Azis insistió en que fueran y él como imbécil, accedió. Debió haberle dicho que no para mejor quedarse a repasar lo que había visto en clases a pesar de que lo comprendía a la perfección. Pero sin embargo, ya había aceptado y ya estaba ahí, realmente sería muy estúpido empezar a quejarse ahora.
Carlos De Vil se encontraba en Nunca Jamás, en una de las tantas y legendarias fiestas organizadas por Peter Pan y los niños perdidos; mordiendo su labio inferior mientras pedía permiso para pasar por todo el gran cúmulo de gente que había y preguntaba de paso, si alguien había visto al príncipe Azis de Agrabah, uno de sus mejores amigos y actual novio. Al cual quizás terminaría esa misma noche si es que no lo encontraba para obligarlo a que le regresara a su habitación de la universidad.
Después de empujar a un par de personas, finalmente logro ver a un rostro conocido, alzo la mano para llamar su atención y al no recibir respuesta empezó a dar saltitos, diablos, en esos momentos odiaba ser tan pequeño. Finalmente se acerco a la joven -¡Lonnie! Hola. Ehm, ¿De casualidad no has visto a Azis por aquí?- Pregunta esperanzado.
Lonnie le besa la mejilla a forma de saludo y le murmura al oido, pues no esta segura de si le entendera con el alto volumen de la música -No, lo lamento. Pero en cuanto lo vea, yo te aviso- Carlos le agradece con una sonrisa y vuelve a retomar su labor de empujar personas para seguirle buscando.
A la mierda Azis, es el pensamiento que esta en su cabeza cuando alguien accidentalmente deja caer su vaso con cerveza sobre sus zapatos, esta harto de buscarlo y exponerse así, se da por vencido. Es por ello que va al área de snacks, donde apenas si hay unas quince personas comiendo para recobrar energías y seguir festejando... Lo que sea que estén festejando. Jamás ha sido muy fan de ese tipo de fiestas con mucho alcohol, drogas (Si, incluso en un lugar como Auradon existían esas cosas) bailes sensuales, personas besándose escandalosamente en cada rincón oscuro y peleas a la menor provocación.
Nada que ver con las fiestas reales de Auradon a las que antes asistía, oh, como extrañaba aquellos días de preparatoria. Para Carlos había sido un poco difícil aceptar que las cosas cambiaban, y es que esos dos años la vida había sido tan perfecta que por un momento se olvido del hecho de que él no tenía la misma edad que sus amigos. Razón por la que mientras él apenas iba a pasar al último año de preparatoria, sus amigos ya estaban organizando los asuntos de su graduación y pensando en el futuro; y para Carlos era injusto, por que carajo, él era bastante listo y merecía ser adelantado (A pesar de que respetaron el que ya le habían adelantado, dejándolo entrar en el Dragon Hall con solo catorce años de edad), pero el Hada Madrina insistió en que siguiera con buenas notas para considerar adelantarlo de nuevo.
Evie salió con tan buenas notas, que una prestigiosa universidad le ofreció una beca completa para la carrera en genética que quería; a Jay le llovieron las ofertas de distintas universidades para que siguiera sus estudios y se convirtiera en un jugador de Tourney profesional. Y Mal, la chica de cabellos morados tenia un dilema entre si estudiar o mejor apoyar a Ben con los asuntos del reino que muchas veces no podía resolver con éxito. Así, los cuatro chicos de la Isla tuvieron que tomar caminos separados, y eso frustraba a Carlos, pues no estaba seguro de querer crecer tan pronto. Jamás tuvo la oportunidad de disfrutar su niñez en la Isla, y ahora tampoco tendría la oportunidad de disfrutar su juventud por que ya no tendría a su grupito de amigos a su lado. Al final se resigno y decidió seguir con sus estudios normales, pues entendía que tenia que forjar su propio camino y seguir sus sueños, que lamentablemente no coincidían con sus amigos, pero así era esto. Por primera vez en mucho tiempo, tenía que ver solo por si mismo y su propia felicidad, ya no se trataba de su madre, de lo que los demás esperaban de él o de lo que causaría felicidad a sus amigos, se trataba de él, tenía que hacer su propia historia.
