¡YA A LA VENTA! 🔥🔥
Un perfil de Instagram amenaza a Helen, y ella sospecha que tiene algo que ver con su nuevo poder de fuego.
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Helen es una hacker con un pasado oscuro que prefiere ocultar. En su instituto la odia todo el mundo y, tras recibir...
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A la mañana siguiente, siento un dolor punzante en el herpes al ponerme la mochila. Mi madre me mira desde la mesa de la cocina mientras toma café. Lucy también está desayunando, pero está más interesada en observarme que en la comida.
—¿Te ocurre algo? —pregunta indiferente. Le da un pequeño sorbo a su taza.
No he podido dormir en toda la noche; la espalda me ha torturado. Por la mañana he vuelto a comprobar cómo estaba y me ha dado muy mal rollo..., se han formado unos bultos en el herpes que parecen un par de cicatrices mal curadas. Además, tengo la cabeza tan caliente como una olla a presión.
Miro a mi madre, que sube las cejas. Prefiero no decírselo a ella. Todavía recuerdo la vez en la que amanecí con una erupción en la zona y, tras gritarme durante mucho rato, me llevó a urgencias. De hecho, se enfadó hasta con la recepcionista porque no podían atenderme de inmediato. Al final resultó ser una picadura de araña. ¡Es una loca obsesionada!
—Pues me duele un poco... —Trago saliva buscando algo que no la alarme demasiado, pero lo suficiente para quedarme en casa—: la barriga, estoy mareada... y creo que tengo fiebre.
Ella me hace un gesto con la mano para que me acerque. Con su mirada calculadora, inspecciona mi rostro e intento mostrarme lo más convaleciente posible. Pongo los ojos caídos y un gesto de asco como si estuviera a punto de vomitar. Posa el dorso de los dedos sobre mi frente y tras un rato, asiente. Me fuerzo en no sonreír victoriosa.
—Tienes fiebre, es verdad —suspira—. Ahora llamo al instituto para decirles que hoy no vas.
Lucy me observa mientras desmenuza su magdalena con el tenedor. No me quita ojo. A veces pienso que me analiza y eso me pone nerviosa. Cuando nuestras miradas se cruzan, ella la desvía y juguetea con su pulsera plateada.
Nunca hablamos, ni siquiera recuerdo haber jugado con ella cuando éramos pequeñas. No sé si me aprecia, solo sé que es muy rara.
***
Hoy es un día tranquilo; me dedico a ver series en Internet y varios vídeos graciosos. También hojeo los apuntes de informática, todos heredados de Jairo. Él siempre me los pasa conforme aprueba las asignaturas. Mientras los leo, pienso en lo que me dijo ayer: que soy una novata. Poco le faltó para llamarme newbie. Aprieto los dientes cuando pienso que quizás es cierto. Ayer no fui capaz de desactivar el perfil de Darkwings. Jairo tiene razón: esa persona es un hacker profesional y yo solo soy una niña con un arma que me queda muy grande.
Tras un rato con la mirada perdida en el texto, me decido.
Saco todos los libros de la mochila y en su lugar meto el portátil y el pendrive de Jairo. Hoy voy a quedar con él para devolverle el programa y anunciarle que no me ha servido para nada.
Un momento, ¿dónde he dejado el cargador? Recuerdo haberlo usado ayer por la noche... Suelto un bufido. Seguro que ha sido mi madre; tenemos la misma marca de ordenador y cuando se le olvida el cargador en la oficina, siempre usa el mío.
Cruzo el pasillo y cuando llego a la puerta de su cuarto, me asomo un poco. Vale, no está aquí. Corro de puntillas hacia su escritorio y me agacho al lado para desenchufar mi cable. Justo cuando me voy a marchar, escucho un crujido bajo mi pie. Mierda, ¿qué habré roto? Respiro hondo y lo levanto con cuidado. Es una memoria externa. Suspiro aliviada cuando veo que no está rota; solo he arrugado un poco la etiqueta de encima, aunque se sigue viendo lo que pone: «IRE».
Me agacho para mirarlo con más detenimiento. ¿IRE? ¿Qué narices significa eso? Juraría que lo he oído en alguna parte... Sí, quizás mi madre lo ha comentado hablando por teléfono. Serán cosas de su trabajo. Mejor no lo toco.
Salgo sigilosa de la habitación y me dirijo hacia la puerta del apartamento. Me dispongo a meter la llave en la cerradura con cuidado... y alguien la abre. Doy un respingo. En cuanto mi madre me ve, me dedica su característica expresión fría y cierra detrás de ella.
—¿No estabas enferma?
Trato de ignorarla mientras la empujo para abrir la puerta, pero ella me arrebata las llaves. Aprieto los puños con fuerza.
—Dámelas —le exijo. Intento alcanzar la llave extendiendo el brazo.
—Dime: ¿a dónde vas?
Vuelvo a probar, pero mi madre la aleja.
—Voy a la cafetería de Jairo —le confieso con las mejillas rojas de indignación. Ella ni se inmuta—. Por favor, es importante. —Siento cómo la ira empieza a subir por mi garganta.
Se queda mirándome con los ojos entornados.
—No, no te voy a dejar —sentencia. Me sonríe con tierna maldad—. Hoy has faltado al instituto. Ya que estás mejor, puedes hacer los deberes, ¿no?
Se me ocurre una idea.
—Es que también he quedado con Tina —contesto con rapidez—. Tengo dudas sobre algunos temas.
Mi madre duda durante un rato mientras yo la observo expectante. Suelta un suspiro.
«Igualita que su maldito padre».
—¿Qué? —pregunto desconcertada.
Ha dicho algo, estoy segura. Ha comentado algo sobre mi padre.
—No he dicho nada —responde con la sorpresa pintada en el rostro.
—Sí que lo has dicho —insisto—, has mencionado a mi padre.
Ella parece no salir de su asombro. De hecho, yo también estoy extrañada de que lo haya mencionado; es un tema tabú en la familia. Ni siquiera sabemos cómo se llamaba. Pero la he oído, ha dicho que soy igual que él. Sé que no me lo he imaginado. Ella cambia su expresión a la fría máscara de siempre.
—Toma —dice con brusquedad y me tira las llaves. Las cojo al vuelo—. Vete con tu novio a donde te dé la gana. Y piérdete de mi vista.
Abro la puerta y salgo como una exhalación antes de que cambie de idea. Mientras bajo por las escaleras, sigo pensando en lo que ha dicho sobre mi padre. ¿Qué le hizo para que lo odie tanto como a mí? ¿Y por qué niega haberlo mencionado?
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