VII

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Estar un día y medio sin dormir, sin comer, con los nervios al límite y el cuerpo en constante movimiento, es una tortura. Cada músculo de Jimin, Jungkook y Hoseok gritaba por descanso, pero el tiempo no les daba tregua. Hoseok apenas podía mantenerse en pie, y la herida de su brazo —inflamada y con un color cada vez más alarmante— le robaba la fuerza con cada paso.

—Vamos… ya casi llegamos —murmuró Jimin, mordiéndose el labio inferior mientras sostenía a Hoseok con un brazo.

Finalmente, tras una caminata agotadora, los tres llegaron a la última fábrica. La adrenalina, como un último combustible, los empujó a seguir. Cruzaron las puertas oxidadas con cuidado, cada paso medido, los sentidos alertas.

—Hay alguien en la esquina —susurró Jimin, deteniéndose de golpe.

Jungkook reaccionó de inmediato. Alzó su arma y disparó hacia el punto señalado, pero el sonido que se escuchó después lo dejó completamente descolocado.

—¡Eh? —frunció el ceño, confuso.

—¡N-no me mate, por favor! —gimió una voz entre sollozos, claramente femenina.

—¡Yoon! —gritó Jimin al reconocerla, corriendo hacia ella sin pensar.

Pero antes de que pudiera llegar, una risa helada lo obligó a girar.

—Yo no tocaría a tu hija si fuera tú —dijo Liam, apareciendo desde las sombras, acompañado de varios hombres.

Jimin se quedó paralizado. En cuestión de segundos, Jungkook y Hoseok ya estaban siendo sometidos. Jungkook forcejeaba con los brazos inmovilizados, y Hoseok, demasiado débil, no podía ni levantarse del suelo.

—¡Papá! ¡Papá, ayúdame, por favor! —gritó Yoon, con lágrimas en los ojos, temblando mientras sostenía en sus manos un pequeño control con un botón rojo.

—Tu hija está sosteniendo un detonador —dijo Liam con una sonrisa macabra—. Lamentablemente, si lo suelta... volará en mil pedazos.

—¡¿Qué mierda es lo que quieres?! —espetó Jimin, con la voz rota por el miedo y la furia—. ¡¿Por qué no te largas y nos dejas en paz?!

—¡Porque ustedes me arrebataron a mi familia! —espetó Liam, con los ojos encendidos de odio—. ¡Mataron a mis hermanos! En aquella purga, en la casa del bosque... Ellos solo fueron a ayudar a Eun Ho, ¡y ustedes los asesinaron! Tenían solo dieciocho años... Después mi madre murió por el dolor... y yo me quedé completamente solo.

—¡No sabíamos que eran tus hermanos! —gritó Jungkook, furioso pero impotente.

—Si vas a matar a alguien, mátame a mí —intervino Namjoon, que acababa de llegar con el rostro tenso—. Fui yo quien los mató.

Recargó su arma con calma, el gesto firme. Pero Liam negó con una sonrisa torcida.

—No... no voy a matarte. Quiero que sufran. Todos ustedes. Que vivan sabiendo que tienen las manos manchadas, como las mías... Quiero que vivan el infierno que yo viví.

—Maldito hijo de puta... —espetó Taehyung, que también había llegado al lugar.

—Tus insultos no me afectan —respondió Liam con desdén.

—¡Papá! ¡El botón! —gimió Yoon, con la voz desesperada, sus pequeñas manos temblando.

Jimin dio un paso hacia ella, pero no podía arriesgarse a que soltara el detonador por accidente. El ambiente era una olla a presión, hasta que finalmente, desde las sombras, se escuchó un disparo.

Yoongi, silencioso como siempre, había tomado posición detrás de los enemigos. Uno a uno, fue eliminando a los hombres que sujetaban a Jungkook y Hoseok. Los disparos fueron certeros, limpios, y en cuestión de segundos, ambos quedaron libres.

48 horas para SobrevivirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora