¡YA A LA VENTA! 🔥🔥
Un perfil de Instagram amenaza a Helen, y ella sospecha que tiene algo que ver con su nuevo poder de fuego.
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Helen es una hacker con un pasado oscuro que prefiere ocultar. En su instituto la odia todo el mundo y, tras recibir...
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A la mañana siguiente, veo que Lucy no está en la mesa de la cocina, se ha encerrado en su habitación. Qué oportuna, justo cuando quiero hablar con ella, me evita. Abro la nevera de un tirón y compruebo que falta el bote de leche que yo había puesto ayer. No creo que los dos hechos sean casualidad. Pongo los ojos en blanco y me doy la vuelta. Mi madre se está tomando el café solo a pesar de que lo detesta y no se molesta ni en mirarme.
—¿En serio? —bufo—. Lucy puede llevarse el único bote de leche que quedaba a su cuarto sin preguntas, pero yo no puedo ni beber un poco de zumo.
Mi madre chasca la lengua con un gesto torcido y deja el café sin terminar en el plato.
—Recoge la mesa. Me voy a trabajar. —Se levanta evitándome la mirada.
—¿Por qué no me respondes?
No dice nada. Entorno los ojos y cierro la puerta del frigorífico con un manotazo furioso que lo hace temblar. Se nota quién es la favorita. Desde luego, yo no.
—Si rompes la puerta, la pagas. —Se sube el bolso al hombro—. Que te vaya bien. —Sale de la cocina con rapidez.
Lo último que escucho es el tintineo de las llaves y un portazo. Me quedo un rato quieta, esperando el sonido de sus pasos al bajar las escaleras.
Bien, ahora toca saber por qué mi hermana está tan esquiva.
Salgo de la cocina y voy directa al cuarto de Lucy, pero titubeo en su puerta un momento. Dejo la mano en el picaporte, aunque, en vez de accionarlo, pego la oreja a la madera fría. No escucho nada.
—¿Lucy? —la llamo.
Al instante se oye el susurro de la ducha. Suelto una risa sarcástica; no voy a caer con ese viejo truco. Me dirijo al baño y toco la puerta con fuerza.
—Soy capaz de entrar si no me contestas —la amenazo subiendo el tono de voz.
Pero no me responde.
—¡Voy a entrar! —canturreo mientras acciono el pomo.
Ella abre antes. Doy un respingo, sobresaltada.
—Estoy ocupada. —Noto cierta molestia en su voz.
Lucy está agarrando la puerta con una mano, con la otra sostiene una toalla e intenta tapar sin éxito las curvas marcadas de su cuerpo. La piel blanca resplandece cubierta por una fina película de agua y el pelo mojado le cae como un pesado manto negro hasta las caderas. Me quedo un rato observando su cuerpo perfecto con una pizca de envidia al compararlo con el mío. Demasiado alta y delgada como una caña.
—Estás aquí por algo —me recuerda.
Sacudo la cabeza intentando ordenar mis pensamientos.
—Sí, claro —murmuro. Me detengo un momento con la mirada perdida, pero luego la dirijo hacia sus ojos—. ¿Cómo sabías que las pulseras iban a funcionar?