alguno de los ejercicios que mostraban las enseñanzas, debía procurar buscar personas cercanas e intentar saber que sentían. Unas veces no sentía nada, otras un profundo miedo, no suyo, de esas personas. Otras veces odio. Sabía que eran de las sombras. En esos casos, las alejaba de si mismo. Pero nada estaba cerca...
Las luces que había visto eran lejanas. El Cráter era resguardado por una gran extensión de arena. En esa arena había guaridas de jitrios. Esos animales eran una especie de serpientes sumamente grandes y veloces. Se guiaban por las vibraciones de la arena. Lo que caminaba sobre ella, era atrapado y por constricción o con sus poderosas mandíbulas era aplastado o comido a dentelladas. Del otro lado era una pared casi vertical que daba al océano, en cuyo pie se veían grandes y filosas rocas bañadas por el océano y por la cascada que salía del cráter. Era poco probable que lo encontraran allí, pero entonces de quién era el miedo. Podía sentirlo desde tan lejos?
Ya tenía suficientes huevos, pescados y aves para el invierno. Había visto algunas zonas de tubérculos al pie de uno de los bordes e iría a buscarlos, no había visto luces en esos días. Tomaría por una de las cavernas temprano y se prepararía para el invierno.
En la mañana se alistó y salió. Sintió algo extraño. Pero la verdad últimamente, todo era extraño, sentía urgencia, sentía que algo se le había ocultado. Era otra vez la sensación que tuvo antes de que ocurriera lo de la escuela. Buscó a Chia en el cielo, no la vio. Seguro estaría del otro lado. Se fue internando en la caverna. Era una de las primeras que había explorado. Tenía pasadizos muy estrechos y salían en túneles casi verticales. Trepaba bien. Los primeros días sus manos y pies sangraban, ya no. Sus manos, sus piernas estaban ya bastante fuertes. Se había convertido en un joven muy atlético. Su barba ya salía más fuerte. Tenía ya 16 años. Sus bíceps se definían bien en sus gruesos brazos. El pecho era regular y fuerte sobre su abdomen plano que mostraba cuatro pares de músculos. Sus piernas, mas largas que antes, gruesas y magras se incrustaban en una estrecha cadera. Los hombres de su familia no tenían casi bello corporal. De hecho casi nada debajo de la espesa barba que tenía su padre. Su largo cabello, ahora muy claro, bajaba hasta la poco mas de mitad de su espalda en suaves ondas. Ya casi llegaba al final de la cueva cuando sintió el miedo. El miedo de alguien mas. Esta vez era fuerte. Había personas en la cueva y sufrían mucho.
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Albion
Science FictionLa Federación Interplanetaria, que protege las formas de vida humanoide, plantó la vida en aquel planeta. Pero entre sus reglas está el que cada planeta debe generar su propia cultura. Su propia decisión, su propia estructura social de acuerdo a los...
