¡YA A LA VENTA! 🔥🔥
Un perfil de Instagram amenaza a Helen, y ella sospecha que tiene algo que ver con su nuevo poder de fuego.
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Helen es una hacker con un pasado oscuro que prefiere ocultar. En su instituto la odia todo el mundo y, tras recibir...
Conforme el profesor habla, más gente pierde el interés. Hundo la cara entre las manos. Qué pesadilla. Las clases siempre me han parecido aburridas, pero la de Lengua es la peor de todas. Las normas gramaticales me provocan una jaqueca horrible.
El profesor nos pide que pasemos la página y se escucha un susurro general de hojas. Hago lo mismo con pereza máxima mientras aguanto un bostezo. Ojalá Tina estuviera aquí, al menos podríamos escribirnos papelitos más interesantes que esto. Qué pena que ella esté en la clase B y yo esté en la A. Aquí nadie habla conmigo.
Además, después de decirle a todo el mundo que ya no voy a vender más exámenes, algunos han llegado hasta a insultarme; la semana que viene tenemos un examen y, como es normal, la mayoría confiaba en mis chuletas. Les expliqué que ha ocurrido un fallo en la conexión con el servidor, pero sé que sospechan que me he visto obligada. El chivatazo del hackeo es el cotilleo más interesante que se susurra por las esquinas. Ya estoy harta de las miradas acusadoras de los compañeros; tengo que solucionar esto rápido, no puedo seguir estando en el punto de mira.
Giro la cabeza hacia un lado y la chica que está junto a mí desvía los ojos. Me estaba observando y no creo que sea la única. Todos saben que en realidad estoy atrapada.
Al pensarlo, mi mente me lleva a lo que ha ocurrido con mi hermana. ¿Se lo debería contar a Tina y a Jairo? Creo que Lucy hoy ha estado especialmente rara. ¿Por qué me ha apuntado con un arma? ¿Y qué quería decir con que iban a ocurrir cosas raras? No sé por qué, pero me inquieta...
Un olor intenso a quemado me alarma. ¿Qué tipo de loco quema algo en clase? Miro a mi alrededor extrañada cuando algunos gritos se extienden entre los alumnos.
—¡Helen! ¡¿Qué estás haciendo?!
La respuesta llega al instante. El crujido agonizante del papel hace que baje la mirada hacia mi libro, que se está quemando entre mis dedos. Intento levantarme, pero me quedo petrificada en el asiento. ¡No puedo moverme! El profesor se acerca a mi sitio y me grita algo que no consigo escuchar. Mis manos están agarrotadas en el filo de la mesa y se niegan a moverse. Solo despierto de mi estupor cuando el polvo blanco del extintor cubre mis manos y sofoca las llamas. Al fin consigo levantarme como si hubiera salido de un hechizo. Tengo el pulso acelerado y los ojos fijos en las páginas carbonizadas del libro. ¿Qué narices acaba de ocurrir? Pestañeo un poco y miro alrededor.
Algunos alumnos, agradecidos por la interrupción de la clase, ríen y silban, halagándome. Los más alarmados me miran como si estuviera loca, pero el profesor está rojo de ira. Yo abro la boca para intentar explicarme, pero él se adelanta.
—¡Señorita Dralla, al despacho del director! —Señala la puerta con el dedo tieso.
Como siempre, el director me recibirá con los brazos abiertos. Y no soy capaz de discutir porque mi mente todavía está nublada por la confusión.
***
Salgo del despacho indignada. No tenía mucho que contar: estaba durmiéndome en clase de lengua y de repente mi libro se estaba quemando. Sugerí que posiblemente hubiera sido una broma pesada de algún compañero porque yo no sabía nada. Aun así, todas las palabras sobraron: para él, yo había querido incendiar el colegio. Además de una expulsión de dos días, me siento intoxicada. Maldito ambientador de coco.
Me encuentro a Tina; se aparta de la pared y se acerca a mí con pequeños saltitos.
—Helen, estás loca. —Niega con la cabeza, divertida. Me agarra del brazo y me obliga a mirarla a los ojos—. ¿Cómo se te ocurre quemar el libro de Lengua en medio de clase?
—No lo hice yo —le aseguro—. Creo que ha sido algún compañero que me ha lanzado algo; una cerilla o uno de esos artículos de broma.
Tina intercambia el peso de un pie a otro con nerviosismo. Se muerde el carrillo con impaciencia. Creo que sospecha algo.
—¿Y si ha sido algún aliado de Luis?
Cruzo los brazos. No sé quién puede haberlo hecho.
—Luis no es el único enemigo que tengo.
«También está Darkwings», pienso con amargura.
Tina inclina la cabeza hacia un lado y yo me apoyo contra la pared con las ideas dando vueltas como un remolino. Doy un respingo.
—¡Helen! ¿Qué te ocurre ahora? —pregunta Tina alarmada.
He sentido algo en la espalda, algo duro y doloroso, justo en las marcas del herpes. Me llevo las manos a la zona y siento que las cicatrices sobresalen un poco. No es posible..., los bultos de ayer han crecido y además me dan pinchazos. ¿Qué está ocurriendo?
Tina trata de pasar un brazo sobre mis hombros, pero la rechazo con un manotazo. Me mira como si estuviera loca.
—Me voy a casa. —Me giro en dirección a secretaría.
Tina corre detrás de mí y, cuando llega a mi altura, me da la vuelta con brusquedad.
—Cuéntame qué te está pasando —me exige con el aliento entrecortado.
—No lo sé —le respondo mientras me deshago del fuerte agarre.
Retomo mi camino y trato de entender todo lo que está ocurriendo. Deseo que la locura sea la razón de todo esto.
***
¿Qué le está pasando a nuestra Helen? ¿Por qué se ha quemado ese libro entre sus manos? :0!! ¿Y os gusta la clase de Lengua? Esa era mi favorita cuando estaba en el insti. :,3. Pues nada, croquetitas, no os olvidéis de alimentarme con vuestras estrellitas y comentarios :3. Se despide un sushi Sushito
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