—Estoy segura que quiere matarme —dijo la chica abriendo los ojos, viendo de nuevo al comandante del Shinsengumi trabajando en el sillón frente a su cama.
—No quiero matarte —dijo una voz conocida, obligando a Katsumi a mirar a una esquina de la habitación donde encontró a Sougo hincado y fuertemente atado.
—Era la única forma de que se estuviera tranquilo —explicó Kondou respondiendo una de las mil interrogantes en la cabeza de ella—. Prometió que no se movería de ahí, si lo hace un francotirador que está por allá —dijo señalando a la ventana rota— le disparará en la cabeza.
—Creí que no me hacía bien alterarme, ¿el sonido de un balazo no me asustaría?
—No, está usando un silenciador. Ni siquiera te darías cuenta porqué se moriría. Podrías pensar que solo se desmayó, o algo.
—Bueno.
La conversación, entre ese hombre que admiraba al extremo y la mujer que amaba demasiado, era tan amena y fluía tan agradable que no parecía que hablaran de matarlo.
De todas formas, con mirarla estar bien se conformaba, además, ahora que estaba en condición de un tipo de recluso, ya no tenía responsabilidades qué cumplir. Solo dejaría que pasara el tiempo, que ella y el estado de sus hijos mejorara, y entonces se la robaría y llevaría a donde nada les separara.
O esos eran sus planes, unos un poco imposibles si consideraba a ese azabache que odiaba ver llegar hasta su Katsumi. Lo mataría si es que, aun sabiendo lo de sus bebés, pretendía continuar con la ridiculez de un compromiso que ya no le generaba ningún beneficio, ni al Shisengumi, y tampoco a él.
» ¿Saben algo de mi hermano? —preguntó la chica.
—Nada aún —declaró Kondou—, tu hermano es un genio, al menos como samurai, así que en serio nos da problemas. Pero transitamos el mismo camino, así que seguro lo encontraremos otra vez. Aunque quien sabe si lo atrapemos.
La azabache de ojos oscuros sonrió débilmente. Su agotamiento era tremendo, pero la duda sobre el bienestar de su hermano no le permitía descansar bien.
» Los médicos dijeron que puedes reposar en casa —declaró de la nada el hombre—, obviamente te tendremos vigilada, así que, solo dime a dónde te debo dirigir y hasta allá te llevaremos.
—Pues supongo que podría ser debajo de cualquier puente —respondió la chica—, mi único lugar, aunque no me pertenecía para nada, era con la familia Hinatori, y me dejaron botada, así que no tengo a donde ir.
—Claro que tienes —habló el castaño desde su esquina, sin siquiera mover un músculo—, irás al Shisengumi conmigo.
—Yo contigo no voy a ningún lado —aseguró la chica—. Puedes pensar que porque es tu sangre la que corre por las venas de mis hijos tú y yo nos pondremos a jugar a la casita feliz, pero a mí jamás se me va a olvidar que me diste la espalda cuando yo más te necesitaba, que me acusaste de traicionarte, que intentaste matarme y que mi hermano terminó gravemente herido por tu culpa, y luego volviste a intentar matarme poniendo en riesgo la vida de mis hijos; eso sin contar con todo lo que te odiaré y haré si es que Zura nii se muere.
Sougo no supo qué responder. Quería decir muchas cosas, pero ninguna les haría bien a sus hijos, que habían estado en peligro dos veces por su culpa.
—Dejando tu odio por el idiota de lado —dijo el comandante—, no tienes otra opción aparte del shisengumi. Si no quieres ir con Sougo, puedes irte conmigo, o con Hijikata.
La ultima parte la dijo con toda la intensión de molestar a su subordinado, lográndolo, lo supo cuando un escalofrío le recorrió la espalda.
Continúa...
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TENEMOS TRES PROBLEMAS
FanfictionElla no podía enamorarse de él, él no debía enamorarse de ella y, por hacer lo que no podían y no debían, Okita Sougo y Katsumi Hinatori tendrán que afrontar y resolver TRES PROBLEMAS.
