Bitácora número XXXX:
Según llevo la cuenta gracias al viejo televisor, hoy han transcurrido quince años desde que el país cayó en crisis. Extraño muchas cosas de aquella época, antes de que todo se volviera un caos. Extraño el pan casero de papá, las tortas fritas de mamá, ¿las nuevas generaciones sabrán qué es un mate? A mí no me gustaba, era tomar yuyos con agua (y azúcar, en caso de que lo prefirieras dulce), pero era una costumbre del país que alguien, estoy segura, aún debe transmitir a las próximas generaciones en secreto. Extraño Montevideo, aunque era molesto el tránsito y toda la gente apurada empujándote, los ómnibus llenos en verano eran una tortura. Extraño caminar por 18 de Julio o ir a la rambla. Me gustaba ir al Parque Rodó y subirme a la Rueda Gigante, lástima que ahora solo deben quedar cenizas de aquel divertido lugar. Extraño las salidas espontáneas con mi grupo de amigas, ¡caminar solas por la calle! ¿Alguien recordará eso? Gritábamos como cotorras y reíamos como hienas, sin que nadie nos dijera nada. Éramos tan felices, ¿por qué tuvo que acabar? Tal vez el país estaba acostumbrado a estar bien, bueno, comparado con el resto de países. ¿Qué será de ellos? En los informativos solo muestran los discursos del presidente pidiendo que paren con las manifestaciones y destrucción, además de seguir haciendo lo que él quiere con lo poco que queda de nosotros, ni siquiera podemos salir del país porque estamos en riesgo de que nos asesinen. Recuerdo cuando viajé al extranjero una vez, fue la única vez que pude salir de Uruguay. Había tanto por conocer y probar... Ahora estamos desconectados del mundo, si es que aún existe. Perdimos el internet, las llamadas son monitoreadas y no podemos hablar con personas de otro lugar que no sea acá. Extraño a mis familiares, ¿qué será de ellos? ¿Estarán bien? Yo estoy sola, mis padres desaparecieron un día y mi hermano era un fiel militante de la libertad, hasta que le dispararon en una manifestación pacífica. Al principio estuve en un grupo donde aprendí sobre supervivencia, pues no tenía ni idea qué rayos hacer, apenas tenía 17 o 18 años y no había procesado completamente las cosas que estaban sucediendo en el país, por lo que estaba arraigada a los métodos comunes para vivir. Pero en ese momento ya no era mi país, era como un campo de batalla lleno de civiles inocentes. En el comienzo de la presidencia de aquel hombre, quien había dado un discurso lo suficientemente bueno para convencer a muchísimos votantes, gran parte de la población dudaba sobre el futuro del país sin embargo ya no había opción, pues la democracia había dictado que él conduciría nuestro país durante los próximos 5 años, en teoría, por supuesto. Los impuestos comenzaron a subir, la educación pública poco a poco dejó de existir y algunas leyes, por las que tanto tiempo se estuvieron luchando, fueron revocadas de la nada; desde ese momento, el pueblo intentó alzar su voz. ¿Por qué digo "intentó"? Pues todo salió mal, muy mal. Les cortaron la lengua, hablando metafórica y literalmente, los niveles de homicidio y suicidio aumentaron mucho, un 120% o algo así, las manifestaciones pacíficas no terminaban de la misma manera, el presidente hacía oídos sordos pues él tenía el poder absoluto (sí, disolvió las cámaras un año después de estar en el mando y por eso logró revocar las leyes). No había razones claras para asesinarte, a veces era por tener una insignia que representara una revolución y otras era por estar de la mano con una persona de tu mismo sexo. En definitiva, el país era un caos. El miedo fluía por todas partes, se podía palpar en cualquier esquina. Los militares recorrían hasta el último rincón del país, haciéndote sentir aún más inseguro que cuando te robaban en las calles. Hasta hoy en día, mientras escribo esto, me pregunto cómo hacían las personas para ir a trabajar y en dónde trabajaban, pues tampoco habían demasiadas empresas después del quilombo que se armó en todos lados. Yo sobreviví los quince años gracias a las estrategias aprendidas para robar y esconderme de los militares, ahora estoy dentro de una casa abandonada, la cual es revisada siempre a las tres de la tarde los días viernes. No me queda demasiada comida, tal vez para unos cinco o seis días más, quién sabe, y luego tendré que huir a otro sitio. Durante las cadenas nacionales, que deben ser escuchadas y/o vistas por todos los ciudadanos, incluso niños y militares, aprovecho para salir de mi escondite en busca del próximo lugar al que iré o revisar si aún quedan provisiones en la zona. Un par de veces me he encontrado con sobrevivientes como yo, por lo que tener una charla con ellos o quedarme en su escondite una noche ayuda a no volverme loca. Perder la cordura no tiene que ser una posibilidad sino voy a terminar muerta, literalmente. Olvidé mencionar que las enfermedades también van a acabar con nosotros, ya que tampoco podemos acceder a la salud porque dejó de ser pública. Volvió la tuberculosis, el mal de chagas y diversas enfermedades que supuestamente eran controladas o habían sido erradicadas de nuestro país. Me siento cansada últimamente, tal vez algún parásito esté carcomiendo mi cuerpo desde adentro, quién sabe, nunca me gustó la medicina ni la biología ni ese tipo de cosas. Ya no tengo esperanza de que el país se recupere, probablemente la humanidad se extinga pronto, ese deseo que tenía en mi adolescencia se está volviendo realidad pero no de la manera que yo quería. Recuerdo cuando una profesora de Filosofía comentaba, sin una pizca de miedo o preocupación, que merecíamos extinguirnos por haber destruido gran parte del planeta y yo me quedaba shockeada por la sinceridad de aquella mujer. Hoy lo entiendo. Hoy entiendo por qué, antes de que el hombre asumiera el cargo de presidente, gran parte de la población estaba asustada por el futuro del país. Esta realidad no la creí posible, pero está frente a mí y la veo con mi miopía que sigue en aumento, la siento con mi piel llena de cicatrices, heridas y moretones. Cada día quiero creer que es solo un videojuego realista en el que he estado inmersa por mucho tiempo, pronto papá me va a llamar para cenar y mi hermano va halagar a mi generación en la mesa, mientras mamá va sirviendo la comida; estoy cansada de tener que sobrevivir en este apocalíptico mundo. ¿Por qué tuvo que terminar así? ¿A quién debo culpar de esto? ¿Al presidente que está abusando de su poder o a los votantes que creyeron en sus mentiras y se dejaron lavar el cerebro?
Fin de la bitácora.
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En formato de audiolibro por @DanielaCriadoNavarro ¡Muchísimas gracias!
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Luces de mi alma [Completa]
Short Story"Luces de mi alma" es una recopilación de cuentos cortos de la autora, viendo el mundo desde diferentes puntos de vista. Desde la tristeza hasta el amor, pasando por la felicidad y la melancolía, son algunas de las tantas temáticas que se llevarán a...