No me arrepentiré nunca de ese beso, me hizo darme cuenta que la mujer frente a mí era la elección correcta.
Nos separamos mirándonos a los ojos, unas risitas salieron de nosotras y ella habló.
–No digas nada –pidió.
–Okay –dije soltando una risita.
Nos separamos y fuimos al auto, ella manejando y llevándome a no sé dónde. Durante el camino me di cuenta de lo hermosa que era Hanna, sus rasgos eran delicados y femeninos, una nariz pequeña, labios rosados, cabello un poco más corto que el mío, pero de un lindo color.
–Trata de no mirarme tanto, Kim... Intento conducir –pidió mordiéndose el labio, algo sonrojada aún por el beso.
–Lo siento. –reí.
Miré hacia adelante, fijándome el paisaje, o en realidad lo poco que había, pues eran todos arboles puesto que estábamos en una carretera.
–¿Cuándo tendrás la terapia? –preguntó y subió la potencia de las luces, ya era de noche y sabía que a veces se cruzaban algunos animales.
–Mañana, no sé a qué horario... estoy preocupada de no avanzar –respondí algo desanimada– Leí en internet que meditar ayuda a relajarse, mentalmente.
–¿Meditar? –preguntó curiosa, doblando y metiéndose en una calle, de pronto la calle era de tierra y empecé a ponerme nerviosa.
–Si, que ayudaría a mi mente a calmarme e ir recuperando mis memorias, sin tener que preocuparme en tener un ataque, ¿a dónde vamos? –pregunté ansiosa.
–Ya lo verás. –sonrió, relajándome un poco.
–¿No es peligroso? Está todo muy oscuro aquí.
Entonces estacionó y se quitó el cinturón de seguridad, hice lo mismo y ella me abrió la puerta, tomó mi mano y entramos en un local que no había visto al llegar. Era tan delicado, tenía las fotos de varios artistas que reconocí y música de los mismos, tenía un estilo de los 60, junto a mozas vestidas de la época, pero con un toque moderno.
–Buenas noches, Soy Samanta y seré su mesera esta noche –sonrió amablemente, dándonos paso hacia una mesa–¿Qué desean para ordenar? –dijo al darnos dos menús.
Pero miré a Hanna para que respondiera ella.
–Lo mismo de siempre –respondió sonriente a la camarera, entregamos los menús y entonces me miró.
–¿Lo de siempre? –dije y miré a mi alrededor, a pesar de estar en un lugar algo oscuro y apartado, mucha gente parecía venir aquí.
–Una comida que te encanta y seguro te siguen encantando –dijo y la miré, había brillo en sus ojos– Vinimos aquí una vez, hace muchos meses, querías traerme aquí para... que te perdone.
–¿Perdonarme? –pregunté confundida, en sus ojos ya no había tanto brillo.
–Me mentiste... Dijiste que me amabas cuando no era así –soltó junto a una risita– Pero me pediste una segunda oportunidad, y me trajiste aquí.
Sentí un dolor punzante en mi cabeza, pero traté de ignorarlo.
–¿Estás bien? –dijo Hanna preocupada, tocando mi frente– Tienes temperatura, ¿Te encuentras bien?
–Si, sí, estoy bien –aseguré y aparté su mano de mi frente con cuidado, notando que traía una alianza en uno de sus dedos.
Mi corazón se detuvo un segundo y la miré, ella estaba bebiendo agua y mirando hacia un lado.
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El Accidente (EDITANDO)
Novela JuvenilUna chica despierta en un cuarto, con muchos extraños a quien no reconoce, se encontrará con muchas situaciones de frustración, confusión, miedo, Kim parece tener amnesia y deberá aprender todo su pasado para comprender su presente...
