Capítulo 9

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—Pero

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—Pero... ¿cómo? —barboto—. Me estáis tomando el pelo. O me estoy volviendo loca o sois unos malditos frikis.

Iven pone los ojos en blanco.

—¿Harías el favor de escucharme?

Intenta agarrarme del brazo de nuevo, pero esta vez le pego una bofetada con todas mis fuerzas. Él se lleva la mano a la cara, dolorido.

—No me vuelvas a tocar, lunático —mascullo—. Me marcho.

Doy media vuelta y dejo atrás a ese par de locos. Tengo las mejillas ardiendo y las manos en puños. Ya he tenido suficiente por hoy. Voy a irme a casa y a olvidar toda esta locura, bloquearé a Darkwings para que no me vuelva a molestar. Me da igual si enseña el maldito vídeo.

Entonces escucho un ruido metálico. Y otro más cerca. Me giro y se me escapa una exclamación. Antes de poder reaccionar, siento una embestida y una ola de agua que me revuelve con tanta fuerza que me pitan los oídos. Doy varias vueltas, el cielo y la tierra se confunden, trago agua y acabo tirada en el suelo unos metros más lejos. Durante un tiempo, permanezco tumbada boca arriba, empapada y sin entender nada. Cuando intento respirar, rompo a toser. Me incorporo y abro los ojos, pero entre la película de agua solo soy capaz de distinguir una figura borrosa a mi lado.

—Tú tampoco me toques —gruñe Iven.

Me froto los ojos con las manos para ver con claridad. Al fondo se escucha el murmullo del agua; la fuente seca se ha activado. ¿Qué está pasando? ¿Acaso él ha hecho esto? ¿Estoy soñando? Me muerdo la lengua hasta que siento el dolor acompañado de un sabor metálico. El dolor, el agua... Todo es muy real.

—¿Qué eres? —Me parece una pregunta muy apropiada—. ¿Eres lo mismo que él? —Señalo al hombre alto, que ya se ha puesto su capa y avanza hacia nosotros.

Iven mira al cielo y murmura en un idioma incomprensible para mí.

—Con los nuevos siempre es igual —se queja—. Preguntáis hasta agotarme la paciencia. —Me mira durante un rato—. ¿Podrías ponerte de pie? Es incómodo hablarte así.

Me tiende una mano, pero no la acepto; me pongo de pie sola. El agua se escurre por mi cuerpo. Estoy tiritando.

—Bien, así mucho mejor, —Sonríe altivo. Me encantaría borrarle la sonrisa de otro guantazo, pero temo ser atacada por la fuente. Pone los brazos en jarra—. ¿Quieres saber lo que soy?

—Sí..., por favor —gruño.

Suspira. Parece que ya está tan harto de esto como yo.

—No soy un hawing, soy un sílfide —desvela al fin.

—¿Y qué es eso?

Él me dedica una mueca de superioridad.

—Tenemos poderes.

Hawing 1: Alas En LlamasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora