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- Ya te he dicho que no era mi intención. ¿Acaso crees que querría quedarme más tiempo aquí en la calle papá?¿Volver a pasar toda la noche por ahí?

Juliana la miró con el ceño fruncido sentada en la valla mientras Valentina caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano.
Sin saber cómo, aquella mentira le había molestado, pero inmediatamente retiró ese pensamiento, pues era verdad que solo era una desconocida para ella.

- El próximo vuelo sale dentro de cinco días Valentina, ¿que se supone que vas a hacer hasta entonces?

- Papá, por favor tienes que devolverme mi dinero, no puedo estar aquí sin nada entiendes.

Su padre suspiró pesadamente al otro lado del teléfono, pensando sus próximas palabras.

- Está bien, pero ni se te ocurra volver a hacer esto Valentina, no eres ninguna universitaria con las hormonas revolucionadas por favor.

Miró a Juliana, mordiéndose la cara interna de la mejilla, observando la alentadora y preciosa sonrisa que le estaba dedicando en es momento.
Sin evitarlo le devolvió la sonrisa, olvidándose de su padre.

- Y por favor, habla con Lucho. Él está muy preocupado por ti.

— Oh no, aquí vamos otra vez— Valentina cerró los ojos al escuchar su nombre.

- No voy a hablar con él, y tampoco voy a hablar de mi relación contigo, eso no te incumbe.

- ¡Me incumbe tu futuro, hija!

- ¡Ah si!

La rubia paró de andar enfrente de Juliana, aunque sus ojos estaban fijos en la marea del fondo.

- ¡Acaso te incumbe mi felicidad entonces papá!

- No sigas por ahí Valentina...

- Es que estás obsesionado papá, entiende que no todo es el pinche dinero de una vez, cuando lo entiendas hablaré de mi relación contigo si hace falta.

Colgó, tirando el móvil una vez más a la arena rozando la cabeza de Juliana, la cuál hizo un movimiento extraño para que no impactase contra ella.

Llevó sus manos a la cara, intentado tapar los sollozos y la vergüenza de su cara.

Unos brazos la rodearon, haciéndola sentir cálida y protegida entre ellos.

- Ya, tranquila.

Subió y bajó su mano por la espalda de la más alta, mientras rozaba las puntas de su sedoso cabello con la otra.

- Estoy harta, siempre es igual con él.

Sollozo contra el cuello de Julaina, la cuál cerró los ojos para disfrutar la sensación, sintiéndose culpable.

- No pienses en eso, él no está aquí ahora mismo. Así que, ¿por qué no vamos a desayunar y te relajas un poco?

Ella asintió suavemente con la cabeza, separándose para mirarla.

- Eres un cielo.

Acarició su morena mejilla, causándole una tierna sonrisa.

- Recogemos tu teléfono y nos vamos. Y enserio, creo que tienes un serio problema con tirar las cosas.

Valentina se carcajeo, eliminando su último rastro de lágrimas mientras la morena recogía el teléfono.

- Wow, está como nuevo. Vas a tener que mandarme uno de estos desde Argentina.

- Ay cállate.

Golpeó suavemente su hombro, aún así riendo otra vez.

- Vamos, los bares van a estar llenos morrita.

Atreverse a olvidar - Juliantina Donde viven las historias. Descúbrelo ahora