Zafiro relincha y entonces veo el pánico en sus ojos, ahora blancos. Ante el temor de peligro, activa su instinto de presa y se pone a pleno galope. No puedo. Noto mi respiración agitada, el corazón late demasiado deprisa. Pierdo el control del caballo y no sé cómo pararlo. La trenza que tenía hecha se desata contra el viento y de pronto no veo nada. El pelo me tapa los ojos y estoy entrando en pánico. No sé si aguantaré mucho más aquí arriba con Zafiro galopando a todo lo que puede.
Escucho a Bruno gritar y correr hacia nosotros pero está demasiado lejos y no llegará a tiempo. Vamos en contra del viento y a esta velocidad no puedo escuchar nada de lo que me grita. Sujetando como puedo las riendas suelto una mano para quitarme el pelo de la cara y poder ver qué sucede.
Entonces es cuando veo a mi derecha la gran sombra correr hacia nosotros. Una sombra peluda y marrón. Espera... ¿Peluda? Está más cerca nuestra, a unos metros y empiezo a distinguirlo bien. Ahora lo veo, es una gran mastín, viene a por nosotros... y enseñando los colmillos.
Zafiro se da cuenta de ello y aprieta más el galope. Sujeto rápidamente las riendas con las dos manos e intento frenarlo, pero es imposible. El perro se acerca aún más, por detrás de Zafiro. Éste sigue galopando pero de pronto lanza una coz con las patas traseras y pierdo el equilibrio.
Mi pie derecho se a salido del estribo y estoy a punto de caer. Noto el suelo más cerca...
Escucho un silbido y algo cambia. Bruno a silbado y el perro ha parado de perseguirnos. Pero a Zafiro no parece importarle, él sigue corriendo con tal de alejarse del peligro todo lo que puede. No puedo sentarme y agarrarme, me estoy cayendo. Y esta caída podría ser grave, demasiado. Muchas veces he escuchado que personas morían o quedaban tetrapléjicas con una caída así. Nunca pensé en ello, no me parecía real. Pero ahora estoy al borde del abismo.
Sólo tengo dos opciones. Dejarme caer e intentar rodar para no ser aplastada por Zafiro, o la más difícil: tocar el suelo con el pie que tengo suelto mientras galopa para así coger impulso, saltar sobre Zafiro y volver a meter el pie en el estribo.
Elijo la segunda opción, la primera podría resultar peligrosa.
Quedan tan solo unos metros para llegar al final de la pista, y si no consigo pararlo a tiempo saldré por los aires porque nos estamos acercando a toda velocidad hacia la valla.
No lo pienso más. Bajo el pie derecho hasta que roza el suelo y cuando estoy preparada tomo impulso. Doy un salto y caigo sobre el lomo de Zafiro, no pierdo el tiempo y vuelvo a poner mis pies en los estribos. Ya no corro peligro... o sí. Él sigue galopando y debo frenarlo ya. A diez metros está la valla. Sujeto con firmeza las riendas y saco todas las fuerzas que me quedan para tirar hacia atrás de ellas.
No puedo creerlo, pero es verdad. Zafiro disminuye la velocidad y ya no siento sus cascos retumbando en la pista. Poco a poco noto cómo se pone al paso y solo entonces empiezo a relajarme. Hemos estado a punto de comernos literalmente la valla de la pista. Ha faltado poco. Ahora noto el sudor en la frente y mi respiración agitada, también Zafiro está agotado. Resopla mientras caminamos y decido parar por fin.
Entonces vuelvo a respirar, a coger aire por primera vez desde que vi aparecer a aquel perro. Ya no corro peligro. Me giro sobre la montura para ver dónde está el perro y me doy cuenta de que Bruno viene hacia nosotros corriendo.
-¡Mia!, ¡Mia!-me grita desde lejos, parece apurado.
-¡Tranquilo, Bruno! ¡Estoy bien!
Llega hasta donde estoy agitado y asustado. Creo que él tampoco esperaba que apareciese ese perro.
-¿De verdad? Mia, temí que te cayeras. Te ha faltado muy poco.-Bruno suelta aire tranquilizándose y vuelve a hablarme- Me alegro de que estés bien, qué mal lo he pasado. No te preocupes, esto no pasará más. La mastín que ha salido corriendo es mía, suele estar suelta por el centro para que no entre nadie a robar pero a partir de ahora la amarraré a la hora de montar. Creo que ha debido de ver algo o asustarse y por eso ha salido corriendo. Lo siento, Mia.
-No pasa nada Bruno, no ha sido culpa tuya... Ha sido de ella.- digo señalándole-.
-Es muy extraño...
-¿El qué?- le pregunto a Bruno, parece pensativo-.
-Se llama Leona. Es raro que haya salido corriendo, nunca ha hecho algo así... Es muy noble. Vale, puede que ahora no te lo haya parecido pero es porque aquí hay algo raro. Creo que estaba avisando de algo. Y ahora que lo pienso, no estaba corriendo detrás de Zafiro, ella está acostumbrada a los caballos. Me parece que...-Bruno se gira hacia la dirección de la que salió Leona. Después traza con la mirada una línea imaginaria justo hasta el frente, al lado que da a la carretera, separada de la pista por las vallas y unos arbustos.
-¿Qué pasa?
-Mia, sujeta a Zafiro mientras vuelvo.
Bruno se dirige hacia la valla, cuando llega toma impulso y la salta. ¿A dónde va? ¿Va a dejarme aquí?
Entonces veo que se agacha junto a los arbustos y empieza a rebuscar entre ellos.
-¡Lo sabía! ¡Mia, ata el caballo a la valla y ven rápido!- me llama a voces de entre los arbustos-.
Hago lo que me dice. Me bajo con cuidado del caballo y de un salto llego al suelo. Cojo de las riendas a Zafiro y lo llevo a la valla más cercana. Tras amarrarlo como puedo, corro hasta donde está Bruno. Paso entre los dos palos de la valla y llego a los arbustos. Veo que está agachado, de espalda a mí y que observa algo en la tierra.
Me acerco un poco y me asomo por encima de su hombro. Entonces, me quedo asombrada. Justamente donde señala Bruno hay pisadas de zapatos.
-Mia, esto es preocupante. Las pisadas son recientes. Leona nos estaba avisando, aquí ha estado alguien hace poco. Mis alumnos entran por la entrada principal y se fueron antes de que llegases. ¿Qué hacía alguien aquí? La única opción es que estuviese espiando...-suelta aire pensativo y se pone a observar la huella una vez más, después saca su móvil y le hace una foto.
Bruno se levanta y va a decirme algo cuando de pronto escucho de nuevo los familiares ladridos de Leona.
La perra corre en la dirección de la que vino hace unos minutos ladrando hasta que la perdemos de vista. Tras unos breves segundos escuchamos relinchos furiosos de un caballo unidos a los ladridos, y entonces, nos tememos lo peor. Miro a Bruno a los ojos y veo miedo.
-¡Rápido Mia! ¡Los caballos están en peligro!
Saltamos la valla y corremos a todo lo que dan nuestras piernas de sí hasta el camino de grava para llegar a los establos. Por el camino no vemos a nadie, pero sigo corriendo. A cada tranco que doy noto más nervios. ¿Y si es un ladrón de caballos? ¿Y si está armado? No sé qué pensar, pero empezamos a ver los establos a lo lejos.
-¡Mia! ¡Quédate aquí, puede ser peligroso! Es mejor que vigiles si sale alguien.- me grita Bruno mientras seguimos avanzando.
-¡Bruno, no voy a dejarte solo, tenemos que salvar a los caballos!
-¡Oh, no!
-¿Qué pasa?-pregunto encolerizada.
-¡Destino! ¡Está solo en el paddock! Mia, prométeme que no te pondrás en peligro, por favor. Corre al paddock para ver si está bien mientras yo voy a los establos y llamo a la policía.- me dice-.
Sigo corriendo y escuchando los relinchos de un caballo a lo lejos. Entonces, al llegar a la esquina, cojo a la derecha y Bruno sigue recto hacia el arco de los establos. Por el rabillo del ojo veo cómo él se detiene, saca su móvil y llama a la policía para después entrar en las cuadras.
A lo lejos puedo ver el paddock, pero no lo bastante bien como para ver si Destino se encuentra bien. Cuando estoy cerca decido dejar de correr y pegarme al lado trasero de la casa de Bruno agachada para ver si hay alguien.
Acercándome poco a poco a las vallas del paddock veo una sombra negra moverse a gran velocidad por el campo. ¡Es Destino! Entonces empieza a relinchar y me doy cuenta de que el caballo que parecía asustado es él. Pero... ¿De qué está asustado?
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Destino
Teen FictionMia ama los caballos. Su sueño siempre ha sido aprender a montar. Un día ese sueño por fin se cumple en el "Centro Hípico La Herradura". Queda fascinada ante los caballos que hay, pero más aún cuando conoce a Destino, el precioso caballo negro del...