Los pasos de Hinata causaban un eco pelicular mientras avanzaba en medio de aquella tierra humedecida por la lluvia. Jadeó al sentir como su ropa se atoraba en una raíz podrida y haló desesperada intentando escapar con rapidez.
—¡Hinata! – sintió una nausea cuando escuchó la voz de Naruto detrás de ella. Negó con la cabeza para decirse a sí misma que no podía detenerse ahora, con lo difícil que era escapar del cruel destino de la muerte, no iba a retroceder ahora, debía continuar y regresar a su hogar, a un lugar en donde no fuera atormentaba por las visiones de su desgraciado pasado.
Fue entonces, que no se dio cuenta que el bosque era cada vez más empinado, que las colinas por donde corría desesperada habían dejado de ser aquellos tramos planos y bien definidos para convertirse en quiebres peligrosos. Su vista, paradójicamente, estaba nublada y por más que intentaba quitarse de encima las lágrimas, la misma lluvia su precisión. Fue por ello que no se dio cuenta que se dirigía a una trampa segura.
Tropezó torpemente frente a un camino final, lo último que alcanzó a escuchar antes de que su cuerpo se adormeciera por la helada agua que la llevaba rápidamente por un cauce, fue la voz desesperada de Naruto.
…
Esa mañana, hacía pues una semana desde que Naruto la había rescatado de los perros, Hinata había logrado recuperarse al cien por ciento. Ahora no dormía todo el día, de hecho, en más de una ocasión la había sorprendido merodeando por la casa y dirigiéndose a jardín, en donde se quedaba estática mirando el árbol de melocotones, bastante pensativa.
Pero bien, esa misma mañana Hinata estaba algo distante, su mente parecía estar fuera de lo común y se había pasado todo el día en su habitación, acostada en el futon, sin siquiera comer o ir al baño, cuestión que mortificó a Naruto.
Llegó a su cuarto con andar calmado pero angustiado, la encontró recostada y despierta, tenía unas terribles ojeras, producto de noches de desvelo que por cierto no se había percatado.
—Hinata. – la sintió tensarse al instante. Ella retuvo la respiración un instante y después encorvó su cuerpo para temblar. —¿Qué pasa? ¿Estás enferma? – esperaba que la respuesta fuera negativa, mas la chica no contestó verbalmente, sino que negó con su cabeza. —¿No tienes hambre? – volvió a negar. Naruto frunció el ceño. —¿Quieres tomar un baño? – era lo último que se le ocurrió y Hinata volvía a negarse. Estaba perdiendo la paciencia.
—Disculpa… - susurró con parsimonia. —Pero me gustaría estar sola.
—Ya veo. – Naruto apretó los puños mortificado. —Si necesitas algo estaré cerca. – abandonó el sitio tal y como era debido y esperado por la chica. Una vez que Naruto se fue, Hinata regresó su vista al sitio en donde él había estado y dejó salir un suspiro prolongado. Miró su vientre y volvió a preocuparse.
Desde que comenzó con su tratamiento para recuperarse había estado el tiempo suficiente para pensar en las cosas con más tranquilidad. Su embarazo, además de ser una sorpresa monumental, la tenía muy cambiada en cuanto al humor. Ella era muy buena para ocultar sus emociones, pero en ocasiones no podía evitar los disparos de miedo, ira y felicidad que atentaban contra sus cimientos. A veces estaba tan tranquila y aliviada que le agradecía a Naruto por sus ciudades, pese a que no lo conocía, en otras, tenía tanto miedo que no se atrevía a mirarlo a la cara, en otras, estaba tan molesta que prefería no salir de su habitación.
No obstante, esa mañana sintió una angustia terrible. Era como si su cuerpo se estuviera reacomodando. Sus pechos le dolían, sus caderas también, sentía entumecidas las piernas y para colmo las ganas de orinar eran constantes. Todo era normal, puesto que cursaba con las primeras semanas del embarazo, pero para ella, quien estaba en una misteriosa casona, con un sujeto con el cual apenas se comunicaba pero que la complacía en sus necesidades más básicas y sin comunicación con el exterior, la sensación de exasperación empezaba a colmarla.
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Dynasty
FanfictionSpoiler : Cuando un demonio desea a una mujer no descansará hasta tenerla, es simple pero cierto. Pero, ¿Acaso esos ojos rojos que la visitaban cada noche querían decir que...? Hinata miró su vientre y después acarició el pelaje del zorro. En una di...
