El viernes amanece con más nervios de los habituales. De hecho, y casi por primera vez en mi vida, me despierto y me desvelo antes de que suene el despertador. Tengo más de media hora extra de margen antes de que venga Leo a darme la vara, y en un acto que dejaría a mi propia madre boquiabierta, salto de la cama y me meto en la ducha. No quiero volver a dormirme. Eso sí, decido no contárselo a nadie por si alguien aparte de mí misma comienza a plantearse mi salud mental.
Tengo una sensación en el pecho que se expande por mi brazo derecho hacia el dedo índice, donde está el anillo del Legado, de calor y expectativa, que hace que sepa que hoy no voy a tener que tomarme ningún café para estar activa. Lo que no significa que vaya a dejar de hacerlo, por supuesto. El café es sagrado.
Salgo de la ducha sintiéndome como si el agua hubiera jugado un papel clave en mi día.
«¿Eres capaz de hacerlo?» me pregunto a mí misma, con un pequeño nudo en la garganta «¿Eres capaz de cambiar la vida de alguien de esa manera?».
Sobre todo, me preocupa la perspectiva que tiene Leo sobre lo que va a pasar esta tarde. Las esperanzas tan ciegas y brutales que tiene puestas en el cambio, en transformarse en esa bestia, en recuperar su esencia dual. A decir verdad, pensar en ello me deja el corazón hecho trizas. Me aterra que cualquier cosa pueda salir mal, ¿y si no soy capaz? ¿Me considerarán inútil? ¿Me odiará Leo para siempre?
Tengo a una cantidad alucinante de personas pendiente de que pueda usar ese poder que nadie entiende para crear un ejército que les ayude a defender a toda la humanidad. Es más, si lo pienso bien, toda la humanidad depende de que yo sea capaz de llevar a cabo ese estúpido Ritual.
Toda la tranquilidad que me pudiera haber aportado la ducha se evapora mientras bajo las escaleras para hacerme el café. Casi espero encontrarme a Leo en la cocina, plantado como ya empieza a ser costumbre, pero puedo notar su esencia en su propia casa, al otro lado de la calle. Y lo agradezco, porque aunque sea una persona bastante sociable, también necesito mis momentos de intimidad y empiezo a echarlos mucho de menos.
No he tenido oportunidad de coincidir estos días con mi madre, y es algo que agradezco y me atormenta a un mismo tiempo. Lo agradezco porque sé que no tendría ni idea de qué responder a ninguna de las preguntas que seguro que tiene preparadas para mí. Y me atormenta porque, en el fondo, la echo de menos. Su presencia y sus ocasionales post-its me llenan de apoyo, y me siento un poco sola en el mundo cuando siento que no está. No es como si tuviera más familia... mis abuelos murieron antes de que yo naciera, en un accidente, y mi madre no tiene hermanos. Y ahora sé por qué, claro. Ella también es una mera excusa para perpetuar el Legado. El maldito Legado.
«Uy, ya empezamos a odiar todo esto un poquito». Chasqueo la lengua.
Noto cómo Leo se despierta en su casa, y deduzco que aún tengo un rato antes de que venga a tocarme las narices. Me imagino a mí misma convirtiéndole en un caniche sin querer mientras el café se filtra y cae en la taza. Cuando voy a dejar la cucharilla en el lavavajillas me doy cuenta de que está lleno y lo pongo a funcionar. Anoto mentalmente el vaciarlo cuando vuelva de clase, y ese simple gesto rutinario me ayuda a calmarme un tanto. A veces es necesario clavar los pies bien en el suelo para no salir volando.
Después de evaluar, sacando el brazo por la ventana, que aún hace bastante calor, subo a mi cuarto a lavarme los dientes y me visto con unos vaqueros y una camiseta de manga corta blanca, cubierta por una americana marrón claro. Suele ser mi uniforme cuando quiero verme bien, porque me lo regaló todo Cris por mi cumple del año pasado. Si no, no sería capaz de haber montado por mí misma un outfit tan bonito. Yo soy de las de camiseta de colores, vaquero y sudadera todo el año. Pero siento que hoy es un día importante, que necesito por lo menos intentar vestirme a la altura. Y siempre me pasa que si me visto bien, me siento bien.
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Invocadora [COMPLETA]
Teen Fiction[HISTORIA TERMINADA] Lara vive en Azor, un pequeño pueblo costero donde nunca pasa nada. La llegada de un nuevo y muy sexy profesor a la pequeña facultad en la que estudia con su amiga de toda la vida, Cris, lo pone todo patas arriba. Una enemistad...
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