Capítulo 2

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Después de la vuelta al instituto, hicimos una excursión de bienvenida a San Sebastián, donde no paramos de visitar la playa, Isa y yo, con los dos chicos. Todos nuestros compañeros sospechaban que algo pasaba, pero nadie dió su opinión, cosa que agradecí.

-Buenos días, he recibido quejas de otros alumnos, de que no permitís que se relacionen vuestros dos amigos, dicen que les hacéis algún tipo de chantaje.- La directora me miró a los ojos y supe que si me reía, hacía muy mal.

-No sé porque dicen eso, en el viaje a la playa, sí, estuvimos todo el rato con ellos, pero porque ellos querían, no les chantajeamos con nada, sino, pregúntele a ellos.

Ella asintió y me dejó irme a mi clase, Isabel vino hacia mí, ya que había escuchado todo y estaba frunciendo el ceño. Sabía que a Isa no le gustaba que le tratasen como una abusona del tres al cuarto. Estuvo todo un día gritando que era la de siempre, y que le tratasen normal. Pero por lo visto ir con Lucas e Ignacio había hecho falsas acusaciones.

-¿Tú te crees eso?- Ladeé la cabeza, y le dije que no.- ¿Es que ahora somos el centro de atención?-Asentí con la cabeza. Y ella suspiró. Posó su mano en su rostro y se frotó mientras se quejaba en voz baja.

-Hey dulzuras.- Lucas, que venía hacia nosotras me vió y me guiñó un ojo, al acercarse a mi lado él pasó su brazo sobre mis hombros y me hizo acercarme a él.

-Lucas, Isa está de nuevo enfadada.

Señalé como ella seguía con la cabeza gacha mientras hablaba sola y al percatarse de que Lucas y yo la mirabamos, sonrió de forma educada pero sin mostrar felicidad. Él al verla con esa mueca en su rostro  empezó a reír mientras se alejaba de mí y le ponía las manos en su hombro para abrazarla y seguir riendo, su risa tan dulce y perfecta me absorbió por completo. Al ver como él la abrazaba deseé ser yo quien estuviera siendo abrazada por este chico.

-Sere, ¿hola? ¡¿Serena?!- Chasquearon unos dedos delante de mis ojos y me sorprendí. Vi en ese momento a Ignacio frente a mí, que estaba frunciendo el ceño al ver que estaba mirando de una forma extraña a Lucas, pero de inmediato al ver mi cara de sorpresa empezó a reírse y como no tenía ningún arm,a de defensa, le saqué la lengua.- Pero que chica tan infantil, ¿no?

-Solo en algunas cosas.- Me miró pensativo y siguió riéndose.

-Me gustaría saber en qué...- Lucas se acercó a nosotros junto con Isa y se rió con Igna. Me quedé quieta sin saber el porqué ellos estaban así e Isa, al ver mi cara de no saber, me explicó la situación.

-Niño pervertido.- Contesté una vez me di cuenta de ese porqué, ataqué.

-Idiota.- Ignacio sonrió y vi en sus ojos un brillo, se estaba divirtiendo.

-Niña consentida.

-Tonto.- Me puse roja cuando esté se acercó a mi rostro y me puse nerviosa al notar que me estaba susurrando:

-Síndrome de Estocolmo.

-¿Qué?- No tenía palabras para ese ataque. Ese síndrome trata de que un secuestrado se apadia y tiene una compasión hacia su agresor, ya que piensa que le han secuestrado por una buena causa y que no es algo malo.

-¡Ya basta Ignacio! ¡Serena deja de estar tan dormida! ¡Y tú, Lucas, no te rías!- Los tres nos giramos a Isabel que nos miraba con los brazos en jarra y suspirando. Alzó su vista y nos miró a cada uno de nosotros y nos dijo que eramos unos chicos muy infantiles, en general.

-Bella María Isabel Peña, tienes razón. Encima llegamos tarde a las clases, ya ha sonado la sirena.-

Di un respingo al darme cuenta de que Lucas tenía razón y me acordé de que me había olvidado de algo muy importante. Dejé de respirar y me quedé congelada, me acurruqué a Lucas y empezé a temblar.

-¿Qué pasa niña pervertida?- Ignacio intentó que no estuviera tiritando y me sonrió con una sonrisa reconfortante.

-Tengo un examen de física y pensaba estudiarlo en este rato, pero como me ha parado la directora y luego habéis venido, yo no he podido estudiarlo y no sé nada, voy a sacar un cero...

-Es verdad, yo ahora también tengo un examen, pero es de literatura, diré que fue culpa de esa maldita.- Isa sonrió malévolamente y me agarró del brazo para infundirme ánimos.

-Calma, vamos a ver, Sere, me estás dejando sin aire no te pegues tanto, aunque me encanta tenerte cerca, necesito oxígeno.- Me separé un poco de Lucas y le miré con cara de disculpas.- Bien, como Ignacio y yo tenemos tarde libre, os acompañamos a vuestra clase y les decimos que ha sido por nuestra culpa que habéis llegado tarde, así no os pasará nada y podréis hacer el examen con tranquilidad y no con menos tiempo.

-Muy bien, pero la idea de que ha sido esa maldita, no era tan mala. Al fin y al cabo, ella ha sido quien nos ha retrasado.- Isa intentó apoyar a Lucas, pero en el fondo sabíamos que no iba a servir de nada. Así que decidí encaminarme ya hacia el aula y listo.

-Niña pervertida, nosotros deberemos irnos hacia el otro lado para salir al parking, así que vamos a vuestras aulas, pero suelta ya a Lucas.

No sé si lo dijo con un poco de sarcasmo, pero sonó un poco molesto. Vi que debía ser porque estaba al lado de Lucas. Miré al moreno y le saqué la lengua, luego me puse a su lado y Lucas se colocó a mi otro lado. Entre ellos me sentía bien, segura.

Isa sabía que si tenía que elegir entre ellos y ella, les escogería a Lucas y a Ignacio, ya que mi vida estaba más marcada por estos chicos, a los que conocía desde pequeña. Yo conocí a Isabel porque le había ayudado en su primer año a ir hasta una sala y desde que vió que yo no la juzgaba, ella siempre venía conmigo. Después, yo me di cuenta de que, aunque no la necesitaba, estaba con ella porque su compañía me agradaba. Y a ella no le molestaba que fuera más con los dos chicos porque me explicó que le gusta estar más sola, pero que para no parecer una persona exraña, sí que viene más con nosotros.

Por eso, éramos amigas, porque nos respetábamos y confiábamos en la otra.

Después de ir a la última clase de ese largo lunes, ellos nos esperaron en la puerta principal para llevarnos a nuestras casas. Nos recogieron con sus motos, ya que tenían la edad para poder usarla y nos fuimos rumbo a casa. Como Isa y yo éramos vecinas, fuimos chillando para poder hablar.

-Gracias.- Le di a ambos un beso en la mejilla e Isa simplemente encogió los hombros a modo de agradecimiento.

Cada chico se fue por su camino, sin mirarse, ya que entre ellos aún había un abismo por culpa de la amistad. Y tal vez también por culpa del amor.


Solo dos  [Reeditando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora