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Capítulo XXVII- Color violeta.

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Las cosas mejoraban notoriamente. Los minutos, horas y días pasaban volando cuando estaba con Gabe.

Había hablado con Jesse y reunido con Sam sin problema alguno y, aunque le costaba no hacerme una escena de celos cada vez que iba a ver a algún amigo, trataba de morder su lengua y no opinar nada al respecto.
Obviamente, eso no funcionaba la mayoría de las veces, pero me había dado cuenta que me gustaba ver que sentía celos de los demás chicos. Aunque no debería tenerlos.

Respecto a Jesse. Él no había mandado ese mensaje para que se malinterpretara. Con Wade son amigos y él sabía que Jesse estaba enamorado de mi... sí, me lo dijo personalmente. Por suerte, entendió perfectamente el hecho de que amaba a Gabe. Y si no lo entendía... mal por él.

 Nos dirigíamos hacia la cafetería junto con Coral y Lori. Ambas, obviamente, se habían enterado de nuestra reconciliación. 

—Aún no me acostumbro a tu cabello— dijo Gabe mientras depositaba un beso en mi cuello.

— Creí que te gustaría... pero siempre puedo volverlo a mi color original. Se lo diré a Sheera— contesté un poco decepcionada al respecto.

 —No, la verdad es que me gusta— dijo encogiéndose de hombros—. Resalta tu piel y te hace parecer una chica mala. Sabes como me gustan ése tipo de chicas.

—Eww, dile esas cosas en la habitación y no en público, por favor— dijo dramáticamente Coral.

—No es que haya dicho cómo me gusta hacer el amor con Julia o algo por el estilo— exclamó él.

—¡Pues ahora lo acabas de decir!

—Tampoco explicó específicamente cómo se introduce lentamente en mi…— comenté para seguir molestándola.

—¡No te escucho, no te escucho, tengo orejas de cucurucho!

Gabe largó una enorme carcajada y me abrazó. Amaba esos momentos en los que se ponía todo romántico y me abrazaba o besaba apasionadamente, pero no es que me gustaran mucho las muestras de afecto en público.
Nos acomodamos en una mesa rodeada de sillones y esperamos a que alguien nos atendiera. Saber que en la realidad no te atendían rápidamente era triste. Luego de diez minutos, una bonita camarera nos tomó la orden.

Cómo no.

—¿Qué les gustaría pedir? —dijo ella luego de reventar su globo de chicle. Al notar a Gabe, acomodó su postura y tomó su cabello colorado, además de batir sus pestañas. Nada de eso me sorprendía por parte de las chicas ya, pero seguía moviendo algo dentro de mi y Gabe lo sabía. En estos momentos sí quería dar muestras de afecto.

—Una cerveza y una hamburguesa— dijo Lori.

—Me sumo— dijo Coral. Vio la mirada de advertencia de Gabe pero ninguno de los dos dijo nada.

—¿Tú que quieres, bonito? — preguntó la camarera, mascando ese asqueroso chicle.

—¿Pedimos una pizza, muñeca?

Abrí la boca para hablar pero la camarera me interrumpió.

—Oh, yo no puedo ahora mismo. Estoy en horario de trabajo, pero podemos vernos después de mi turno.

—Le hablaba a mi novia, no a ti— dijo Gabe. Quería sentarme encima suyo y comerle la boca a besos, pero me contuve.

—¿Novia? —preguntó ella, mirándome despectivamente. Estaba a punto de replicar cuando Gabe me calló.

—Sí, novia.

Ella se fue indignada, meneando sus caderas. Todos reímos hasta que llegó la comida.

Despertar (Libro I)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora