—Se llama arrope.
Harry revolvió el contenido del cazo con una rama a la que había dado forma de atizador. ___ lo miraba fascinada mientras volvía de dejar el cazo sobre las llamas que crepitaban en la chimenea.
—Creo que nunca he comido arrope.
Harry la miró con un asombro burlón.
—Has debido de ser una niña muy desgraciada.
—Seguramente.
Harry hizo una bola de arrope en la punta del palo y ella puso los ojos en blanco.
Desgraciada... Si él supiera... Su familia y su casa habían sido maravillosas. Tenía ponis y ropas delicadas, sirvientes, bailes y joyas. La ilusión de casi todo el mundo. Quizá si hubiera sido egoísta para desear el amor. Quizá debiera estar agradecida por los momentos que le estaban concediendo.
Miró al hombre que amaba. Sí, estaba agradecida. Por unas semanas de libertad y por aquel hombre que hacía que le temblaran las rodillas y que el corazón le diera brincos de alegría.
—Cuidado, Ángel.
___, absorta en sus pensamientos, no se había fijado en lo que estaba haciendo. Al sacar el palo del fuego, una llama había prendido el arrope. Apagó la diminuta llama de un soplido y se volvió hacia Harry.
—Yo creía que mis días de comida quemada ya habían terminado.
Él se rio ante la expresión desanimada.
—No te preocupes. El arrope quemado es muy bueno.
—No es verdad. Solo quieres consolarme.
Él arqueó una ceja.
—Yo no soy nada dado a consolar. Ya lo sabes.
—Es verdad.
—Pruébalo. Compruébalo tú misma.
Si estaba tomándole el pelo y le hacía morder algo que supiera a ceniza o a tizón, se vengaría inmediatamente. Quizá con unas cosquillas o algo igual de torturador.
Harry la miró con ojos burlones.
—No seas gallina.
Ángel levantó la barbilla.
—No soy gallina.
—Me alegro. ¡Vamos!
Notaba que él tenía los ojos clavados en ella mientras se metía el arrope en la boca. Estaba dulce, ligero, crujiente... Levantó la mirada.
—Está delicioso.
—Ya te lo había dicho —Harry seguía mirándole la boca.
—¿Qué pasa?
—Esto —se inclinó hasta que tuvo los labios casi rozando los de ella—. Tienes un poco... —le lamió el labio inferior—.., de arrope.
Ángel sentía que el vientre le abrasaba por un deseo atormentador, pero él no le dio uno de aquellos besos lentos y estremecedores.
No. Se apartó y sonrió.
—Ya está —susurró—. Delicioso.
—Eres un provocador.
—Lo primero es lo primero, Ángel. Te he prometido que iba a enseñarte a hacer arrope.
— ¿Quieres decir que tostarlo no es suficiente?
—¿Estás de broma?
—Hay niveles más avanzados, ¿eh?
—Mucho más —Harry esbozó una media sonrisa. Ángel reprimió las oleadas de anhelo que le bullían la sangre y vio cómo preparaba un buen arrope especial.
