Capítulo 6: "Honestidad"

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Hola a todos, espero que estén teniendo un excelente día, tarde o noche. Estoy feliz de poder traer otra actualización, y más de saber que les está gustando. Sin más que decir por el momento, disfruten la lectura.

Capítulo 6: "Honestidad"
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¿Es malo llorar? No. Muchos lo consideran símbolo de debilidad, pero eso no quiere decir que realmente lo sea. No porque algo concuerde con la mayoría de opiniones de la gente, quiere que decir que ese algo sea la verdad absoluta. Llorar es más bien como un lavado del alma, una forma de sacar, lo que de otra manera no podríamos. Pero se puede pensar lo que se quiera, debilidad o no, todos lo hemos hecho alguna vez.
La joven de cabello rubio continuaba con su llanto, y el joven de cabello castaño continuaba inmóvil y desconcertado. Seguía sin saber qué hacer ni tampoco qué pensar, estaba desconcertado, muy desconcertado. Entonces después de unos instantes, cuando la intensidad de su llanto disminuyó lo que por sentido común se le ocurrió. Cerró sus brazos en torno a ella y correspondió su abrazo, más por sentirse obligado que por querer hacerlo realmente. Le dió un par de palmadas en la espalda, esperando que pronto parara de llorar. No sabía cómo sentirse. Ella era cálida, muy cálida, tenía que admitirlo. Y de cierta manera, ese abrazo se sentía bien, su figura más pequeña y ligera que la de él encajaba perfecto en ese espacio. Y gracias a su nariz extremadamente sensible, notó que ella seguía oliendo muy bien. A pesar de todo el alboroto que hubo cuando escaparon, del estado en el que se encontraba, de la suciedad, el llanto. Con todo eso seguía desprendiendo un olor muy agradable. De nuevo caía en cuenta de que no sabía describir la sensación, era extraña y algo que no había experimentado nunca. Después de un rato, el silencio se hizo, ella dejó de llorar, pero seguían en esa posición. Justo cuando Hiccup pensó en separarse, la otra lo hizo primero. Con fuerza pero sin llegar a ser ruda, se alejó y por inercia él le quitó los brazos de encima. Se hizo hacia atrás hasta quedar con la espalda recargada en el borde de la cama. Hiccup también se sentó, allí en el suelo y sin importarle no estar recargado en nada. Había casi medio metro de separación entre ellos.

— Hice eso sin pensar — habló ella, su voz ya sonaba un poco más clara, sorbió la nariz — no quiero que confundas las cosas, yo te sigo odiando —.

— No me interesa que eso cambie — dijo él.

— Me sigues pareciendo un ser de lo más despreciable —.

— No pretendo cambiar tu forma de pensar — volvió a responder en tono neutro.

— Bien... —.

El silencio volvió a hacerse, el joven miró hacia abajo, la cosa se había puesto muy rara, bastante rara mejor dicho.

— En realidad creo que te entiendo... — dijo después de un rato — supongo que siempre fuiste muy unida con tu padre —.

— No tanto, él siempre fue muy estricto conmigo, siempre quiso que fuera una "princesa recatada" — le explicó con cierto toque de fastidio — pero vamos, creo que en algunas ocasiones me demostró que me quería, y el hecho de que hoy pareciera darme la espalda, definitivamente no me lo esperaba —.

— No es que pareciera, te dió la espalda — le aclaró Hiccup, remarcando la palabra "te".

— Sigo insistiendo en que había algo muy raro con él — comentó — pero no fue lo único que noté, también me di cuenta que...no estaba él... — dijo con cierto pesar.

— ¿Quién? —.

— Eret, uno de los guardaespaldas de mi padre — le dijo.

— Había mucho alboroto, pudo haber estado entre los demás guardias — dijo Hiccup sin entender bien la situación.

El secuestro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora