Víctima 14

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     Soy una persona que siente de forma diferente a los demás. O tal vez no, tal vez soy como todos, pero... ¿Por qué no encajo? ¿Por qué me desangro de forma lenta, rápida, eterna, fugaz? Huelo hierro, sal y muerte. Las prendas que llevo puestas están teñidas con líquido carmesí, mientras que mis rodillas perciben la humedad en la tierra.

     Mi vida se pasa ante mis ojos. ¿Respiro? ¿Continúo haciéndolo? Una brisa congelada penetra en la piel desnuda de mi rostro y luego me desplomo.

     Al principio no recuerdo cómo llegué a este punto, pero pronto estallan las imágenes cuales fuegos artificiales en año nuevo: playa, fogón, monte, él.


     Me acomodo a un lado de mi cadáver y observo las copas de los árboles, distraída, sin perturbarme por la situación actual. Si aún siguiera con vida, seguramente estaría en crisis por recordar el rostro angelical del joven; ahora no importa si me apuñalaron varias veces con una cuchilla o si el culpable de más de un delito continúa libre, en busca de más chicas inocentes como yo para perpetrarlas de esta manera, porque ya no hay forma de volver atrás ni evitar el asesinato.

     Son las tres de la mañana, creo. Deambulo por el monte, tranquila, danzando entre los árboles con mi nueva forma. El lugar parece estar inhabitado, aunque encuentro bultos que, supongo, son las otras víctimas enterradas. Según lo que me dijo él, suele venir a la noche siguiente a darles su merecido entierro, ya que primero se deben esperar 24 horas a que el alma se eleve al cielo... Me gustaría decirle que no funciona así, a menos que alguien allá arriba no esté haciendo su trabajo como corresponde. Nunca creí en dioses o entidades, por lo que menos me importa a dónde me lleven, si es que hay un lugar para ir, claro.

     Luego de mucho andar me encuentro con una salida. Frente a mí está la ruta donde ningún vehículo transita a esta hora.

     —Señorita —Me giro, dándome por aludida—. Usted viene conmigo.

     La mujer es anciana, de baja estatura y viste prendas oscuras. Sostiene un bastón de madera blanquecino con cachivaches pequeños atados en una cuerda.

     —¿Quién es usted y por qué puede verme?

     —Soy una ayudante del Joven Muerte, quien me envía a buscar las señoritas como usted...

     —¿"Como yo"?

     —Sí, como usted: chicas que han perecido en manos del mismo joven —explica paciente—. Ahora, por favor, acompáñeme.

     Sigo sus órdenes, siendo consciente que tampoco tengo algo más para hacer. Durante la caminata me informa que soy la número 14 en este año y seré llevada a juicio para reencarnar en alguien más, ya que mi muerte, así como las 13 anteriores, no se consideran justas en el reglamento del Joven Muerte.

     Es interesante que den otra oportunidad. En vida eso no pasa, ¿no? Digo, porque cada día niñas, adolescentes y mujeres son asesinadas injustamente por personas que merecen ser encarcelados por sus actos, pero, muchas veces, se salen con la suya.

     Hoy soy una víctima más, una de muchas en el mundo. Mañana, ojalá, quiero ser la última.


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Buenas, personitas del multiverso.

Es una hora bastante insana para andar publicando un relato, pero está recién salidito del horno y merecía un espacio acá. Música triste + mezcla de sentimientos es una buena combinación si se desea crear un relato fuerte, crudo, como este.

No duden en comentar qué les pareció, y, obviamente, dejar su estrellita/voto.

Saludos desde las nubes, Nadia.

Luces de mi alma [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora