CAPÍTULO 23: En busca de la esperanza

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"La esperanza se encuentra en los lugares más inesperados, donde menos lo esperamos, y a menudo, en los rostros más ocultos."


Narrado por Joseph

Han pasado tres semanas desde la desaparición de Isabella.

Tres semanas desde aquella noche que dividió mi vida en un antes y un después. Tres semanas de llamadas sin respuesta, de fotografías pegadas en paredes, de preguntas repetidas una y otra vez y de noches en las que el sueño simplemente se niega a llegar. Al principio, todos estábamos convencidos de que encontraríamos algo. Una cámara, un testigo, una llamada, cualquier cosa que nos condujera hasta ella. Pero los días fueron pasando y las pistas comenzaron a desaparecer una tras otra, como si alguien se hubiera encargado de borrar cuidadosamente cada rastro.

Lo peor no es no saber dónde está.

Lo peor es imaginar todos los lugares en los que podría estar.

Cada mañana despierto con la absurda esperanza de encontrar un mensaje suyo en mi teléfono. Durante unos segundos, todavía atrapado entre el sueño y la realidad, mi mente olvida lo ocurrido. Entonces recuerdo. Y ese pequeño instante de tranquilidad desaparece de golpe.

Mi familia está devastada. Su familia también. Sus amigos intentan mantenerse fuertes, pero puedo ver el cansancio en sus rostros. Todos buscamos respuestas y, aunque nadie lo dice en voz alta, puedo sentir que algunos comienzan a preguntarse si alguna vez vamos a encontrarla.

Yo también me lo pregunto.

A veces, cuando estoy solo, pienso en todo lo que pude haber hecho diferente. Quizá debí acompañarla aquella noche. Quizá debí insistir cuando noté que algo no estaba bien. Quizá había alguna señal que ignoré.

Pero culparme no la traerá de vuelta.

Lo único que puedo hacer es seguir buscándola.

Por eso, esa tarde decido salir de casa.

Necesito respirar.

Camino sin rumbo durante varios minutos hasta llegar a la plaza central. Es un lugar que conozco demasiado bien. Isabella y yo solíamos venir aquí cuando queríamos alejarnos del ruido de la ciudad. Había algo especial en este lugar; quizá era la tranquilidad de los árboles, el sonido constante de las personas conversando o simplemente el hecho de que aquí habíamos construido algunos de nuestros recuerdos más felices.

Ahora todo se siente diferente.

La plaza está llena. Hay familias caminando, niños corriendo alrededor de la fuente, vendedores ofreciendo comida y músicos ocupando pequeños espacios entre los árboles. La vida continúa como si nada hubiera sucedido.

Me pregunto cómo puede hacerlo.

¿Cómo puede seguir todo igual cuando para mí el mundo lleva tres semanas detenido?

Me siento en una de las bancas que Isabella y yo solíamos ocupar. Durante unos segundos no hago nada. Solo observo el espacio vacío a mi lado.

Es extraño.

Durante tanto tiempo ese lugar estuvo ocupado por ella que ahora parece demasiado grande.

Cierro los ojos y puedo imaginarla sentada allí, con las piernas cruzadas y esa sonrisa que siempre aparecía cuando intentaba convencerme de hacer algo que no quería.

Abro los ojos rápidamente.

No quiero torturarme con recuerdos.

Saco mi guitarra.

Mundos Oscuros [Editando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora