❝Cualquier pecado, al final del día, lleva al castigo❞.
-Romina Caleruega.
➝ 『El único personaje que me pertenece es Romina Caleruega. La historia se desarrolla en base a la serie Élite de Netflix y las escenas agregadas fueron creadas por mí.』
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I.II — El mayor de los pecados
—¿Cómo crees?... obviamente nos la pasamos espectacular —escuché voces en el pasillo.
Era de mañana, así que supuse que Carla estaba hablando por teléfono con Polo. Me estiré con pereza hasta alcanzar mi móvil y me incorporé en la cama. Tenía varios mensajes de voz de Ander, una llamada perdida de Marina y una solicitud en Instagram de... Pekechristian007. Vaya, este chico sí que es rápido.
Sonreí y me levanté, yendo en dirección hacia el cuarto de mi hermana. Cuando entré, me topé con la sorpresa de que no estaba sola. Estaba con Lu.
—Buenos días —saludé.
—Buenos días, hermanita —Carla voltea hacia mí y sonríe, sujetando su celular. —¿Quieres unirte a nuestra conversación? —pregunta risueña y con un semblante travieso.
—A ver, ¿Qué se traen? —pregunto con burla mirando a Lu, sin embargo, a ella parece no causarle gracia mi interrupción.
—Estábamos hablando de los becados limosneros —finalmente habla, enarcando una ceja. Mierda, aquí vamos de nuevo.
—¿De lo mejor personas que son antes que nosotros? ¿De lo duro que trabajan para conseguir lo que quieren, cuando a nosotros nos lo dan todo en bandeja de plata? —me recargo en el marco de la puerta y la miro desafiante. Vamos, que, si ella quiere jugar, yo también jugaré.
—A ver, cariño —se levanta y camina hacia mí. —Ten claro que lo único que esos han de conseguir son problemas y enfermedades. Ellos no se esforzaron por conseguir la beca, Azucena se las regaló.
—Les cayó el techo de su instituto encima, Lu —digo sin creer su comportamiento.
Ella sonríe falsamente y toma un mechón de mi cabello. —Debieron de haber quedado allí.
Una ola de coraje me invadió por completo. ¿Cómo podía ser tan gilipollas?
Tal vez Lu podía ser dura y fría porque esa era su manera de defenderse y ocultar su sensibilidad, pero definitivamente esa no era mi mejor amiga y, darme cuenta de ello, me ponía por los suelos.
—Yo te aconsejaría que te alejaras de ellos, Ro —se da la vuelta y se sienta en donde estaba desde un inicio. —Si no quieres echarte a perder. Aunque bueno, dicen que a las moscas les encanta la fruta podrida.
—Lu, basta —le detiene Carla con seriedad. —Es mi hermana a quien le hablas —Lu rueda los ojos y la rubia voltea hacia mí con firmeza. Sin decir nada más, decido irme a alistar para largarme lo más pronto posible al colegio.
Después de realizar mi rutina de aseo completa, desayunar algo ligero y escuchar los mensajes de voz de Ander explicando que no podría pasar por mí porque no se sentía bien y llegaría a segunda hora, tomé mis llaves y me monté en mi coche.