La historia de Kato con bufanda (Parte 4)

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—¿En serio quieres hablar aquí afuera, Kato homicida?

Bufanda frunció el ceño, lo agarró de la camisa y lo empujó dentro de su casa. Luego encendió la luz y cerró la puerta con seguro.

En la luz fue que pudo verlo con claridad, este no era un kato común y corriente. Tenía cuernos saliendo de su frente y una cola que terminaba como la punta de una flecha. Llevaba una camiseta blanca sin mangas, unos pantalones muy cortos y medias altas, de gatitos. Tenía ambas orejas llenas de perforaciones y ojos de un rojo muy intenso.

El chico se sacudió la ropa algo enojado por el trato y luego empezó a mirar la casa.—Con que esta es la casa de un asesino, que aburridamente limpia, esperaba cadáveres colgando de las paredes o algo— dijo para luego echarse a reír.

—¿Quién eres?

—¿Qué, no has adivinado? Soy un demonio, Kato-demonio.

Bufanda lo miró algo incrédulo, en realidad Demonio no lucía nada amenazante. Tal vez era por su tamaño o por las medias de chica, pero él no era nadie para juzgarlo.

—¿Por qué has estado merodeando frente a mi casa todos los días?

—¿Por qué? Porque yo también quiero ser tu amigo.— dijo de forma burlona y se sentó en el sofá justo donde Flor había estado sentado hace unas horas. — ¿Qué, a mi no me invitas chocolate caliente y panqueques? Hablemos de nuestros sentimientos.—

Bufanda no se inmutó— Te hice una pregunta.

—No seas aburrido, Homicida. ¿No es obvia la respuesta? Esta casa es como un festín de espíritus para mí.

—.... ¿Espíritus?

—Deliciosos espíritus que te odian y quieren matarte— dijo cuándo pareció comer algo invisible—No puedes verlos pero están por todas partes.

Bufanda seguía algo incrédulo, respiró profundo; se sentó en el sillón frente a él y se pasó la mano por el cabello tratando de entender la situación. —Te preguntaré una vez más ¿por qué te quedabas parado frente a la puerta de mi casa? —

Demonio giró los ojos como si la respuesta fuera obvia y luego sonrió— Para atormentarte.—Dijo para luego hacer una pausa y observar su reacción. —Y parece que funcionó mejor de lo creía. Ahora dime, señor homicida, ¿has dormido bien?

Bufanda no respondió su pregunta y solo cerró los ojos un instante. Definitivamente Demonio lo había estado acechando sin que lo notara y ese era el tipo de cosas que más odiaba.

—No me llames asi, Soy Bufanda.

—Oh, si, ¨Bufanda¨ —Dijo Demonio con un tono burlón. — Tengo curiosidad ¿Cuántas personas saben que te gusta matar por placer? ¿El tierno y adorable Flor lo sabe? Que cara pondría...

Bufanda lo miró a los ojos unos segundos y luego sonrió amablemente. De repente la expresión burlona en la cara de Demonio desapareció.

 Demonio podía percibir muchas cosas, pero era especialmente bueno en distinguir las intenciones y emociones de otras personas. Era algo que podía sentir y ver de muchas maneras. A veces como colores, como sabores o una sensación extraña por todo su cuerpo. Mientras más fuerte la emoción más fácilmente podía distinguirla. Era una habilidad tan precisa que podía predecir las acciones de otros.  Por eso sabía cuando alguien se acercaba a él, pero hace unos momentos Bufanda se había acercado tan despreocupadamente porque no pudo percibir ninguna emoción o intención viniendo de él. En cambio, ahora, supo de inmediato que Bufanda no iba a titubear en cortarle la cabeza en un instante: La intención de asesinato. Podía verla tan claramente que casi podía sentir el filo del cuchillo en su cuello.

Pero Bufanda seguía allí sentado sin mover un musculo. Demonio se inquietó. El era bueno con las palabras, en sembrar la discordia entre las personas, hacerlos pelear unos con otros, que se odien, que se maten, que se sientan desesperados y sin salida, pero en realidad  físicamente hablando Demonio era un debilucho y  Bufanda era obviamente más rápido, grande y fuerte que él. Pero entre las almas en pena que rondaban esa casa no había ninguna de un kato, así que pensó que no lo mataría, ¿o si lo haría?. Su intención de matarlo era real, demasiado real para su gusto, pero no pudo percibir nada de odio, en cambio había otra emoción que no sabía con seguridad que era.

—No me gustaría que le dijeras a nadie de esto— Dijo Bufanda sonriendo calmadamente. —A cambio puedes visitarme cualquier noche, te dejaré comer todos los espíritus que quieras.

«Ugh, este tipo sonríe mientras quiere matarme...que enfermo» pensó Demonio. Pero no iba a dejarse intimidar tan fácilmente, era muy orgulloso. Subió los pies en la mesita de centro haciendo tambalear un florero, pero aun así Bufanda no le apartó la mirada del rostro ni un segundo

—Je, ¿quieres hacer un trato conmigo? Cuanto valor.

—¿Te parece un mal trato? Ambos salimos ganando.

—¿Por qué no dices la verdad? Si intento salir por esa puerta sin haber aceptado tu trato vas a matarme.

Bufanda se sorprendió y luego rió. —No sabía que me había vuelto tan transparente, pero me alegra que nos entendamos. Odiaría matar a un kato, pero si vas por ahí esparciendo rumores todos empezarían a odiarme, evitarme o temerme y no es algo que soportaría. —Luego hizo una pausa y dijo en tono más bajo—Además, tu cuello es tan delgado que no necesitaría mucha fuerza para cortarlo. 

Kato in katolandDonde viven las historias. Descúbrelo ahora