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-Ay tahi, ve con cuidado ¿Si?.- Temo Tenía sus manos rodeando el cuello del rizado, mientras un tierno puchero se formaba en sus lao obios.

-No te preocupes amor, te llamaré cuando llegue a Ciudad de México.- El rizado tenía agarrado al castaño de la cintura

—Oigan, hay niños presentes.— Dijo el ojimiel, formando una divertida mueca.de asco. —Son muy cursis, a mi jamás me verán siendo cursi con alguien.—

—Ajá!, lo que tú digas.— Ari, con sarcasmo.

—Neta papá, jamás me verán tirando mucha miel con alguien.— Volvió a renegar el menor. —Ahora al auto, ve con cuidado.—

—A la orden capitán.— Bromeó, mientras llevaba su mano a su frente en saludo al estilo militar.

—Ay mira, me salió comediante.— Bromeó Daniel, siguiendole el juego a su papá.

—Daniel, deja de molestar a tu papá.— Regaño Temo, entre risas.

—Ta'bueno, pero separanse,— Daniel se metió en medió de sus padres. —¿Ya ven? Separados evitamos enfermedades.—

—Mira tú, ya casi cumples los 16 y todavía tienes tu sentido del humor.— Decía Temo mientras miraba a su hijo con una divertida mueca.

—Chi cheñol y ahora si permiten, me dio hambre, así me iré a preparar algo.— Rápidamente el ojimiel se alejó de sus padre.

Sin importar que, Daniel sigue siendo ese mismo niño con un buen humor,  pesar de recordar a la persona más importante.

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—El vuelo se adelantó x está misma noche regresamos a México.— Informó el padre de Sebastián.

—¿Enserio?.— Una sonrisa se formó en los labios del menor. —Por fín lograré buscar al chico misterioso de mis recuerdo. Una pregunta, ¿El chico es lindo?.—

—Eso lo tendrás que juzgar por ti mismo hermanito.— Contesto el hermano mayor del ojinegro.

—Tengo miedo, todo volvería a empezar desde cero.— Sebastián se mordia le labios inferior con nervios. —¿Y si nada vuelve hacer cómo antes?.

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—Oye papá, olvidé preguntar, ¿Para qué papá Ari fue a Ciudad de México?.— Daniel miraba con una ceja alzada a su padre.

—Fue por alguien, alguien que te ayudará a recuperar otros recuerdos.— Contestó.

Y algunos se preguntarán, ¿Daniel recuerda a Valeria? La respuesta es no, pero eso no impedirá que Valeria cumpla con su misión.

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Después de un largo viaje en auto desde Oaxaca a Ciudad de México, Aristóteles ya se encontraba afuera de la residencia de la familia de Valeria.

Tocó el timbre de la residencia, a los pocos minutos una linda adolescente rubia de ojos azules, abrió la puerta.

—Hola, Ari.

—Un gusto en volverte a ver, Valeria.

"Cuenta la leyenda que hay un hilo rojo que tenemos todos
Que aunque no podemos ver
Nos conecta a otro ser"

Operación Memoria ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora