Y fue en el momento más inesperado y simple en el que me di cuenta de que amaba todo de él. Me di cuenta de que no era perfecto, que tenía manías y defectos. Pero había aprendido a querer esos defectos, a vivir con ellos. Que solo quería una pequeña eternidad a su lado. Que él también necesitaba que le cuidasen y atendieran. Y sinceramente no me importaba hacerlo aunque fuera solo un segundo.
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