12-Daños a la par.

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Me moví acalorada en la cama, me giré despacio para no caerme de la cama, la cama era grande, pero había algo que me quitaba un trozo de ella.

Vi a Ignacio dormido, su rostro estaba tan cerca del mío que temía que pudiera robarle su aire.

Me pregunté cómo y por qué estaba él aquí, pero no iba a despertarlo.

Me levanté despacio y salí en completo silencio por la puerta, la cerré con cuidado y bajé a la cocina.

-Vaya Serena, si que madrugas.-Jot me señaló una butaca para que me pudiese sentar.

-Jot.-Cogí un mechón de mi pelo y lo pasé por detrás de la oreja izquierda.-Llámame Sere, eres ya como un amigo.

Él asintió y miró su reloj, era de esos que te ponía en que día vivías, yo siempre quise uno, pero no encontraba uno azul turquesa.

-Ayer dijiste que te quedaban seis días para tu cumple.-Asentí, no sabía que quería decirme.-Sin embargo tu cumple es el treinta.

Volví a asentir, no sabía que quería saber, y tampoco sabía porque insistía tanto.

-¿Sabes a que día estamos?-Me quedé quieta, y Jot lo tomó como un no.-Sere, hoy estamos a veintitrés, no sé porque no lo sabes, pero algo te ha debido de pasar.

-Ignacio hace varios meses discutió conmigo.-Cogí una galleta que él me entregaba.-Discutimos sobre Beatriz, la ex de él.

-¿Ha tenido novia?-Hice un sí con la cabeza.-Pensé que primero le pediría salir a la chica que él de verdad quería.

Pasé por alto ese comentario, lo último que necesitaba ahora era imaginarme que él siempre me había querido.

-Sabes, tú y él os conocéis desde que erais niños.

Me guió hasta el salón, yo estaba bastante intrigada en saber si en verdad Ignacio me conocía de antes o no.

Jot removió en una estantería varios álbumes, CDs, fotos, hasta que dió con un álbum marrón clarito.

Me lo pasó y me dijo que mirase lo que quisiese.

-Él o su familia, cada año me envían dos fotos de él, y yo las guardo aquí.-Empecé a pasar las fotos y a ver a un niño que era igual que Ignacio.-Mira, está es la foto que me sorprendió, esa.-Señaló a la niña.-Esa eras tú, y el de la cresta Ig.

Miré extrañada a Jot, me dijo que él le llamaba Ig, y que sí, Ig desde pequeño llevaba cresta.

Miré la foto más detenidamente, y le pregunté por qué le enviaron esta foto.

-Su padre dijo que él no paraba de hablar de esa niña.-Sonrió y paró, quería que me pusiese más intranquila.-Con los años, él me enviaba cartas diciendo que le gustabas.

-¿Cartas?-Ahora con las redes sociales y con los móviles se me hacia raro pensar en cartas normales.

-Éramos más pequeños, y no teníamos todo lo que ahora, sino, él me bloquearía el móvil de tantos mensajes de ti.

Me reí con ganas y seguí mirando las fotos.

Un reloj que había en la pared hizo un ruido, para avisar de que eran las ocho ahora.

-Deberías volver a la cama, solo has dormido seis horas.

-Pero si son ahora las ocho, he dormido siete horas.-Empezó a reírse cuando yo conté las horas con los dedos.

-Sere, ¿cuánto tiempo llevamos hablando?

No contesté, sabía que él tenía razón así que le dije que Igna estaba en mi dormitorio, y él me guió hasta el suyo.

Solo dos  [Reeditando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora