❝Cualquier pecado, al final del día, lleva al castigo❞.
-Romina Caleruega.
➝ 『El único personaje que me pertenece es Romina Caleruega. La historia se desarrolla en base a la serie Élite de Netflix y las escenas agregadas fueron creadas por mí.』
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I.VIII — Jodidos / Bola de Nieve
Mis manos jugaban entre ellas, nerviosas, mientras mis dientes torturaban a mi labio inferior segundo con segundo.
Resulta que la vida, aun teniendo miles de millones de euros bajo tu posesión, era difícil.
¿Quién lo diría?
—Rominita, cariño... —me llama mi madre, sacándome de mis pensamientos. Mis padres me miran expectantes, mientras los ojos de Carla se muestran preocupados sobre mí.
—Intento contabilizar mentalmente todo lo que he comprado con cada centavo de ese sucio dinero que caía en mi cuenta cada semana... —empiezo a hablar, notando una reacción tensa por su parte. —Pero es imposible —bufo y Carla suspira.
Ella lo sabía.
Todos lo sabían, menos yo.
—Cariño, son negocios en los que he trabajado... —mi padre explica, pero yo le interrumpo.
—Ilegalmente.
—Ro —Carla me llama la atención, con su característica frialdad. —Si nuestros padres han hecho todo esto, es para que nosotras pudiéramos tener todo lo que tenemos ahora. Y si nunca te lo dijimos, fue para mantenerte a salvo —se cruza de brazos y asiento.
—Claro —suelto con ironía. —Pues podremos tener mucho dinero, pero la honra y "el reconocimiento" ... se nos ha caído veinte metros bajo tierra —me levanto de mi asiento y decido dejar la sala. La molestia no era lo que me consumía, pero sí la decepción, de cierto modo; y el que yo fuera la única que no estaba enterada de las sucias jugadas financieras de la familia.
—¡Romina, mi niña! —escucho a mis padres a lo lejos, pero justo antes de entrar a mi habitación, una mano delgada atrapa mi brazo, deteniéndome.
—¡Carla! —trato de zafarme, pero su agarre es fuerte.
—Nadie trataba de dañar a nadie, ¿vale? —su tono es suave. —Sé que todo cambia una vez que lo sabes, pero tú no. Tú no puedes hacerlo —su voz se quiebra y yo trago en seco. Carla muy pocas veces se mostraba vulnerable.
Después de unos segundos, me suelta y yo le abrazo.
—Eres lo que nos une, hermana —susurra. ¿A qué se refería? —Necesitamos encontrar esa memoria USB a toda costa, por nosotros —nos separamos y yo asiento.
—Vale.
[...]
Después de una noche algo dura con mis padres y hermana, nos enteramos de que no habíamos sido los únicos que la estaban pasando mal, pues justo ese mismo día habían arrestado al padre de Marina y Guzmán (socio de mi padre) por un presunto delito de malversación de fondos públicos, cohecho y negligencia criminal. Y vaya que la noticia nos ponía los pelos de punta, incluso aún más que antes.