Capítulo 8 "Ofιcιηα"

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Estiró sus brazos arriba de su cabeza y después abrió su boca con el propósito de bostezar

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Estiró sus brazos arriba de su cabeza y después abrió su boca con el propósito de bostezar. Al terminar, otra vez sus dedos tocaron aquellas teclas con el propósito de redactar algunos documentos.

Oh, sí que la paso bien con el azabache, ya que tuvieron muchas cesiones de sexo... Cada vez que recordaba las escenas obscenas que había hecho junto con Dorian, un rubor invadia sus mejillas dando a conocer su vergüenza y excitación que aún poseía.

— En la mañana te había llamado un par de veces pero, siempre me llevaba al buzón...

La voz de su compañera lo hizo salir de sus más oscuros pensamientos. El joven arquitecto movió el mouse del computador, abrió una nueva pestaña que recién apareció y antes de leer el contenido respondió a esa inquietud que poseía la de cabello fuego.

— Mi teléfono ya morio —le contestó dando a entender que su aparato había concluido con sus funciones.

Nathan giro la silla y observó a su amiga que se encontraba de pie y apoyada a un lado de la mesa de trabajo.

— Oh, lo siento... —expresó la pelirroja dejando una mano en sus labios— pero al menos podrás comparte uno nuevo —su palma se posó en su hombro— ¿verdad?

Bueno, en parte si le gustaría tener un celular como posee la mayoría de la gente, ya que el que tenía era uno antiguo pero una reliquia que le había regalado hace seis años su madre. La idea de comprarse uno de esos celulares inteligentes sí que le fascinaba, pero, no puede.

— No lo creo... —dio a conocer con un suspiro— mi salario no me alcanzaría si compró uno, ya que el arriendo es la mitad de mi suedo, y después, la otra parte se va por los alimentos y el pasaje diario...

Ah, si que se siente miserable...

Aquella expreso tristeza por la realidad del joven, pero después, respiró y mostró una amable sonrisa: — Descuida, así es siempre al principio, pero cuanto firmes tu contrato indefinido, tu sueldo aumentará y tu angustia terminará... Podrás ahorrar para un celu, además, de tener las cosas que tu deseas, Nathan.

El castaño correspondió aquella sonrisa. En verdad es una buena amiga, la cual escucha sus problemas y lo ánima.

— Te lo agradezco Andrea —dijo el joven moviendo su mano a la ajena y sonriendo.

Solamente intercambiaron sonrisas, pero, aquello termino cuando sus orbes se desviaron ante una figura que se encontraba atrás de la chica.

— Lo siento por interrumpir —expreso el hombre que se introducía en la oficina.

La pelirroja de inmediato se movio con el propósito de quedar al frente del azabache.

— Buenos días, Señor Danforth —lo saludó con un beso en la mejilla al nombrado.

— Igualmente señorita Andrea y, Nathan.

Aquellas iris oliva se cruzaron con las azules, y sí, al ver aquellos orbes verdes, el joven, de inmediato bajo la mirada.

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