—¿Intentas escapar? —preguntó Sougo viéndola fallar en su intento de dejar la cama.
Katsumi suspiró con desgano, no tenía energías para pelear con él. Y es que, en realidad, no estaba intentando dejar la cama, recién volvía del baño donde había devuelto medio procesada la comida de media hora atrás.
—Sí, planeaba ir a formar mi propia facción para derrocar tu estúpido Shisengumi —farfulló al borde del desmayo la azabache.
—Pediré refuerzos —soltó el castaño provocándole a la chica una risa fugaz que terminó en llanto.
—Eres tan idiota —dijo sin mirarle, suplicando al cielo que sus lágrimas se llevaran aunque fuera solo un poco de todo ese dolor que cargaba.
—Si hablaras de Katsura y su paradero no tendríamos que pasar por esto, podrías seguir adelante sin necesidad de nada, podrías casarte entonces con Hijikata sin ningún problema.
Las palabras de Sougo eran una burla cruel para un corazón enamorado, pero Katsumi no era nada benevolente, ni era demasiado pacifica, así que le devolvió los agravios recibidos con una sonrisa.
—No diré nada de Katsura por dos razones, la primera es que prefiero entregarte mi cabeza que entregarte a mi hermano, la segunda es que ni siquiera sé dónde está, lo que sí sé es que me encanta que seas tan inútil y se te haya escapado de las manos aun estando moribundo.
La azabache giró para regalarle una cínica sonrisa burlona a ese hombre que le miraba completamente rabiado.
» Además —continuó hablando la chica—, aun con todos esos problemas, Hijikata y yo vamos a casarnos.
La rabia enloqueció a Sougo que, sin poder detenerse, se tiró sobre la chica, acorralándola en la cama, presionándole el cuello con la katana que empujaba hacia ella con ambas manos.
Katsumi lloró aterrada, si iba morir prefería que le cortaran la cabeza de un tajo y con una navaja muy filosa para no alcanzar a sentirlo, no quería quedarse sin cabeza por la vaina de una katana presionándole lenta y dolorosamente.
Las lágrimas no se hicieron esperar, también estaba babeando mientras sentía que algo se acumulaba alrededor y dentro de su cerebro. Su cabeza iba a explotar, eso era seguro, y se estaba tardando demasiado.
—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó Hijikata que, luego de descubrir a Sougo casi matando a su aún prometida, se tiró a apartar a su odioso compañero—. Eso es peligroso, podrías matarla... y a tu hijo.
Sougo, desde el piso donde lo había mandado el puñetazo que le había dado el vicecomandante del Shisengumi, miró confundido al azabache que atendía a su moribunda amada.
—¿Cuál hijo? —preguntó Sougo aterrado de ver que, por más que la llamaba, Hijikata no lograba que Katsumi volviera en sí.
—El tuyo —respondió Hijikata levantando en brazos a la azabache para llevarla a donde hubiera un médico—, ella está esperando a tu hijo.
Okita Sougo, sin lograr moverse de donde estaba, vio como el azabache desaparecía con una chica desmayada entre los brazos, suspiró con incredulidad y, sosteniéndose de la cama, intentó ponerse de pie.
La mano con que se sostuvo de la cama se sintió húmeda de pronto, y la levantó solo para descubrirla llena de sangre.
Continúa...
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TENEMOS TRES PROBLEMAS
FanfictionElla no podía enamorarse de él, él no debía enamorarse de ella y, por hacer lo que no podían y no debían, Okita Sougo y Katsumi Hinatori tendrán que afrontar y resolver TRES PROBLEMAS.
