La habitación estaba muy calurosa y eso me incomodaba. Abrí mis ojos lentamente y estuve un poco desorientada, hasta que noté que el lugar en el que estaba seguía siendo el hospital.
Había despertado.
La habitación estaba vacía y no podía soportar más este clima, así que con cuidado me levanté de la camilla.
Todo a mi alrededor giraba y tuve que apoyarme unos segundos contra la pared.
Intenté avanzar pero unos cables me lo impidieron. Noté que estaba conectada a una máquina respiratoria y la aguja del suero en mi brazo. Me arranqué todo ese cablerío y finalmente pude dirigirme hacia la ventana.
Al mirar hacia el exterior, me di cuenta que todos los árboles habían florecido y el césped estaba más verde. Habíamos entrado en la primavera. Eso me dejó un poco nostálgica, realmente.
Una vez que la ventana estuvo abierta, me dirigí hacia el baño. No podía recordar cuándo habia sido la última vez que me había aseado por mi misma.
Al mirarme en el espejo, comencé a llorar.
Tenia manchas rojas de quemaduras por todo el cuerpo, principalmente el cuello y abdomen. Estaba hecha un asco, mi cabello parecía paja y mis ojos estaban inyectados en sangre.
Era demasiado.
Negando con la cabeza, me dediqué a hacer mis necesidades básicas, cepillé mi cabello y enjuagué mi cara. Estaba a punto de salir del baño cuando una voz masculina comenzó a gritar mi nombre y llamar a los enfermeros.
—¡Julia! —gritó Gabe.
—Aquí estoy. —dije mientras salía lentamente del baño. Mi propia voz me sonaba desconocida, estaba ronca y rota, pero seguía siendo mía.
Gabe vino corriendo a mi encuentro y ahi estaba él, perfecto en su remera blanca y pantalones azules junto con su desordenado cabello y enormes ojeras.
Se quedó congelado mientras me miraba de pies a cabeza y un segundo después, estaba abrazándome mientras lloraba en en mi cabello.
—Mi Dios, Julia, despertaste. —dijo separándome un poco y tomando mi rostro en sus manos.
—Ya era hora. —susurré mientras me escogía de hombros.
Gabe sonrió, y eso era el paraíso.
No podía recordar bien lo ocurrido el día del incendio ni lo que había escuchado cuando estaba consciente, pero sí recuerdo haber escuchado su voz, su llanto.
Gabe estaba sin palabras o al menos eso parecía.
Yo no dejaba de abrazarlo, no podía. Estaba tan fuertemente agarrada a él que comenzaron a dolerme los brazos.
—Gabe... —comencé a decir pero no llegué mucho más lejos ya que él me estaba llevando a la camilla en sus brazos. Una vez acostada, recordé mi aspecto. Subí la manta hasta mi barbilla más allá de que el calor me estuviese matando.
—Julia...¿qué haces? —dijo corriendo las mantas. Lo miré preocupada y entendió por qué hacia eso.—Oye...no tienes que ocultarlas. Ya las he visto.
No sabía que hacer o cómo reaccionar. Esto no era su culpa y todos lo sabíamos.
Cuando estaba a punto de hablar, la puerta se abrio.
—Bueno, Gabe, ¿has visto a la madre de Julianne? Debo hablarle de sus últimos estudios... —el doctor levantó la vista y sus ojos se ampliaron al verme despierta. —Mira que tenemos aquí. Bienvenida de nuevo, Julia. ¿Cómo te sientes? ¿Hay algo que sientas raro en tu cuerpo?
Comencé a analizar las preguntas del doctor lentamente. Todos mis músculos dolían y eso era obvio, pero además de eso, no sentía nada diferente.
—Pues no.—susurré. Hablar fuerte me causaba un fuerte dolor de cabeza.
—Eso es raro...Julia, lo estudios no salieron bien y sinceramente no esperábamos verte despierta.—dijo el doctor en tono serio. Sólo me encogí de hombros.—Bien, te tendremos en revisión. Por ahora, dejaremos que Alexis entre a verte.
—¿Quién?—dije. No sabía por qué alguien llamado Alexis querría verme.
—Ahí esta el problema.
Gabe me miraba con los ojos como platos mientras que el médico me hacía distintas pruebas y me preguntaba por distinas personas. Muchas conocía y otras no. Supe que era preocupante, ya que Gabe estaba cada vez más alterado por todo esto. El doctor lo calmaba, diciendo que todo esto sería temporal.
No entendía de qué hablaban. Básicamente me hacía una leve idea, pero parecía imposible que recordara a ciertas personas y otras no...
—Su mente está tratando de bloquear algún hecho traumático, y después de lo del incendio, esto tiene sentido.—dijo el doctor el cual, aparentemente, se llamaba Patrick.
—Pero esta bloqueando memorias anteriores al incendio, mierda.—dijo Gabe irritado.
—Pues entonces algo de su pasado es más terrible aún que casi la muerte.—respondió.
***
Quería irme a casa, aunque no sabía dónde estaba viviendo, pero Patrick me dijo que debía quedarme en observación.
Vinieron mis amigos a verme. Lori, Jesse, Sheera, Calvin e incluso amigos de ellos que yo no conocía, pero eso no era a causa de mi amnesia.
También vino un tal Sam, al que al parecer, sí conocía.
Luego entró una mujer con un hombre y una adolescente.
Lo siento, mejor dicho, entraron mis padres junto con mi hermana.
No podía recordar absolutamente nada de ellos, ni siquiera sus nombres y me daba mucha vergüenza no hacerlo. ¿Cómo era posible que no los recordara? Se suponía que eran los seres a quienes más amaba y a quienes más tendría que recordar.
Pero al parecer, no era así.
Le pedí a Gabe que los sacara de mi habitación disimuladamente, ya que no sabía cómo entablar una conversación con ellos.
Mi madre era bella. Tenía su delicado rostro enmarcado por un largo cabello castaño y unos muy bonitos ojos grises. Ella tenía mis rasgos.
Mi hermana era increiblemente hermosa. Tenía su pelo rubio y unos ojos color cafés. Ella, en cambio, tenía los rasgos de mi padre.
Lo más sorprendente era que, entre nosotras, no teníamos ningún parecido. Ella era más curpulenta, con una buena cantidad de carne en los lugares adecuados y totalmente esquelética en otros. Yo, en cambio, era delgada y de piel pálida, con nada de carne en mi cuerpo. Parecía anoréxica.
Pero yo no me recordaba así.
En mi mente no podía parar de reproducir una noche en el bar donde yo estaba usando un bonito vestido color esmeralda, pero eso era todo. Ahí sí que estaba más rellenita, pero supongo que si no puedes comer por tí mismo durante un mes... adelgazas demasiado.
Creo que llegar a mi peso normal no sería difícil si seguía comiendo como ahora. Tenía muhco hambre.
Sólo esperaba que todo vuelva pronto a la normalidad...
Nota del autor:
¡Hola! ¡Julia en multimedia!
Sé que ultimamente estuve muy atrasada con la actualización, así que estuve pensando que quizás les interesaría un capítulo con el incendio y Julia en el hospital desde la perspectiva de Gabe y Alexis, ¿que les parece? Comenten si quieren que lo haga.
De nuevo, gracias por leer esta novela.
¡Lean la nueva que estoy escribiendo! Counting Stars. Les gustará.
¡Nos vemos!
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Despertar (Libro I)
Humor¿Realmente soy la chica que siempre está en un segundo plano? Vamos, ¿en serio? Quiero decir, mi hermana siempre es el centro de atención y eso le encanta. No es que yo quiera serlo, me gusta mi status social, pero esto me recuerda mucho a un libro...
