Había luna llena, el cielo estaba despejado y sonido de los grillos adornaba de forma inocua los alrededores de aquel hermoso claro. Inclusos las luciérnagas se extendían alrededor en un baile lleno de pasión y emociones encontradas.
Un par de pies caminaban en silencio mientras sus manos extendidas a los costados, tocaban con delicadeza las hojas húmedas por el rocío de la madrugada, sus cabellos se movían en graciosamente al son de la fresca brisa, sus ojos cerrados con una mueca de satisfacción, como si jamás hubiera sentido el estar libre y en el mundo exterior.
—Casi olvidaba… lo hermoso que puede ser este mundo. – recitó para sí mismo, sin esperar a que nadie le contestase.
Continuó avanzando, hasta llegar a un lago bañado por una cascada, sus pies jamás pararon su camino, se plantó en la superficie del agua y dio paso a su recorrido sobre el cristal líquido. Se posó frente a la cascada y dejó que sus manos acunaran el agua helada que caía a cierta velocidad y presión. Permitió que esa agua le lavara el cabello con parsimonia, dejando que las gotas resbalaran haciéndole cosquillas en el cuello.
Pero, repentinamente, su espalda se estremeció y el resto de su cuerpo se enderezó de forma grácil, giró su rostro hacia atrás y se encontró con el objeto de su turbación.
—No es cortés espiar a los demás. – comentó con su tersa voz.
—Dis-Disculpeme. – de forma mísera y un tanto deplorable, se arrastró ante él un joven cuyo cuerpo todavía reposaba por el dolor de heridas viejas. —Pero no pude evitar verlo entre toda esta oscuridad. ¿Es usted, quien creo que es?
—Eso depende, ¿Quién crees que soy?
—El último descendiente de la Diosa Conejo.
—Oh, entonces has acertado. – se giró por completo, sus ojos siempre cerrados. —¿Qué deseas de mí? ¿O es que sólo te has acercado a saludarme?
—En realidad, sí tengo algo que pedirle, si usted me lo permite. – se veía cansado, como si el esfuerzo que estaba haciendo le costara cada gramo de energía que poseía.
—Te ves muy mal, chico. – dio algunos pasos hacia él, pero el aludido retrocedió. —¿Cuál es tu nombre?
—Inuzuka Kiba. – dijo con cierto temor.
—¿De clan perro? – el hombre alzó una ceja. —¿Cómo es que un miembro del clan perro vaga sólo por este bosque?
—Es algo complicado de decir. – finalmente se dejó caer en la tierra.
—¿Estás herido? – se acercó más a él.
—Sí, aún no he sanado por completo. Pese a que soy más resistente que muchos otros seres, estoy solo… y para un demonio perro estar solo significa muerte. He tenido que arreglármelas para sobrevivir en esta tierra hostil.
—¿Por qué? – se mantuvo en la orilla del lago, a la expectativa.
—Mi clan desapareció. – dijo con pesar. —Todo por culpa de un monstruo.
—Debió ser bastante poderoso. – sus palabras no expresaban sentimientos. —¿Y bien, qué quieres pedirme? – pero sí curiosidad.
—Quiero que me ayudes… a derrotar a esa bestia. Debe pagar lo que le hizo a mi clan.
—¿Venganza? – rio ante su petición. —Ootsutsuki Toneri no es un mercenario, chico.
—¿Qué puedo hacer para que ayudes?
—Me temo que nada. – dio media vuelta, Kiba entró en desesperación.
—¡Pero debes ser tú, sólo tú eres lo suficientemente poderoso como para enfrentarle!
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Dynasty
FanfictionSpoiler : Cuando un demonio desea a una mujer no descansará hasta tenerla, es simple pero cierto. Pero, ¿Acaso esos ojos rojos que la visitaban cada noche querían decir que...? Hinata miró su vientre y después acarició el pelaje del zorro. En una di...
