"¿Quien anda ahí?"

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Junmyeon quedó pasmado frente a la puerta que daba al helipuerto. Se despedía constantes veces con la mano mientras el helicóptero comenzaba a elevarse por los aires.

—Dios mío, ¿Por qué le prometí eso?—susurré mientras miraba por la ventana.

El señor que piloteaba el objeto volador, tenía el cabello gris y estaba bastante avejentado, pero aún así entregaba paz con solamente mirarlo..

—El amor hace prometes cosas que quizá nunca en la vida podríamos cumplir—habló el señor luego de un buen rato, haciéndome sentir totalmente avergonzada.

—Señor, está confundido. Yo no estoy enamorada de nadie—le dije riendo, era la verdad.

—¿Y entonces por qué correspondiste al beso de Junmyeon?

—No lo sé, el me entregaba tranquilidad. Me dejé llevar por la sensación que entregaban sus labios, pero no seguí el beso por amor.

—Nunca lo había visto hacer algo así. Es un chico bastante centrado y serio. Intenta cumplir tu promesa, quizás podría salir una linda relación por lo que acabas de prometer.

No dije nada más y sentí que mis ojos comenzaban a pesar luego de horas recorridas. Los cerré esperando tener dulces sueños y dejar de pensar en lo recién ocurrido.

Pasaron horas y el piloto me despertó. Me dijo que ya estábamos en Christchurch y que yo tenía que llegar la isla que él me indicaba. Yo asentí y me bajé del helicóptero, que estaba en altura.

Estaba en el aire, mirando todo desde arriba. La isla estaba taconeada en árboles, que le daban un toque más tenebroso al lugar. Comencé a descender con lentitud hacia la orilla de la isla, había un pequeño puente de palos, en donde me paré y la madera rechinó por lo vieja que estaba. Me exalté solamente por el ruido de madera gastada, Dios mío.

Miré fijamente el frondoso bosque y me sentí muy asustada, pero aún así algo dentro de mi me impulsó a seguir mi paso firme por el bosque. Apenas me adentré, sentí un frío en mi nuca, como si alguien me estuviese persiguiendo u observando.

Volteé repetidas veces para comprobar si había alguien tras mis pasos e increíblemente no había nadie. Espeluznante.

"Promete que volverás".

Las palabras de Junmyeon no se despegaban de mis pensamientos. Nunca pensé que sentiría algo tan doloroso por la culpa. Culpa de haberme dejado llevar. Culpa por haber prometido algo que ni siquiera estaba segura que podría cumplir.

Dejé atrás todo aquel pensamiento relacionado con lo que pasó en la empresa y seguí con mi recorrido. Mis ojos, por alguna razón sufrieron un cambio y esta vez podía ver en la oscuridad profunda con absoluta nitidez.

Las hojas que colgaban de todos los árboles eran totalmente grandes, y habían plantas de colores luminosos y llamativos, tentaban para acercarse y tocarlas. Pero no debía, no conocía nada de la flora de aquel lugar.

—¿Annie?—escuché en mi cabeza—Annie, ¿Estás bien?

Sacudí mi cabeza pensando que aquella voz se iría totalmente con hacer eso, pero no fue lo totalmente productivo para quitarla.

—Annie, por dios, contesta. Soy Lay.

Me dejé sorprender. Había escuchado muchas veces el nombre de los Alphas guías y siempre que le preguntaba sobre ese tal "Lay" a Chanyeol, este me respondía que él era misterioso y que nunca había dicho su nombre real a nadie. Y que era el único de todos los mutados, que lo había hecho por decisión propia.

—Hola Lay—susurré en mis interiores—me encuentro bien.

—¿Estás segura? acá estamos bastante expectantes por saber qué estas haciendo.

—Estoy adentrándome por el bosque y veo que muchas cosas me llaman la atención—me acerqué un poco más a las plantas luminosas—Como una especie de flor brillante, me tienta a tocarla.

—Ni te atrevas a tocarla, esa especie es carnívora.

Y como si la planta hubiese escuchado lo recién dicho por Lay, soltó una especie de bufido y abrió su boca. Mi corazón latió a mil por hora y decidí seguir mi camino mientras Lay me hablaba dentro de la mente. Al menos tendría a alguien a quien recurrir para no sentirme sola.

De un momento a otro, luego de caminar casi una hora, vi a un chico sentado en la escalera de lo que parecía ser una casa. La casa estaba cubierta por enredaderas y todo tipo de plantas trepadoras, la escalera donde estaba sentado el chico se veía como de madera antigua y rechinante y el humo que escapaba por la chimenea olía a algo muy diferente que madera quemada. Ni siquiera quería imaginarme qué emanaba aquel hedor tan asqueroso.

El chico tenía el cabello negro y unos labios realmente carnosos. Su piel era blanca y la expresión con la que miraba sus dedos, hacía poner los pelos de punta.

Miraba sus dedos, los cuales chasqueaba y de estos salía fuego. Empezó a jugar con el fuego de sus dedos y con un soplo hizo que las llamas se apilaran sobre su cabeza, como una gran aurora de ángel. Él miro sobre su cabeza y tomó la figura armada con sus propias manos y chasqueó nuevamente los dedos, esta vez haciendo que un montón de agua inundara el anillo como por arte de magia.

El chico sin duda alguna era Do Kyung Soo.

—¿Qué haces?—preguntó Lay.

—Por dios, me asustaste—suspiré—Estaba mirando a un chico que estaba sentado en unas escaleras de madera, acaba de manipular fuego con sus propias manos. Es increíble—exclamé con entusiasmo en mi mente.

—¿Puedes echarle un vistazo con nitidez al rostro, así más cercanamente?

—No, pero puedo acercarme para divisar mejor.

Me comencé a acercar, intentando ser sigilosa. Cosa que no logré, porque inconscientemente pisé hojas secas, llamando totalmente la atención de aquel chico, quien de inmediato se paró con expresión seria en la cara, mirando a todos los lugares habidos y por haber.

—¿Quién anda ahí?—gritó con voz ronca—sal de ahí, seas quién seas. Si no quieres terminar muerto.

Sentí mi cuerpo congelarse. Mi respiración no volvió a resonar por ningún lugar. Estaba totalmente trabada en mi pecho.

—Mierda, Lay. Acaban de descubrirme.

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Biological Love [BL #1 | D.O]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora