Mi vida fue difícil, varios obstáculos se hicieron presentes en mi camino, pero los supere con valor e inteligencia.
Muchos me consideran una piedra en el sultanato, yo me considero su protectora.
Fui la hija de un sultán y ahora soy la esposa de un...
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|Mihrimah Sultan|
Hace unos días nació mi nuevo sobrino, eso inundó mi corazón de alegría debido a que ya tenía un tiempo que no se escuchaban las risas de un bebé; ya era hora que un niño llenará de alegría el harén.
Recorría con paso elegante los pasillos del palacio, hoy era un día muy importante, ¿la razón? El final de Nurbanu estaba más cerca de lo esperado, sólo era cuestión de tiempo para que eso pasará.
—Hermana. —Dirigí mi mirada hacia la chica pelirroja que se encontraba a mi lado—. Hace tiempo que no nos veíamos.
—Yo también te extrañe Safiye —susurré mientras ambas nos fundiamos en un fuerte abrazo.
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Hace años que me marché del palacio, debía cumplir con mis deberes conyugales para evitar que la gente hablará de ello; no quería vivir aquella vergüenza que pasó Fatma Sultan. Ella nunca cumplió con su deber como esposa y eso llegó a oídos del pueblo, empezaron a hablar.
—¿Qué te trae por aquí Mihrimah? —preguntó Safiye.
—Me enteré que el final de Nurbanu está cerca, así que quiero estar en primera fila para verlo —respondí con naturalidad.
—Será algo maravilloso hermana, ha verás.
Asentí con una sonrisa en mi rostro.
—¿Y tú a donde vas? —le pregunté a mi hermana.
—Voy a ver nuestra madre, quiere infórmanos de algo muy importante —explicó—. Quizás tenga algo que ver con la boda.
—¿Boda? ¿Qué boda?
—Ya verás hermana, ya verás.
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