—¡Oye tú, seas quien seas sal de ahí ahora mismo! – exclamó el pequeño de siete años una vez que se agachó pretendiendo beber agua de un riachuelo.
Ante su orden, emergió lentamente una pequeña niña, aparentemente de su misma edad, quien sólo mostraba la mitad de su cuerpo y se cubría con la corteza de un árbol. Se sonrojó levemente por la pena de ser descubierta y tragó saliva con incomodidad. El rubio frente a ella tenía los mofletes inflados y le miraba con los ojos entreabiertos, frunciendo el ceño en el proceso.
—Dis-Discúlpame… - tan tierna y frágil, como siempre, Hinata agachó la cabeza mientras se disculpaba. —No pretendía espiarte es sólo que… me pareció extraño que… un niño como tú estuviera… solo en este bosque.
Claramente ese niño no tenía nada de extraño, salvo su color de cabello, que no era muy común en el Japón de aquella época. Además, sus ojos eran exquisitamente azules y eso le atrajo. Estaba vestido de un hakama con escasos pliegues de color negro con una camiseta de color naranja de mangas anchas. Ella, por otro lado vestía un kimono gris con adornos florales y un obi amarillo.
—¿Ah? – el niño se sorprendió al oírla hablar, su voz era tan dulce y un poco chillona, sin mencionar que baja, que le costó entenderle del todo. —Ah, ya. – concluyó después de un rato y tras sonreír amistosamente se acercó a ella. —Me llamo…, ¿Cómo te llamas?
—Hinata. – musitó, no obstante esta vez le escuchó perfectamente.
—Bien, debo irme. – dio media vuelta para comenzar a caminar de regreso al bosque.
—¡Espera! – ella se alertó. —¿Enserio te irás?
—Sí, yo vivo aquí. – señaló el bosque.
—¿Vives ahí? – eso la perturbó.
—¿Tú vives cerca? – preguntó inocentemente el pequeño. Hinata asintió. —Bien, entonces te veo luego. – y sin decir más se echó a correr, dejando a la pequeña Hyuga en suspenso.
—¡Hinata-sama! – uno de sus primos y cuidadores llegó donde ella en corto para tomarla de la mano con cara asustada. —¿En dónde se había metido? Me tenía muy preocupado, ¿Qué hubiera hecho si algo malo le hubiese…?
—Ryota-san. – la niña lo interrumpió sin querer. El mayor calló instantáneamente, no era común que Hinata interrumpiera a un mayor y eso llamó su atención.
—¿Sí, Hinata-sama?
—¿Los niños pueden vivir en el bosque? – sus ojitos blancos miraron con curiosidad a los de su primo.
—No, Hinata-sama. ¿Por qué lo pregunta?
—Por nada. – negó con su cabeza.
—Está bien, volvamos al palacio antes de que tu padre se moleste.
…
Sus sueños se vieron interrumpidos en un instante al sentir la brisa fresca sobre su cara y cómo se movía entre la maleza. Era como estar en el lomo de Akamaru, sólo que en esta ocasión no estaba atada, un algo tibio y aterciopelado cubría su cuerpo, protegiéndole del frío.
Sus ojos vagaron de forma desorientada a los lados, dado que mover el cuello le dolía, no pudo ver más que el bosque que se alejaba cada vez más y que comenzaba una zona de pastizales. Parpadeó, estaba mareándose de nuevo y no quería, todavía sentía un fuerte ardor en su espalda, pero estaba tan agotada que no podía gemir con cada rebote. Iban muy rápido, por lo visto, y lo que sea que la estuviera cargando era mucho más gentil que aquel perro.
Un color rojizo llamó su atención y ubicó alrededor de su rostro un pelaje suave y abundante. Se preguntó de a qué criatura podría pertenecer, pero no tenía ganas de pensar mucho. Volvió a sepultarse en un clímax oscuro cuando volvió a cerrar los ojos, fuese lo que fuese ese ser la había salvado, al menos, eso creía.
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Dynasty
FanficSpoiler : Cuando un demonio desea a una mujer no descansará hasta tenerla, es simple pero cierto. Pero, ¿Acaso esos ojos rojos que la visitaban cada noche querían decir que...? Hinata miró su vientre y después acarició el pelaje del zorro. En una di...
