El día que todo paró.

19 5 3
                                        

Narrador omnisciente

Todo el mundo se había detenido, el planeta había dejado de girar al rededor del sol lo que dura un chasquido y mucho menos, pero para los habitantes de la tierra fueron 2 horas.

Hasta el reloj había parado, y cuando todo volviese a la normalidad todos seguirían su vida como si nada hubiera ocurrido, pero había un problema... No todos se encontraban estáticos. En un mismo edificio se encontraban 6 adolescentes, ninguno se conocía oficialmente, pero una anomalía en el tiempo los obligó a encontrarse.

Esperen y echemos un vistazo a lo que hacen esos desconocidos.

Un joven de cabello rubio se encontraba en medio de una discusión a lo grande entre dos muchachas aparentemente de la misma edad.

Gritos inundaban el gran teatro. Pobres muchachos; y eso que recién van por sus primeros treinta minutos.

Ooh esperen, para que entiendan bien lo que está pasando, debemos volver a atras, al menos unas horas, ahí donde todo se une.

11:28  New York.

- Ten en cuenta todo lo que hablamos...

La madre del joven Neoyorquino  beso su frente y acomodo su corbata antes de dejarlo ir en el auto de la familia, que iba siendo conducido por el chofer de toda la vida.

El joven al que en este momento vamos a llamar... uno. Se encontraba dirigiéndose al gran teatro, donde luego de audicionar iba, sin mucho entusiasmo, a retirar su bienvenida a la gran orquesta o tal vez su rechazo.

Caminó a una velocidad adecuada a la entrada del teatro, ese día el lugar se encontraba repleto de personas. Primero que nada, en la sala uno estaban dando el lago de los cisnes, ballet muy famoso y que hizo que se hagotaran las entradas en menos de una hora.

En los pisos siguientes las  audiciones se llevaban a cabo, y en otro las respuestas a audiciones ya hechas se encontraban pegadas en una gran pizarra. Y ahí es donde uno debía ir.

Todo marchaba relativamente bien para él, subió al ascensor con tranquilidad y acomodando su corbata fue como bajo de él. El joven de dieciocho años lograba aparentar una madurez muy lejana a la de sus años, pero sólo el sabía, que no soportaba fingir algo que no era.

- Disculpa, me interesaría saber como me ha ido con la audición que he hecho...

Nuestro humilde protagonista quedó con el ceño fruncido al ver que de repente todo había quedado paralizado. La señora que había estado por responder a su duda quedo con la cabeza en una posición que parecía dolorosa a la vista de otra persona. Uno, aún no reaccionaba a lo ocurrido, ¿Tal vez le estaban haciendo una broma? ¿Todos sabían de esto menos él?

Por unos segundos, decidió ignorarlo pero al ver que nadie reaccionaba comenzó a desesperarse, nadie respondía a sus preguntas ni si quiera a sus leves golpes de reacción hacia ellos. Él corrió sin saber que hacer, corrió y en una de las sorpresas del día sintió la campanilla del ascensor sonar.
Eso le trajo esperanza y a su mente llego la idea de que tal vez todo era una pesadilla, que se había dormido en el colegio y esa campanilla lo llamaba para que saliera al receso.
Pero no, luego de golpes que le dio al botón para llamar al ascensor y una tortuosa espera las puertas se abrieron dejando ver en el interior una chica de cabello rizado y lágrimas en los ojos. Eso ya en si parecía no ser bueno, pero peor fue ver que la gota no seguía el camino de su mejilla y en cambio se encontraba estática en su lugar.

Quiso gritar. Se noto en su mirada la enorme frustración que poseía.

Estaba perdido, como si todo fuera esa pesadilla que tenía de pequeño donde mamá y papá lo abandonaba y debía hacer la vida sólo. Sin nadie al rededor.

Habían pasado al rededor de 10 minutos cuando ya no sabía que hacer en ese piso, se había asomado a la ventana y vio al mundo estático. Los autos no seguían su rumbo y las personas que se encontraban haciendo su vida normal ahora se encontraban en su lugar, quietos. Ya había hecho todo, desde ver el resultado de su audición, que dio positivo,  hasta tratar de sacar el cuerpo inmóvil de la chica del ascensor, pero no fue capaz.

De pronto, una idea llegó a su mente. ¡Debería haber escaleras aquí!

Y ahí fue cuando comenzó la búsqueda por las escaleras, aunque fue más fácil de encontrarlas cuando escuchó una voz proveniente de allí. Aceleró su paso y tras larga búsqueda choco con ellas mientras se escuchaba una voz femenina decir: "Hola"

En ese momento, creyó estar loco. Pues ya hace diez minutos no escuchaba una voz y tal vez le estaba afectando. Pero aún así, para nuestra suerte, decidió responder.

- ¡Hola!

Gritó en respuesta, pero lo extraño fue que luego de su grito muchas voces repitieron lo mismo.

- ¡Oh dios! ¿Realmente hay alguien?

Y aunque no lo supieran, esas palabras fueron lo principal que los unió. Su camino a partir de ahí... jamás podría separarse.

Nuestros protagonistas organizaron encontrarse en un piso en especial, pero ninguno esperaba que eso fuera difícil. Al ser un día tan repleto de personas, los ascensores y escaleras se encontraban igual, pero nada de eso los detuvo, y aunque hayan tardado más de lo debido lograron llegar todos al punto de encuentro.

Cada uno salía de una escalera y ahí estaban, seis desconocidos viéndose los rostros y pensando en que diablos estaba ocurriendo.

La primera en hablar fue una morena de pelo largo con una cartera en su mano.

- ¿Quienes son ustedes? ¿Y que planean hacerme?

Uno volteó la mirada a la morena y tuvo un flashback con su rostro, como si la hubiera visto antes, pero al darse cuenta de como la estaba viendo retiro la mirada y se dispuso a contestar.

- Si esto es una broma, creo que debería aplaudirla.

Una de nuestras protagonistas a la que llamaremos 2 fue la primera en dar un paso hacia el medio del piso.

- ¡Por que demonios esto sería una broma! - llevo sus manos a su cabello con notoria frustración- ¿Acaso vieron las calles? ¡Quien mierda se tomaría la molestia de jugarnos una broma tan malvada!

- Oye, calmate niña

Nuestra nueva protagonista salió a la defensiva y se acerco a dos con pasos apresurados. En su mano llevaba un cigarro encendido y en la otra un estuche que parecia, a la vista de los demás, un violín.

- ¿Van a discutir ahora? 

- No te metas rubiesito -dijo la nueva echando el cigarro apagado al suelo.

Y aquí estamos de nuevo... Donde lo había dejado.

Pero creo que no adelantare nada más de lo que ocurrirá.

Así que aquí los dejo yo, dejemos que nuestros protagonistas escojan como contar la historia y como lo viven.

Gracias por leer a este humilde narrador.

Nos vemos al final.

Escala Al SolDonde viven las historias. Descúbrelo ahora