III

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Yoon se despertó en silencio. La sed la carcomía, así que, con cuidado de no despertar a nadie, salió de la habitación oculta de armas. Sus pasos eran lentos, apenas audibles. Caminó por el pasillo, sin imaginar que en la sombra la esperaba algo mucho peor que la oscuridad.

Una mano rugosa, cubierta de cicatrices, se cerró sobre su boca con fuerza.

—Shhh… —susurró una voz áspera, seguida de una risa enfermiza—. Gritas, y estás muerta.

Los ojos de Yoon se abrieron al máximo al ver el rostro del hombre: desfigurado, con cicatrices profundas, y unos pupilentes que brillaban con un tono anormal. Algo en él no estaba bien. No solo físicamente… su mirada era la de alguien que ya no tenía alma.

Ese hombre se llamaba Liam. Había hecho un trato con un millonario psicópata: debía grabar todas las muertes que causara con una cámara oculta en sus pupilentes. Por cada muerte, recibía dinero. Cuanto más sangrienta, más valía.

Liam vivía para matar.

Yoon era solo el inicio de su diversión.

Jimin se despertó sobresaltado al oír el sonido seco de un vidrio rompiéndose. Miró a su alrededor… y se le heló la sangre.

—Y-Yoon… —susurró, sentándose de golpe—. ¡Jungkook! ¡Jungkook, joder, despierta!

—¿Qué pasa, cariño? —preguntó el otro, incorporándose con voz ronca.

—No está… ¡Yoon no está!

Yoongi ya estaba levantado, alerta.

—Shhh… —dijo—. Hay alguien afuera.

—No… —Hoseok murmuró, mirando hacia el techo—. No es solo uno. Son varios.

Jungkook se puso de pie, encendiendo su furia.

—Voy a salir.

—No —intervino Taehyung con voz grave—. Vamos todos.

—Pónganse las máscaras —ordenó Jungkook, con una autoridad que heló el ambiente—. Mochilas. Armas. Esta vez, no dejamos a nadie con vida.

—¿No crees que te estás pasando? —dijo Namjoon, sorprendido por su tono.

Jungkook lo miró a los ojos, con fuego en la mirada.

—Tienen a mi hija, Namjoon.

Eso fue suficiente para que nadie más cuestionara nada.

Uno por uno, todos se prepararon en silencio. La puerta se abrió con cuidado, y el grupo comenzó a salir, armados, con sus rostros cubiertos por las viejas máscaras que una vez usaron para sobrevivir.

Entonces, la voz de Yoon se alzó desde el piso superior.

—¡¡PAPÁÁÁÁ!!

Fue un grito desgarrador.

—¡Yoon! —Jimin reaccionó como si le hubieran apuñalado el corazón. Salió corriendo hacia las escaleras sin pensar.

—¡Jimin, maldición! —gritó Jungkook, intentando detenerlo.

—¡Papá, cuidado! —añadió Hueningkai, pero ya era tarde.

Yoongi, más atrás, giró justo a tiempo para esquivar el golpe de un intruso. El hombre llevaba una máscara de Salvador Dalí. Sin titubear, Yoongi lo derribó con una llave a las piernas y le hizo una cordada con el cuchillo en la pantorrilla. El sujeto gritó, incapaz de volver a caminar… pero seguía con vida. No por piedad. Sino por táctica.

Mientras tanto, en el piso de arriba, Jimin esquivaba las balas de una mujer que disparaba sin cesar. Las balas zumbaban a centímetros de su cuerpo. Con una mezcla de desesperación y rabia, Jimin apuntó… y disparó directo a su frente. La mujer cayó de inmediato.

48 horas para SobrevivirDonde viven las historias. Descúbrelo ahora