Capitulo 2 : La ira del youkai

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De nuevo, una imagen borrosa pero consistente bailoteaba a su alrededor. La forma de aquel ser no era clara, pero poco a poco algo se aclaraba en su mente, así que, finalmente y después de forzar su vista, algo nuevo emergió de aquella oscuridad, era la silueta de un hombre, con su cabello ligeramente desordenado, notablemente más alto que ella y cuyos ojos rojos no dejaban de verla desde la distancia.

Quiso retroceder pero estaba petrificada, sus piernas yacías pegadas al suelo de forma permanente, intentó hablar, gritar o lo que fuese, pero lo único que emergió de su garganta fue un débil gemido y al tiempo un inmenso calor que sentía consumía todo su ser desde adentro. El hombre, que se acercaba lentamente hasta ella se detuvo y alzó una de sus manos para tocarle el rostro, su piel no era dura ni rasposa, pero si era gruesa y algo callosa. Acarició su mejilla izquierda con parsimonia, su cuerpo ya estaba muy cerca.

—Hinata. – emergió un jadeo de su boca y ella tembló aterrada. —Mi Hinata. – un espeso vaho emergió de su nariz, bañándola de aquella vaporosa calidez. —Llegare a ti. – propuso, sus ojos rojos estaban cambiando de color, ahora eran amarillos. —Tan sólo espera. – su voz también sonaba diferente.

Quiso responderle pero las palabras murieron en su boca cuando contempló varios apéndices inusuales detrás de él; y estaba segura que si su mente no estaba engañándola… aquellas cosas eran colas.

—Nueve. – susurró.

Entonces despertó.

Cuando espabiló se encontraba recostada en un conjunto de paja, que aunque algo arcaico era muy cómoda. Parpadeó un poco, recuperándose del shock anterior y entonces recordó su situación. Se enderezó con algo de dificultad, pues la fatiga parecía haberse intensificado y no en vano. Usar el Byakugan consumía mucha energía, además de su estado enfermizo aparente.

Su cuerpo se tensó al escuchar pasos alrededor suyo. Visualizó entonces la pequeña habitación en la que se encontraba, se trataba de una pequeña pagoda de sólo un piso, parecía en realidad una casa de paso hacia un lugar en específico, el cual adivinó al momento que la puerta principal se abrió. El aire frio de montaña le dio una idea, además de que el youkai que la había secuestrado se limpiaba de los hombros algunos copos de nieve.

—Oh, mi linda novia despertó. – el muchacho terminó por sacudirse el resto del agua congelada. —¿Dormiste bien? – ella evidentemente no respondió. —Entiendo, entiendo, no me dirigirás la palabra. – se sentó frente a ella. —Eres muy hermosa. – volvió a pasar su lengua entre sus dientes. —Mi nombre es Inuzuka Kiba, soy el líder del clan de los perros de la montaña del norte. Tu nombre es Hinata, ¿Verdad? Lo escuche cuando tu padre te llamó. – tomó aire y lo dejó ir contagiando aún más el frio a la mujer. —Eres una delicada florecilla, ¿No? – dijo con algo de risa. —Por suerte para ti, no estoy… hambriento ahora. No obstante, quiero apreciarte por unos momentos antes de continuar nuestro viaje.

—¿Qué… qué quiere de mí? - se atrevió a preguntar para deleite del perro.

—Nada complicado, tan sólo… a ti. – se carcajeó al ver su rostro desencajado. —Como lo dije antes, tu figura y ahora son tan exquisitos. Había recibido rumores que la hija de los Hyuga era una verdadera belleza y veo que eran ciertos. Mi deseo por ti es meramente carnal, no quiero que seas mi compañera pero… mientras la encuentro tú me servirás para entretenerme.

—¿En-Entretenerte?

—¡Claro! – dijo, como si fuera lo más obvio del mundo. —Me enloqueces pequeña, tienes una agradable… esencia. Pude olerla desde kilómetros, ese perfume que traes es encantador y me hace salivar.

—Tan sólo… quieres que sea tu esclava sexual. – era más fácil decirlo que comprobarlo, a lo que Kiba asintió.

—Eres muy lista.

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