Jay estaba estresado, todo esos días lo había estado, y no solo por el asunto de la boda sino por que tener su apartamento lleno durante tanto tiempo ya empezaba a ser como una piedrita en su zapato. Si bien, Evie y Mal siempre se quedaban cada que la peliazul llegaba a la ciudad después de muchos viajes en el extranjero, nunca eran tantos días.
La privacidad de Jay y Carlos estaba siendo amenazada, Jay ya no podía andar por toda la casa usando nada más que su bata de dormir, Carlos ya no podía dejar a Dude subirse al sillón por que las chicas se quejaban de los pelos, Jay ya no podía beber leche directo del envase, Carlos ya no podía solamente pedir comida rápida cada que tuviera flojera de cocinar, por que quería impresionar a las personas que visitaban su hogar; Jay ya no podía perder horas en el gimnasio sin que las chicas le reclamaran y Carlos ya no podía encerrarse en su taller a hacer nuevas mejoras a sus inventos por que ellas le desconcentrarían. Y lo que definitivamente estaba volviendo más loco a Jay... No habían tenido nada de sexo. Vamor por partes. El árabe siempre ha sido alguien bastante pasional y sexual, de eso no había duda, Carlos quizás no lo era tanto pero no le decía que no... Salvo esos días, por que podían ser muchas cosas pero nunca unos jodidos exhibicionistas.
Pero una gran oportunidad se había presentado frente a sus ojos, por fin estaban solos. Jane estaba asegurándose de que los arreglos florales fueran enviados el día en que prometieron, mientras Evie y Mal hablaban con Anita y Roger para que dos de sus tantos cachorros fueran los que tiraran los pétalos cuando Carlos caminara hacia el altar. Así que si, finalmente estaban los dos solos, y él sin duda aprovecharía ese momento en que Carlos se estaba duchando, para arreglar el cuarto con una atmosfera romántica para asegurarse de poder tocar a ese lindo joven de cabellos blancos y negros, esa noche.
Fue así como termino regando flores en el piso del cuarto, poniendo música romántica, adaptando la luz para que se viera tenue, acomodando una botella de vino junto a dos copas en el buro a lado de la cama y arreglándose a si mismo. Se suelta el cabello tal y como le encanta a Carlos, se pone su mejor colonia y una bata de seda; se mira al espejo y no puede evitar silbarse a si mismo, a la mierda que él si se decía que si.
Esta noche tendría acción, pero por supuesto que si. Carlos no se podría resistir, se veía demasiado bien. Le es inevitable hacer un bailecito de felicidad por que su plan definitivamente iba a funcionar.
Sus pensamientos son interrumpidos cuando escucha la puerta del baño abrirse, el vapor sale y una delgada silueta se revela, Carlos De Vil sale del baño con su celular en mano utilizando una pijama de lino a rayas blancas y rojas con una toalla roja envuelta en la cabeza; Jay se avienta a la cama en la pose más sexy que logra hacer mirándolo pícaramente -Oye Jay, ¿No has visto mi... cargador...?- Despega su mirada del celular para ver a su pareja, sin embargo se topa con una singular sorpresa, Jay recostado en su cama, con una rosa en la boca, desacomodando su cabello y con una copa de vino en su mano. Carlos parpadea atónito y seguido de eso suelta un gruñido, se pellizca el puente de su nariz y pone una mano en su cintura -¿Qué diablos haces?- Pregunta en un gruñido, por que de verdad, a veces no puede con la estupidez del amor de su vida. Jay se limita a mover las cejas con coquetería y guiñarle el ojo derecho. Carlos rueda los ojos -Cierto, olvidaba que eres tan hormonal como una colegiala- Sin decir más, da media vuelta con enfado, en dirección a la puerta; esta harto de esa tontería, prefiere ver televisión.
El árabe se levanta de inmediato y corre hasta el chico de cabellos bicolores que sigue mirándole enojado -¡Carlos! ¡Espera!- toma sus manos con delicadeza mientras intenta pensar en palabras apropiadas para justificar su estúpido plan -Por favor... Han pasado semanas, ¡Meses incluso! Desde que lo hicimos por última vez- Lloriquea pero Carlos solo arquea una ceja y se mantiene firme, incluso se suelta de su agarre y completamente indignado, se cruza de brazos -¿En serio esperaremos hasta la jodida luna de miel?- Carlos vuelve a gruñir en respuesta y sin más, camina directo a la salida. Jay chasquea la lengua y se encoge de hombros, demonios, lo había arruinado. Se rasca la mejilla simulando la enorme vergüenza que siente en todo su cuerpo por haber planeado algo tan tonto y puede incluso que esa sensación se deba al rechazo de Carlos; desestima ese sentimiento y ya ni siquiera insiste en detenerle -Olvídalo, tienes razón... Lo lamento-
