II

2.2K 239 11
                                        

—Hoseok, Tae... bajen primero. Yo iré detrás de ustedes —ordenó Jungkook con firmeza—. Los demás, en cuanto estemos abajo... ¡corran!

Taehyung no lo pensó dos veces. Se deslizó por la cuerda improvisada hecha con cobijas anudadas. Pero esta solo alcanzaba la mitad del camino. Al llegar al final, sin dudarlo, saltó. Cayó con un golpe seco, rodó en el suelo y se levantó de inmediato, ileso.

—¡Vamos, ahora! —gritó desde abajo, señalando hacia arriba.

Jimin, desde la ventana, hizo una seña.

—¡Yoon, Hueningkai, bajen!

Ambos adolescentes asintieron, temblorosos. Sus manos sudaban mientras se aferraban a la cuerda. Iban descendiendo cuando los disparos comenzaron a silbar cerca. Las balas atravesaban el aire, chocando contra la pared de ladrillo, levantando polvo.

—¡¡YA, YA!! ¡CORRAN!! —gritó Jimin con desesperación.

En tierra, Hoseok no dudó. Se lanzó contra uno de los atacantes que disparaba desde la oscuridad. Con movimientos rápidos, le arrebató el arma, lo inmovilizó y con un tajo certero al cuello, lo derribó. La sangre salpicó su rostro, pero ni siquiera parpadeó.

Ahora, con una pistola en mano, Hoseok se convirtió en un muro de fuego.

Cada persona que intentaba acercarse... caía. Uno a uno, los cuerpos se amontonaban sin vida, sin redención.

—¡Jungkook, corran ya! —gritó Namjoon desde la camioneta.

Jungkook saltó. Cayó con fuerza, rodó, se levantó. Sin mirar atrás, corrió hacia el vehículo. Los disparos continuaban, esta vez desde dos figuras grotescas, vestidas de payasos, riendo mientras disparaban con armas automáticas.

—¡Arranca, vamos! —bramó Taehyung, subiendo al asiento trasero y cerrando la puerta con un portazo.

Namjoon no esperó más. Pisó el acelerador a fondo.

La camioneta rugió y se lanzó hacia adelante. Las ruedas levantaron polvo y piedras, mientras esquivaba a personas que no parecían querer detenerlos... sino destruirlos. Algunos incluso se arrojaban al frente, buscando frenar la camioneta con sus propios cuerpos.

Era una locura.

Dentro del vehículo, Jimin abrazaba a Yoon con fuerza. La adolescente lloraba sin control, su rostro hundido en el pecho de su padre.

—Ya está... ya pasó... estoy aquí —susurraba Jimin, intentando calmarla, aunque él mismo tenía el corazón hecho trizas.

En el asiento trasero, Hueningkai revisaba a Taehyung, con las manos temblorosas.

—¿Estás herido...? —preguntó.

—Solo rasguños —respondió Taehyung, respirando con dificultad—. Estoy bien.

La camioneta avanzaba entre la oscuridad, dejando atrás una casa en ruinas.

—¡Namjoon! A las seis en punto… ¡un auto se acerca! —alertó Yoongi desde la parte trasera de la camioneta.

—¡Hoseok, préstame la pistola! —pidió Jimin con urgencia.

Sin decir palabra, Hoseok le entregó el arma. Jimin sacó medio cuerpo por la ventana, dispuesto a disparar, pero justo antes de apretar el gatillo, Yoon lo jaló con fuerza hacia adentro.

Una bala pasó rozando la carrocería, justo donde había estado su cabeza.

—¡No, papá, no lo hagas! —lloraba Yoon, temblando—. ¡No quiero que mueras!

48 horas para SobrevivirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora