Capítulo 8

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Lunes 10 febrero, bus, 8:12.

- Tienes carilla cansada nena- dice Natalia mientras la acaricia con mimo la mejilla a la chica que se sienta a su lado.

- Normal. Laia ha pasado una noche malísima, vomitando y con un poco de fiebre.

- Pobres - Alba hace un gesto extraño ante aquel plural.- Pobre la niña por estar malita y pobre tú por haber estado cuidando de ella toda la noche y ahora tener que venir a clase.

- Menos mal que la madre de Gonzalo no trabaja y se ha podido quedar con ella porque - un bostezo interrumpe la oración de la chica.

- Anda ven aquí- la dice Natalia aventurándose a echar un brazo por encima del hombro de la chica y así instarla a apoyarse en ella.

Alba había pasado una noche horrible pero ahora acurrucada entre el hombro y el cuello de la más alta todo los males parecían menores. 

Miércoles 12 febrero, facultad, 11:30.

- Tengo  una sorpresa para ti- dice Natalia mientras balancea su cuerpo de un lado a otro provocando la risa en Alba.

- ¿Que es? ¿que es? -pregunta la rubia impaciente. 

La más alta mete las manos en los bolsillos su abrigo azul para sacar algo que Alba no consigue ver bien.

- Anda toma- dice haciendo entrega de su sorpresa, Alba observa los trozos de papel que ahora hay en su mano con detenimiento- ¿Te acuerdas del chico que te enseñé y tanto te gustó? Pues da un concierto en una sala pequeñita. He comprado las entradas en la taquilla porque me hacía ilusión tenerlas en papel, soy vintage. 

No puede ser verdad pensó la estudiante de bellas artes.

- Pero Natalia esto es este viernes.

- Si.

- No puedo- dijo algo molesta devolviéndole las entradas- Mi hija lleva mala toda la semana ¿que tipo de madre sería si llega el viernes y me voy dejándola sola?

Natalia estaba confusa. El concierto empezaba a las nueve y como mucho debían de estar allí media hora antes más la hora y media que pudiese durar... la noche no se alargaría más de las doce como muy tarde. Eran apenas cuatro o cinco horas, la chica no veía el problema.

- Bueno, pensé que como dijiste eso de que echabas de menos hacer locuras pues, no sé, quizás esto te apetecía.

- Claro que me apetece pero no puedo, tengo mis obligaciones ¿sabes? No soy una chavala normal a la que te puedas llevar a un concierto y luego comerla la boca como sí nada. - la recrimino enfadada.

- Joder yo sólo quería ayudarte a darte un respiro, nada más Alba.

- Pues no puedo- dijo justo antes de marcharse y dejar a Natalia con las entradas en la mano.

 Miércoles 12 febrero, casa de Alba, 19:56.

- ¡Laia basta ya y comete las verduras! - gritó la madre desesperada por que su hija terminase de cenar y así poderla meter en la cama, la niña agachó la cabeza y obedientemente se termino la cena.

- ¿Que te ha pasado? - Alba miró a su hermana sin saber a que se refería- nunca gritas a Laia, algo te habrá pasado para que estes así.

- Es Natalia- dijo tras suspirar profundamente- Me ha traído una entradas para un concierto este viernes cuando sabe de sobra que Laia ha estado mala.

- Vaya, se merece la guillotina eh- se burló la pequeña de su hermana- Tata, quiere ir contigo a un concierto el día de San Valentín... además Laia esta ya bien, se puede quedar con mamá y conmigo.

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