Capítulo 9: Planes y confesiones

97 12 0
                                        

Hola queridos lectores espero que se encuentren muy bien, lamento mucho la tardanza, pero tuve demasiados pendientes y cosas por hacer. De todas formas aquí traigo una nueva actualización, no distraigo más y espero que disfruten la lectura.

Capítulo 9: "Planes y confesiones"
.
.

— Querían invadir el reino, ese era el trato que esperaban pactar conmigo — terminó de contar Hiccup.

Toda su gente estaba reunida, a excepción de Heather y Snotlout, el segundo se quedó cuidándola. Las preguntas y sobretodo los murmullos no se hicieron esperar en cuanto terminó de hablar.

— ¿En dónde se supone que vive esa otra comunidad? — preguntó Camicazi.

— No me dieron su ubicación exacta —.

— ¿Entonces haremos eso? — preguntó un dragoniano.

— No creo que esa sea la solución — intervino Gobber — debemos pensar con calma —.

— Yo digo que hagamos una invasión — dijo otra dragoniana.

— ¡Sí! —.

— ¡Invasión! ¡Invasión! — poco a poco esa frase se fue convirtiendo en una especie de grito de guerra, secundado por casi todos.

— Calma, calma por favor — trató de calmar Fishlegs.

— Ya basta — dijo Hiccup con voz no tan alta pero sí autoritaria.

Poco a poco las voces se fueron apagando.

— Ya les dije que una invasión no es la solución, no lo haremos de esa forma —.

— No estás haciendo nada — dijo uno de ellos — deberías darnos otra solución —.

— Tampoco ha pasado tanto tiempo, algo se me va a ocurrir — dijo Hiccup — una alternativa —.

— Pues deberías darte prisa — se escuchó una voz de un dragoniano un poco más viejo.

— Mientras tanto sigamos con nuestro trabajo, construimos algo aquí, no podemos dejarlo — pidió — ya tienen sus labores de hoy asignadas, un equipo saldrá al reino a buscar provisiones, Fishlegs se encargará de eso — explicó — nos ha costado mucho construir esto, no lo echaremos todo a la basura con una invasión —.

Fue así como poco a poco su gente, convencida por ahora, se empezó a acercar a Fishlegs para despejar sus dudas en cuanto a las tareas asignadas. Hiccup se dio la vuelta para irse, ante la atenta mirada de Camicazi, ella sabía a dónde iba. Mientras se alejaba, Hiccup supo que debían hacer algo pronto, o su gente comenzaría a desesperarse.

(...)

No podía quedarse quieta, había estado dando vueltas en la cama, cambiando de posición cada dos segundos. Miraba al techo, al muro, al suelo, a todas partes. Ni siquiera sabía la razón por la que estaba tan intranquila. Tal vez era porque su reino estaba expuesto, porque no sabía lo que pasaba con su padre, o por lo que le había dicho Hiccup. Por una parte, volvió a recordar el asunto de su padre. No podía evitar sentirse enojada, desilusionada y hasta traicionada de que él le diera la espalda de esa manera, de que pareciera no importarle en lo más mínimo lo que le ocurriera. Su padre siempre fue estricto con ella, mucho, pero nunca a esos extremos. Definitivamente algo debió pasar, algo que lo hiciera actuar de esa manera, pero no lograba entenderlo por más que lo pensaba. Luego pensaba en Hiccup. De repente la estaba tratando bien, la tomaba en cuenta y hasta había prometido no meterse con su reino. Obviamente no confiaría tanto en esa promesa, pero se le hacía raro de todas formas. Y lo peor de todo era, que en esos momentos ni siquiera recordaba que lo odiaba. Sólo le gustaba insultarlo y buscar cualquier comentario que supiera que lo podía herir, pero no porque lo odiara, sólo le había encontrado el gusto.
Su debate con ella misma fue interrumpido por el sonido de la puerta abierta. Casi por inercia se levantó y se quedó sentada en el borde de la cama, el castaño había vuelto. Su semblante le indicaba que algo le preocupaba, aunque tampoco se veía aterrado o temeroso, por lo que no creía que algo malo hubiera pasado en la plática que tuvo con su gente.

El secuestro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora