Las horas pasan con lentitud esperando la tarde. No tengo nada que hacer, así que, para gastar un poco de tiempo, voy al supermercado a comprar dos litros de leche. Cuando vuelvo a casa, dejo la desnatada en el frigorífico y la entera en la puerta de Lucy. Al entrar en mi cuarto, escucho el chirrido lento de su puerta y un chasquido rápido cuando cierra.
Miro la mochila que dejé ayer tirada en el suelo, me agacho para abrirla y agarro un libro. Cuando lo observo, se me escurre un escalofrío por la espalda: es el libro de Lengua. Está completamente chamuscado y blanco por el polvo del extintor. Al instante, recuerdo al joven que me atacó en la calle y su mano chamuscada. Aprieto los dientes mientras me acerco a la papelera y tiro el libro, que suelta volutas de polvo blanco mezclado con cenizas.
No sé lo que pasó en clase ni lo que le ocurrió a ese chico, pero no puedo ser la causante... Sacudo la cabeza. Estoy volviéndome paranoica.
Para alejar esos pensamientos de mi mente, saco otro libro de la mochila y lo lanzo sobre la mesa. Me desplomo en la silla mientras lo abro e intento concentrarme en estudiar. Sin embargo, sin darme cuenta, acabo por coger un bolígrafo y pintar dibujos amorfos en la esquina. En lo que me han parecido unos minutos, ya ha transcurrido una hora.
Mi mente es un avispero que zumba recordándome las imágenes del libro en llamas, el grito del secuaz de Luis y el mensaje de Darkwings: «Lo de ayer no fue casual».
Tiene que haber alguna explicación razonable, no puedo ser yo la responsable..., no. ¿A alguna persona le ha ocurrido esto? Que yo sepa, ni en los vídeos más locos de Internet hay gente que queme con las manos.
¿Y si Darkwings me está engañando? Puede que lo haya planificado todo para que yo necesite quedar con él y encontrar respuestas. Quizás es una trampa para llevarme hacia Luis y que se cobre su venganza.
Reviso el móvil cada minuto con obsesión. Sin percatarme, entro con más frecuencia en el chat con Darkwings. Ya he cerrado y olvidado el libro de texto.
El tiempo pasa y llega la hora del almuerzo. Me levanto con pesadez para ir a la cocina. Como mi madre no ha llegado todavía, no me molestaré en hacer algo muy elaborado, prepararé un sándwich. Cuando voy a buscar el jamón en el frigorífico, veo que en el poyete de la cocina hay una nota encima de un envase vacío. Pongo los ojos en blanco al reconocer de nuevo la letra de Lucy.
«Se me olvidó pedirte jamón».
Esta vez no se ha molestado siquiera en poner una cara sonriente.
Respiro hondo para apaciguar el enfado. Tengo que recordar que es mi hermana y que ayer me ayudó con el tema de la espalda; le debo una. Cierro los ojos e inspiro por la nariz. Frunzo los labios, Lucy me ha dejado sin comer. A la mierda la serenidad.
Agarro el envase del jamón, lo arrugo con la mano y me dirijo hacia la habitación de mi hermana. Levanto un puño golpear la puerta y pedirle explicaciones, pero me quedo con el brazo congelado y el aliento contenido en el pecho; he escuchado un crujido muy extraño. Bajo el brazo y trago saliva mientras acerco el oído intentando no hacer ruido con mi respiración. Lo vuelvo a oír y tuerzo el gesto; suena como una rama rompiéndose. ¿Qué está haciendo mi hermana?
—¿Lucy? —la llamo con la mandíbula tensa. Mi voz suena ahogada—, ¿qué estás haciendo? —Intento abrir la puerta, pero el pestillo está puesto.
Al instante, escucho el desliz de un papel y miro hacia abajo. Subo las cejas y me agacho para leer otra nota de Lucy: «Perdón por dejarte sin jamón. Ayer compré bizcocho y me sobró. Cómetelo.
Y los ruidos son de mi ordenador; lo tengo que arreglar».
Suspiro y dejo la nota delante de su puerta. No pienso almorzar bizcocho y no me creo que esos ruidos sean de su ordenador, pero me encojo de hombros y me doy la vuelta. Si me está ocultando algo, dudo que me lo vaya a decir.
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Hawing 1: Alas En Llamas
Fantasia¡YA A LA VENTA! 🔥🔥 Un perfil de Instagram amenaza a Helen, y ella sospecha que tiene algo que ver con su nuevo poder de fuego. 🔥 Helen es una hacker con un pasado oscuro que prefiere ocultar. En su instituto la odia todo el mundo y, tras recibir...
