El silencio era sepulcral. Ni un alma se atrevía a moverse entre los árboles retorcidos del parque. La niebla espesa lo cubría todo, como una mortaja. Nadie decía una palabra. Cada pareja avanzaba por su lado: Yoongi con Taehyung, Jimin con Jungkook, Namjoon junto a Hoseok. Cualquier descuido podía costarles la vida.
Jimin caminaba en silencio cuando, de pronto, una mano lo sujetó del cuello y lo empujó contra un árbol. Una hoja afilada le cortó la piel justo por debajo de la mandíbula. No era profundo, pero ardía.
—¡Aaah! —jadeó Jimin.
—¡Suéltalo, maldita loca! —rugió Jungkook, apuntándole con su pistola.
La mujer sonrió. Tenía los labios manchados de sangre seca y una mirada desquiciada.
—Ustedes… se parecen a una chica que vi pasar hace poco —rió—. ¿Son sus papis, acaso?
—¡Habla! —gritó Jimin, tratando de zafarse—. ¿Dónde está?
—Puedo decirles… pero nada es gratis, cariño —se relamió los labios.
—¿Qué quieres? —espetó Jungkook, tenso.
—Sus armas… todas.
En ese momento, Namjoon y Hoseok llegaron corriendo, con los cuchillos listos.
—Espera —intervino Namjoon, alzando una mano—. Quédate con todas excepto tres pistolas y tres cuchillos… trato justo, ¿no?
La mujer sonrió como si le hubieran ofrecido un diamante.
—Trato hecho —dijo, y extendió las manos.
Con un suspiro de rabia contenida, Namjoon le entregó casi todo el arsenal. La mujer lo recibió como una niña con dulces.
—Liam… fue a una de las fábricas abandonadas cerca de aquí. Pero no sé cuál. Hay tres. Y no tienen mucho tiempo… él no suele jugar limpio.
—¿Qué más sabes? —preguntó Jungkook, aún apuntándola.
—Nada más. Y ahora… váyanse antes de que me arrepienta.
El grupo se alejó, la tensión colgando como una cuerda en sus gargantas. Tres fábricas… y solo una contenía a Yoon.
Jungkook corrió con determinación, abriéndose paso entre la maleza y el silencio abrumador del lugar. Pero al voltear, su pecho se encogió: Taehyung no lo seguía. Estaba detenido, con la mirada perdida, atrapado en una burbuja de dolor que no quería atravesar.
—Taehyung… —lo llamó Jungkook con urgencia.
El mayor no lo miró. Su voz salió rota, desgarrada.
—Ve tú… es tu hija, no la mía.
Yoongi se le acercó con lentitud, sus ojos tristes pero firmes.
—Cariño, tenemos que irnos. Tenemos que encontrar a ese maldito y acabar con él.
—¿Y qué cambiará eso? —sollozó Taehyung—. ¿Matarlo traerá a nuestro hijo de vuelta? ¿Ah? ¿Para qué me quieren? Ya no sirvo para nada… Vayan ustedes.
Jimin fue el único que se atrevió a acercarse. Se agachó frente a él, intentando encontrar sus ojos.
—¿Te acuerdas de aquella vez que casi me lanzas por la ventana? —sonrió con nostalgia, aunque sus ojos brillaban de dolor—. ¿Te acuerdas de todas las veces que me levantaste cuando ni yo podía?
Taehyung lo miró con los ojos enrojecidos, como si recién recordara que todavía había algo más que muerte en este mundo.
—Bueno, ahora es mi turno —continuó Jimin con voz suave—. Pero no puedo ayudarte si decides quedarte aquí a morir. No importa si no quieres hablarme… pero ven con nosotros. Te necesitamos, Taehyung.
Un silencio denso se formó entre ambos hasta que finalmente, con las manos temblorosas, Taehyung se limpió el rostro y asintió.
—Está bien… gracias, Jimin.
Al incorporarse, el ambiente cambió sutilmente. Era como si, por un segundo, el peso del dolor se aligerara. El grupo retomó su avance, con la mirada en cada rincón, listos para disparar si algo se cruzaba en su camino.
Jimin caminaba al lado de Jungkook, con el corazón golpeando fuerte en su pecho.
—Jungkook… —murmuró, casi en un susurro.
—¿Qué pasa?
—Tal vez este sea un mal momento para decirte esto —soltó una risa nerviosa, sin poder evitarlo—. De hecho, pensaba decírtelo antes de que todo esto se fuera a la mierda pero…
—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó Jungkook, frunciendo el ceño al ver su nerviosismo.
Jimin abrió la boca, pero entonces Hoseok levantó la mano.
—Shhh… Tenemos que separarnos ya. Así cubriremos más terreno.
Namjoon no tardó en dar la orden, con su voz firme como siempre.
—Cada pareja lleva un cuchillo y una pistola. Si encuentran a Yoon, disparen cuatro veces al aire. ¿Entendido?
—Sí —respondió Jungkook, con la mirada aún fija en Jimin.
Pero las palabras que Jimin tenía para él se ahogaron en su garganta. No era el momento. Todavía no. Primero debían encontrar a su hija. Y después, cuando todo ardiera o por fin se calmara, quizás entonces… Le diría la verdad.
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