¡YA A LA VENTA! 🔥🔥
Un perfil de Instagram amenaza a Helen, y ella sospecha que tiene algo que ver con su nuevo poder de fuego.
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Helen es una hacker con un pasado oscuro que prefiere ocultar. En su instituto la odia todo el mundo y, tras recibir...
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Las perlas frías de la lluvia caen por mi rostro como hilos plateados. Un sabor metálico se escurre por mi lengua cada vez que el cielo se ilumina. La calle solitaria está gris por la lluvia; parece más tarde de lo que realmente es. Las farolas se han encendido antes que de costumbre y una tenue luz anaranjada se desliza por el suelo mojado. Mis pasos resuenan. El constante chapoteo hace eco.
¿Qué ha sucedido en clase?, ¿y por qué me duelen tanto las marcas de la espalda?
De repente, siento un escalofrío en la nuca y me giro con el pulso acelerado. Contengo el aliento. No estoy sola, alguien está detrás; veo su silueta caminar hacia mí.
«Estoy volviéndome loca. Es imposible».
Mis pasos se vuelven más rápidos y termino corriendo, siento cómo el sudor empapa mis sienes.
«Helen, estás paranoica», me reprendo a mí misma. «Te lo has imaginado, no hay otra explicación».
Ya no me queda aire, así que paro. Trato de pensar y apoyo las manos sobre las rodillas mientras me recompongo.
Unos pasos me alertan de nuevo.
Vuelvo a caminar y palpo el bolsillo de mi pantalón: la navaja me inspira confianza, así que intento parecer tranquila. Siento los ojos de esa persona clavados en la nuca y el vello se me pone de punta.
Los pasos se detienen y todo ocurre muy rápido.
Algo afilado me pincha en la zona lumbar. La sorpresa acelera mi corazón, tiemblo aún más y pego las manos a los costados para disimularlo. Aprieto los dientes.
— No hagas tonterías —susurra a mis espaldas una voz rasposa pero joven.
El arma del joven no cede, presiona con firmeza, recordándome su amenaza. Contengo el aire; intento no parecer asustada. Si ve que tengo miedo, pensará que estoy a su merced.
Un fugaz pensamiento mantiene mi aliento agarrado en el pecho: ¿y si es Darkwings? ¡Porque esto tiene que estar relacionado con él! ¡No puede ser casual! ¿Qué piensa hacerme?
Trago saliva y busco mi navaja con la punta de los dedos... Seré rápida, ni se dará cuenta. Pero no la tengo. El pánico me asalta como un cubo de agua fría. La sobredosis de adrenalina me ahoga cuando intento respirar con normalidad.
—No hagas tonterías —repite más amenazador—. Y date la vuelta.
Mi corazón galopa. Obedezco con un suspiro contenido en los pulmones. Todas las alarmas se encienden en mi interior.
—Un placer verte de nuevo, Helen —dice sin soltar el arma. Solo soy capaz de temblar. El chico lleva ropa normal, pero su rostro está cubierto por un pañuelo negro. Inclina la cabeza hacia un lado—. Hiciste mal en usar a la hermana de Luis.
Abro los ojos sorprendida; ¿es un secuaz de Luis? ¿Hasta ese punto llega su odio hacia mí?
—¿Quién eres? —Trato de controlar el temblor de mi voz.
El arma empuja con más fuerza en mi estómago y él acerca su cara enmascarada.
—Eso no importa. —Retuerce la punta del arma. No me hiere, pero siento el frío de la navaja a través de la ropa—. Ahora voy a advertirte: si no admites la culpa, te vamos a destrozar la vida de un modo u otro. —Intento parecer valiente. Por dentro estoy con las tripas en la garganta—. Luis me dijo que eras fea con esos dientes torcidos que tienes. Estoy de acuerdo con él en una cosa: te queda mejor el pelo corto.
Me conoce, sabe lo que me hizo Luis. Es demasiado.
Una bola de ira estalla dentro de mí y le pego una patada en la rodilla con todas mis fuerzas. Me escuece la herida que me ha provocado su arma en el vientre. Él pierde un poco el equilibrio, pero apenas he conseguido hacerle retroceder; se ríe. Lo miro furibunda. Sus ojos, en cambio, expresan diversión.
Se abalanza sobre mí y me agarra del brazo, pero, cuando me toca, suelta un alarido. Me quedo petrificada al instante. Tira la navaja para sujetarse la mano, sollozando. ¿Qué ha pasado? Cuando veo su mano, el asco y el temor me revuelven el cuerpo. La tiene roja y llena de ampollas.
Aprovecho el momento para echar a correr lo más rápido que soy capaz. Siento el cuerpo tan caliente como una cerilla.
Los recuerdos del libro en llamas y de su mano quemada palpitan en mi cabeza. Y la posibilidad de que esto no sea una locura me aturde.
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