Capítulo 4

109 16 0
                                        

Queda ya muy lejos el verano, los días pasaban lentamente y todos los estudiantes esperaban hacer una pausa, y dentro de poco sería eso posible, aproximadamente, faltaban dos días para la salvación. La ofrenda de flores del Pilar, el doce de octubre, en donde Zaragoza, una ciudad perdida en el Valle del Ebro, celebraba esa festividad; o doce de octubre, el descubrimiento de América, cuya fecha hacia que se hicieran fiestas en más partes de España; o el día del desfile militar, demostrando su poderío y señalando la autonomías españolas.

Las otras semanas fueron bastante intensas, ese viaje al principio de curso; ese examen sorpresa, para mí; o esa broma de la hora, para hacer que me moviese más...

Y hoy, sábado, estaba aburrida porque no estaba haciendo nada interesante, ya no había exámenes iniciales y eso hacía que no tuviese nada que hacer, mis padres estaban fuera, por lo que tampoco podía molestarles ni nada... Tener un fin de semana sin tener que estudiar no pasa a menudo, pero claro, todos mis amigos se habían ido a disfrutar de las vacaciones .

Así que me dirigí al jardín y pensé en el regalo para Isa, el 12 de octubre era su cumpleaños, por eso en realidad se llamaba María Isabel, porque nació en el día de la virgen del Pilar. Pensé en regalarle un vestido rosa con un lazo negro, para decir que aun seguía siendo muy infantil, aunque creciese, siempre le sacaba la lengua a nuestro vecino, comía toda clase de dulces y el chocolate, le enamoraba. Llegó a a tal punto que un día se puso un anillo de princesas, como si fuese uno de matrimonio y besó al chocolate, mejor dicho, mordió el chocolate. Definitivamente, le iba a regalar ese vestido para su fiesta, un álbum de fotos de cuando se caso con el chocolate y un anillo.

Empecé a pensar desde cuándo la conozco y me di cuenta de que le conocía desde que tenía cinco años, pero solo nos veíamos cuando estábamos en casa, en ese momento no íbamos al mismo colegio. Éramos vecinas, pero al no tener ningún amigo o contacto en común, jamás nos hablábamos, pero cuando hace dos años vino al mío y empezaron a molestarla, decidí ir a ayudarla En ese momento, empezamos a hablarnos más y a ir juntas a casa, un día le presenté a mis dos mejores amigos y le aceptaron, desde entonces, somos un grupo bastante extraño.

Juras que verás mi alma cayendo a tierra. Piensas que...

Me levanté del suelo y entré a casa, observé el salón hasta encontrar mi móvil en la mesa del comedor, antes de descolgar miré quién era y leí que era Ignacio, ¿no iba a dejarme en paz?

Ignacio: Hey. Soy Ignacio, necesito un consejo sobre una cosa, ¿está bien cariño?

Yo: Hola Ignacio, sí, sí que puedes contarme, pero antes, yo estoy bien y... ¡¿Cariño?!

Ignacio: Oh mi amor, ya me contestas cuando te digo eso. Pero antes de que gruñas y te enfades, te llamaré cariño cuando no esté mi novia cerca.

Yo: ¿Novia? ¿Tienes novia?- No sé que pasó después, me sentí muy mal y me costó respirar. No pensé que él tendría novia, estaba tan empeñado en que eligiese entre Lucas y él... Para disimular mi decepción y mi sorpresa, decidí decir algo más.- Pero, Ignacio, que malo eres, ¿cuándo ibas a decírmelo?

Ignacio: No sabía como decírtelo... Espero que me ayudes porque voy en serio con ella.- Me quedé callada, escuchando su respiración a través del móvil y no dije nada.- ¿Estás enfadada?

Yo: No.- Me tapé la boca con la mano y ahogué un sollozo. No me gustaba, ni de cerca podía sentir algo por él, pero al decirme eso, para mí era una forma de decir que me dejaba de lado para siempre.

Ignacio: Oye, no te pongas a la defensiva, ¿acaso estás celosa, mi amor? Bueno, como sea, necesito tu ayuda porque tú... Tú me conoces muy bien.

Solo dos  [Reeditando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora