Ruptura

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• Milo

Apenas comprobó que la única persona a la que realmente había extrañado no había ido a recibirlo, se odió. En vano había buscado con su mirada a lo largo y ancho del Coliseo, pues no estaba allí y quizás fuera su culpa que no lo estuviera. Luego de su conversación no habían vuelto a tener un nuevo acercamiento. La realidad es que no sólo la falta de tiempo lo había imposibilitado, también había sido su orgullo. Pues sí, éste había sido herido. Camus lo había lastimado con sus acciones y aunque él lo había perdonado, no había podido evitar necesitar cierto tiempo. Ahora que entendía las consecuencias de sus acciones, sin embargo, lamentaba haberlo hecho.

¿En qué había estado pensando? Camus estaba vivo, la sangre le corría por las venas, ¿qué más podía pedir? ¿Cuántas veces había rogado al cielo por verlo una vez más? Había llorado infinitas noches suplicando eso pasara y ahora que sus oraciones parecían haber sido escuchadas a él lo atacaba su absurdo orgullo. ¡Pero de qué diablos estaba hablando! ¿Acaso dos años en su ausencia no habían sido suficientes?

Pese a ello, no podía evitar sentirse un poco mal. Camus sabía perfectamente que todo aquello lo había lastimado, ni hablar del dolor que con su muerte se había visto obligado a atravesar. ¿En serio no iría a recibirlo, ni tan siquiera a saludarlo? Pero esperó inútilmente a que eso tuviera lugar.

Aún desilusionado, no se sentía capaz de ir en contra de los tiempos y sobretodo de los deseos del francés. No tenía la menor idea de lo que habían pasado él y los demás mientras estaban muertos, lo que sus almas habían tenido que soportar. Intentaba no juzgarlo, esa era la verdad. Después de todo.. Había pasado cierto tiempo y quizás.. Quizás ya nada sería lo mismo.

Esa última idea conseguía llenar sus ojos de lágrimas de sólo meditarla, pero tenía también que admitir que es la que más recurrentemente se le presentaba.

• Camus

Milo había vivido dos años más que él y era evidente que durante ese lapso de tiempo habían pasado cosas. Había sido un idiota por creer que éste aún lo amaría, que lo esperaría pese a saber que eso habría sido imposible. Su duelo no iba a ser eterno y eso estaba bien. Le dolía, le dolía muchísimo, pero no podía tomarlo como una traición. Él había muerto, que en ese momento se encontrara con vida era lo extraño, no que Milo rehiciera su vida. Por mucho que odiara que estuviera ocurriendo, aquello era lo más normal del mundo. Por supuesto que él seguía amándolo pero..

Al parecer su turno había acabado y ahora era a él a quien le tocaba transitar el duelo. Se le estrujaba el corazón cada que lo veía junto a Kanon, cosa que pasaba con frecuencia. Eran tan unidos como ellos en su pasado lo habían sido. Por fortuna, era un experto ocultando lo que sentía. Y por más que Milo fuera también muy bueno leyéndolo, él no se lo dejaría fácil. No sólo porque lo evitaba casi por completo, sino porque sabía también muy bien cómo desterrar de su cuerpo toda emoción que intentara ir contra sus deseos. Él no deseaba hacerle las cosas más difíciles al hombre que amaba, y si para eso debía sacrificar su corazón en el intento, lo haría sin peros.

• Kanon

Comprobar que Milo y Camus apenas si cruzaban palabra le daba esperanzas. Era obvio que su relación había terminado y poco le importaba la razón de que eso pasara. Con que no estuvieran juntos se conformaba. Por lo que veía el francés apenas si le dirigía la mirada. Milo, en cambio.. Se daba cuenta de que aún le era imposible ignorarlo. Más de una vez lo había agarrado desprevenido espiandolo, cosa que denotaba había sido Camus y no él quien había tomado la decisión de dejarlo. De sólo pensarlo consideraba al onceavo caballero un completo idiota, más se lo agradecía enormemente.

Al pensar de nuevo en el escorpiano, no obstante, las preguntas que inundaban su cabeza lo atacaban sin descanso. ¿Sentiría todavía algo por Camus? ¿Qué cosas? Y sobretodo, ¿podría amarlo a él cuando al fin lo haya olvidado?

- Tú deberías apoyarme. ¡Él es tu amigo pero yo soy tu hermano, Saga! - le reprochó al geminiano.

- Y justamente por eso te digo lo que te digo, Kanon.

- Eso no tiene sentido - arremetió verdaderamente molesto.

- Yo no voy a meterme en tu vida privada, has lo que quieras. Pero ten cuidado - le advirtió. - Porque el que lleva todas las de perder eres tú.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso no ves que ni siquiera se dirigen la palabra?

- Kanon.. - suspiró su hermano ya harto. - Tú no los has visto juntos nunca, puedo asegurarte que lo que esos dos tienen es.. No lo sé.. Algo que nunca vi en otra pareja. Y sobretodo en Milo.

- Camus ni siquiera le presta atención.

- No intentes descifrar a Camus porque vas muerto. Si yo fuera tú observaría a Milo. Después de todo.. ¿No es con él con quien deseas estar? Deja en paz a Camus, pues está claro que no te está estorbando en lo más mínimo.

Odiaba admitirlo pero su hermano tenía razón. Estaba claro que el acuariano no tenía el menor interés en interferir en su relación con el griego. Por el contrario, apenas les prestaba atención cuando los veía juntos, algo que pasaba muy seguido. Lejos de leer en su semblante molestia alguna, éste enseñaba una completa indiferencia.

• Milo

Resultaba increíble como se habían dado las cosas. Cuántas veces había llorado por su pérdida, cuántas veces había reprochado a los dioses que se lo hubiesen arrebatado. Se le rompía el corazón cada vez que veía a Camus pues no era a él a quien le hablaba, a quien miraba, a quien le sonreía. No diría que lo ignoraba pero claramente no tenía intenciones de volver a estar con él. Le habría encantado decirle todo lo que llegaba a su mente al verlo pero.. ¿Para qué? Conocía al francés como la palma de su mano y en sus ojos no había vuelto a ver ni una sola pizca de amor.

- Oye, Milo.. - interrumpió sus pensamientos el geminiano.

De inmediato le quitó los ojos de encima a Camus que, acompañado por Saga, atravesaba el Coliseo con suma tranquilidad. ¿La verdad? Podría haberse muerto de envidia justo allí.

- ¿Sí? - procuró disimular.

- ¿Es cierto que él y tú..?

- Así que ya te has enterado.. - lo interrumpió. Debió ser muy obvio que se la pasaba viéndolo cada que podía.

- Entonces es cierto.

- Lo es - confirmó.

- ¿Fue.. Algo serio?

- Más que sólo serio - dibujó una triste sonrisa al contestar. Le hacía cierta gracia que alguien sopesara la idea de poder tener algo informal con su ex novio. Era evidente que Kanon no se había molestado ni un poco en conocer a Camus. - Él y yo.. - intentó continuar. Pesadas, podía sentir cómo poco a poco las lágrimas le empañaban la vista. - Compartimos una historia demasiado hermosa.

- ¿Te molesta si pregunto qué es lo que te enamoró de él? Es que los veo tan diferentes, Milo..

Aquella pregunta lo tomó por sorpresa, ya que jamás se la habría esperado. ¿Que qué lo había enamorado de Camus? Podría haber respondido durante todo el día y aún así el tiempo no le habría alcanzado, por lo que eligió contestar lo único que sabría Kanon no podría rebatir. No quería hablar sobre aquello con nadie, pero menos aún con alguien que juzgara tanto a la persona que amaba.

- De él me enamoró todo eso que tú no eres capaz de ver, Kanon - dijo al fin, sin darle opción al geminiano a repreguntas.

Notó cierto pudor en su amigo ante su respuesta, pero no se arrepintió de ella. No estaba enojado con él, la verdad estaba acostumbrado al preconcepto que se tenía del acuariano, pero tampoco le gustaba que a viva voz se lo juzgara y sobretodo frente a él.

- Lo siento - se disculpó. - Sólo fue curiosidad, Milo. Perdóname.

- Descuida - murmuró.

- ¿Tan mal acabaron, entonces?

- No me harás explicártelo, ¿verdad?

La respuesta estaba a la vista. Camus acababa de pasar por allí y no se había detenido a verlo ni por un segundo.

Resurgir (MiloxCamus)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora