~4~ Se aproxima tormenta

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🔹 Blair 🔹

Pago la hermosa canasta de flores, y entro al cementerio.

Camino entre las pálidas lapidas, y algunas más decoradas que otras.
Me detengo frente a una de mármol blanco, con algunos toques de rosa.

Hago una mueca observando el escrito en ella.

Mía Antonette Spencer Loon.
2000 - 2020

Limpio algunas hojas secas que habían volado hasta acá, y sonrío al ver los regalos.
Unas flores hechas a mano que de seguro son de Summer, un peluche de osito que era de Kylie, y un pequeño collage de fotos en un marco blanco que debió haberlo hecho Sky.

Dejo la canasta de flores junto al osito y me siento como indio en el cesped verde, junto a la lápida de mi amiga.

—Wow, Mía... Ya van exactamente 24 días desde que ya no estás —suelto un suspiro mirando el horizonte— Las cosas han sido algo complicadas desde que ya no estás. Kylie no muestra aquella emoción por todo que tanto la caracteriza, Summer se complica con cosas tan sencillas, y Sky se irrita con facilidad por todo. Y que hablar de mi —aprieto mis labios para evitar llorar— Te extraño Mía, te extrañamos mucho —vuelvo mi vista a su nombre— Extraño el cómo nos reíamos por cualquier tontera, tus abrazos inesperados, esa sonrisa radiante, y esas palabras de apoyo constante en todos los momentos malos. Tú eras tan positividad en nuestras vidas... Nos alegrabas siempre con tus ocurrencias, tus enormes carcajadas deformes, tus horribles cantos, tu... todo de ti, Mía —sonrío triste, mordiendo mi labio— Tú eras un ángel en tierra, amiga. Y ahora lo eres en el cielo.

Me quedo ahí un rato para calmarme un poco, y me levanto limpiando mi jeans para seguir mi recorrido aquí.

Logro visualizar en el camino a uno de los trabajadores del cementerio, quien caminaba hacia mi dirección abrazando tres jarrones largos de vidrio. Lo observo curiosa, ya que nunca había visto antes eso por aquí. Deben ser parte de las remodelaciones que están haciendo en la entrada.

Justo estando a centímetros de mí, pierde el equilibrio haciendo caer los jarrones, quebrándose al chocar en algunas lapidas de nuestro alrededor.

Iba a ayudarlo a recoger los vidrios, pero siento arder pierna. Miro, y noto como algo brilla un poco más arriba de mi tobillo, en el espacio que dejaba a la vista el pantalón.

Quito con cuidado el trozo incrustado, y presiono con mi mano, para luego limpiar un poco la sangre con un pañuelo desechable.

—Lo siento tanto... —se disculpa el hombre— ¿Está bien? —se agacha un poco para ver mi herida.

—Sí, sí. Solo fue algo superficial —le regalo una sonrisa para que no se preocupe— Permiso —paso por su lado y sigo mi camino.

Me detengo frente a la otra lápida y siento una punzada en el pecho al ver lo descuidada que estaba.
Era de esperarlo, después de todo, a su familia nunca le interesó.

Suelto un suspiro y me agacho para limpiar las hojas, flores secas, y soplar el polvo sobre el grabado.

Travis Johanson Mclean Duss
1998 - 2018

Dejo el ramo de flores en un pequeño jarrón que había junto a su foto, y me siento como indio frente a él.

—Creo que la vida no me quiere mucho, eh... —suelto una risa sarcástica— Pero bueno —me pongo de pie— Creo que no tengo mucho más que decir. Solo que sepas que siempre te recuerdo, y que a pesar de todo, siempre te querré —me imagino sus brazos alrededor de mí una vez más, y le regalo una sonrisa antes de irme a casa.

ARCANOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora